Universo contraído.

Hace unos días se anunciaba oficialmente que lo que se ha dado en llamar Universo expandido de Star Wars queda apartado del canon de la franquicia, o lo que es lo mismo, que las próximas películas que producirá Disney no lo tendrán en cuenta: todo lo contado en casi cuarenta años de historias quedará ahora reducido y simplificado a las dos trilogía cinematográficas y una serie de animación. En la nota oficial aparecida en la web de la saga se detalla todo el movimiento.

Yo no soy fan de Star Wars más allá de disfrutar mucho con la primera trilogía y considerarlas excelentes películas de aventuras y fantasía, especialmente El imperio contraataca, que me parece magnífica por su ritmo y su sentido de la épica. Y no olvidemos que en estas películas salen muppets, y nada con muppets puede ser demasiado malo. Pero cuando hablamos de Star Wars considerarse fan es otra cosa, en otro nivel. Y es ahí donde entramos en conceptos que los fans manejan con naturalidad pero que a los de fuera les resbalan o no alcanzan a comprender, como el tan traído y llevado Universo expandido, que incluso se ha acabado empleando para muchas otras franquicias y sus productos derivados, productos que, de no contar con un sello oficial, habríamos calificado de explotation.

El caso es que a partir de ahora todo lo que se ha contado durante décadas de novelas, cómics, películas, series, videojuegos y juegos de rol no ha sucedido nunca. Vamos, entendedme, no es que antes hubieran sucedido, pero en el mundo de ficción eran reales, eran parte de su historia y configuraban una (monumental) cronología que los fans podían ir completando. Ahora Disney-Lucas han cambiado eso, aunque por supuesto se han apresurado a informar de que todos esos productos seguirán disponibles, pero bajo un nuevo sello, Legends. Ya, dirá el fan, pero no es lo mismo. No es lo mismo. ¿Por qué no lo es? Las novelas, juegos, cómics, etcétera que consumieron y disfrutaron siguen ahí, intactas, y se reeditarán las veces que haga falta a demanda del mercado. Pero el pequeño detalle que ha cambiado en realidad lo significa todo.

Hablamos, por supuesto, de la continuidad. Voy a suponer que no hace falta explicar, en este blog, qué es. Puede ser una poderosa herramienta narrativa, y de hecho sobre ella se han edificado algunos de los mundos de ficción más impresionantes de nuestro tiempo, como el universo Marvel. La continuidad trata sobre la serialidad, claro, pero también sobre la coherencia y la cohesión, que son, al final, las que proporcionan la clave de todo: la verosimilitud. Las reglas de la continuidad proporcionan la ilusión de realidad que permite un grado de identificación que va más allá de una obra concreta y abre la puerta al fenómeno fan, que necesita, por definición ser permanentemente alimentado. Porque el fan quiere saber, ante todo. Y así es como se corre el riesgo de que la continuidad trastoque la escala de valores artísticos y acabe por situarse en primer plano. Lo cual no es en sí mismo ni malo ni bueno, aclaro, simplemente es algo a tener en cuenta a la hora de aplicar un marco de crítica. Llega un punto en el que el valor de determinadas obras no está en su calidad, sino en explicar algo que no se había explicado antes de un determinado mundo de ficción, desvelar un secreto o rellenar un hueco en su gran historia. No importa que la historia sea buena, sino que aporte algo a esa construcción. O mejor dicho: la historia buena, en este paradigma, es la que explica algo. En los cómics de superhéroes tenemos centenares de ejemplos de cómics recordados por los fans que, sinceramente, no son gran cosa, pero cuentan algo capital para el universo que los alberga. Crisis en las tierras infinitas (Wolfman y Pérez, 1985) es un gran ejemplo, a mi entender, o la etapa en Los Vengadores de Kurt Busiek con el mismo George Pérez a finales de los noventa (que me gusta, ojo, pero que me gusta por lo que me gusta).

La cuestión entonces es que hay determinadas obras que son, básicamente, continuidad, y ése es su valor principal. No voy a entrar a analizar el material de la franquicia de Star Wars, porque apenas lo conozco más allá de algún tebeo, las series de animación de los ochenta y las películas de los ewoks, pero creo que se puede aventurar que nada de eso pasará a la historia de sus respectivos medios por sus cualidades artísticas. Pero sí pasarán a la historia de la cultura popular o la ficción contemporánea por su conjunto, y ésa es la madre del cordero. Si a productos así les quitamos la continuidad, y es lo que acaba de hacer Disney, se produce un desarraigo en los consumidores. Les estaban contando la verdad, y ahora resulta que no, que todo, de pronto, es mentira. Ese desarraigo puede sustituirse con la calidad de la obra, pero ya he dicho que no creo que sea el caso. Tal o cual novela de Star Wars podrá ser entretenida, pero desde luego su valor principal no está ahí sino en que cuenta la infancia de X, los años perdidos de Y, o el destino final de Z. Ahora todo eso es papel mojado.

Lucas ha vendido durante treinta años, básicamente, continuidad. Y ahora, como un demiurgo caprichoso, la anula con un simple gesto de su mano. Bueno, de la mano enguantada de Mickey Mouse. Y lo que queda es una colección de productos derivados que tienen el mismo valor que un puñado de fanfics. Ya no valen nada, porque si su propietarios los leyeran, en su fuero interno sabrían que lo que cuentan no es cierto. Así que por una vez y sin que sirva de precedente entiendo a los fans cabreados y defraudados. Star Wars no ha sido un fenómeno espontáneo, o no del todo: ha sido (sobre) alimentado interesadamente con toneladas de material que buscaba sangrar los bolsillos de unos fans que, además, compraron religiosamente —y la palabra en ocasiones es literal— una decena de reediciones, remasterizaciones y versiones extendidas de la trilogía original. De la misma forma que critico la apropiación que a veces hace el fandom de obras que son de todos —y el de Star Wars es un buen ejemplo de esto—, la verdad es que el famoso Universo expandido, sí es suyo, al menos hoy en día, momento en que supongo —igual equivocadamente— que las ventas de todo ese material está muy lejos de los millones de espectadores que tuvo la segunda trilogía o los que tendrá, seguro, la nueva.

Por otro lado, tampoco voy a decir que no entienda la postura de Disney / Lucas. ¿Qué otra cosa podían hacer? ¿Qué cuentas cuando ya se ha contado TODO en alguna obra? Adaptar ese material es la única opción, pero no hablamos de un par de cosas, como podía haber cuando se publicó la novela de Sombras del Imperio; es un maremágnum inabarcable de personajes, situaciones y hechos, con sus propias contradicciones y errores de continuidad —no lo sé, pero por pura acumulación creo que es lo más probable—. Es material además desfasado, producido en épocas muy diferentes a la actual y pensado para un público que no tiene nada que ver con el que ahora irá a ver las nuevas películas. Ese público también tiene derecho a tener su propio Star Wars, y no el Star Wars de la generación anterior; ni siquiera eso: el Star Wars de hoy que fabricó ayer la maquinaria de George Lucas. También entiendo la decepción en aquellos que esperaban ver adaptado todo eso en las nuevas películas, los que esperaban que se contara ahí lo mismo que ya sabían, toda la historia de Mara Jade, los gemelos de Leila y Han y demás truculencias. Y no deja de ser interesante desde un punto de vista, digamos, sociológico, la postura de quienes prefieren la coherencia, la continuidad, y que les cuenten lo que ya saben a la sorpresa y la emoción que supone ir al cine sin saber qué vas a encontrarte, algo que por otra parte cada vez es más difícil en el mundo actual. No deja de ser lo mismo que preferir la continuidad a la calidad intrínseca, que es lo que en su momento llevaba a algún fan de los X-Men a preferir a Scott Lobdell a Grant Morrison. Y ya digo, lo puedo entender, porque en el fondo ese es el modelo que los propietarios de los juguetes han potenciado.

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2 thoughts on “Universo contraído.

  1. Coincido contigo. Pero, a fin de cuentas, ¿qué esperábamos? Disney no se iba a conformar con adaptaciones de material preexistente. Y con los fans, dicho mal y pronto, han tomado la decisión “que les den”.
    con los universos expandidos tienes la suerte de que convertidos en historias alternativas ganan mucha más fuerza: el público puede manejarlos a voluntad y hacerlos crecer hasta niveles insospechados. Ahora los fans estarán que trinan con este cambio, pero seguro que harán cola en el cine y desembolsarán por el nuevo canon “oficial” en forma de series y libros. Y lo mejor es que eso no invalida al canon ahora “desechado”: ahora se les abren varias alternativas, y como consumidores pueden “usar” el producto como les venga en gana, renunciando a los cánones que no les interesen y aceptando los que sí. Resulta que invalidando toda una vía se están validando esta y todas las que estén por venir. No olvidemos tampoco que el canon no oficial siempre ha sido “fanfic”, y que su falta de coherencia lo convertía en un auténtico lío. En el fondo, nada ha cambiado. Porque Disney diga ahora que un canon no es oficial no significa que deje de serlo en la mente de los fans.
    Mercantilmente, eso sí, la jugada es maestra: el material antiguo seguirá vendiéndose, y el nuevo romperá taquillas. Disney siempre gana.

    Un saludo 😉

    1. Tienes mucha razón en lo que dices, pero la verdad es que yo siempre he tenido la sensación de que el hecho de que no fuesen “canon” (lo dicen en la nota de prensa también, recuerdan que canon sólo son las películas de Lucas) lo decían con la boca muy pequeña, porque lo que interesaba era vender ese material como oficial y “verdadero”. No lo incluí en el texto, pero iba a decir que esto me recuerda un poco a lo de Han Solo y el bicho verde, y la polémica sobre quién disparó primero: no sólo lo cambia, sino que asegura que siempre fue así, que es peor.

      Gracias por tu comentario y un saludo.

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