Sandía para cenar, de Javi de Castro.

A estas alturas todavía tengo que escribir sobre varios cómics que compré durante el pasado Graf, lo cual tampoco tiene nada de malo, claro, pero no puedo evitar cierta sensación de urgencia, porque aquí siguen todos, en su pila de reseñas pendientes, mirándome día tras días. Así que voy a ir dando salida en los próximos días a muchas de ellas, aunque sea con textos más breves de lo que merecerían.

sandia para cenar

Quiero empezar con un cómic editado por la Asociación Thermozero obra de Javi de Castro: Sandía para cenar. De Castro es uno de los jóvenes autores con más proyección del momento, y de él siempre sorprende el afán experimentador que tiene y la audacia para intentar cosas nuevas y jugársela. Por eso tenía muchas ganas de ver su primer trabajo largo, que en ese sentido colma las expectativas: hay mucho trabajo, un estilo gráfico definido —quizás hasta demasiado definido, demasiado pronto— que trota entre la línea clara y el aire indie americano. Como la cosa va de sandías, se emplea sólo el verde en combinación con el blanco y negro, casi siempre con buenos resultados ambientales. Los recursos gráficos de de Castro demuestran un dominio notable del medio, aunque, como en otros trabajos suyos, me queda cierta impresión de que le falta medirlos, saber cuándo y dónde usarlos. Aunque hay que decir que lo sabe casi siempre, y de hecho creo que aquí ese aspecto está más controlado que en Agustín —que por cierto no sé si en realidad es anterior; dada la extensión de Sandía para cenar bien podría ser éste el primero en empezar a ser dibujado—, pero todavía me encuentro con alguna página que me parece, digamos, algo desproporcionada en su virtuosismo formal.

No es el caso, por ejemplo, de una fantástica en la que el protagonista charla con su exnovia, con un montón de pequeñas viñetas de detalles del cuerpo de ella esparcidas por la página para decir todo lo que hace falta del momento y de lo que está pensando él. Hay más, pero tampoco se trata de desmenuzar aquí el tebeo: diré a modo de balance que Sandía para cenar alterna dianas muy certeras con fallos por los pelos, debidos al afán de de Castro por superarse y no caer en la rutina. Y yo tengo que decir que prefiero esta montaña rusa al aburrido caminito plano que suele ser un cómic contado sin riesgos, con plantillas clásicas y sin complicarse la vida.

Más allá de esto, Sandía para cenar cuenta una historia de una manera relativamente convencional, en realidad, al menos al principio. Rubén es un veinteañero recién emancipado y al que le regalan una sandía que, de buenas a primeras, empieza a mutar en humanoide, algo que se acepta con naturalidad de realismo mágico y se convierte en el desencadenante de una crisis vital para Rubén. Es una premisa interesante que esconde metáforas a veces bien traídas, otras un pelo obvias, pero que mantienen siempre ese interés hasta el final, a lo cual ayuda no sólo el despliegue gráfico, sino también la habilidad de de Castro para el costumbrismo y el diálogo fresco, al menos la mayor parte del tiempo. De nuevo se echa en falta más regularidad, un hilazón más contundente de las ideas que se ponen sobre la mesa, especialmente hacia el final, donde la decisión del protagonista —que no desvelaré— no se termina de entender. Tampoco es que yo necesite entenderlo todo de lo que leo, ni mucho menos, lo que pasa es que el relato me lleva a ese estado de ánimo en su primera mitad, donde es más clásico de lo que parece.

En esa tensión entre hacer una historia como mandan los cánones y dejarse llevar sin restricciones va a estar la clave de la futura evolución de Javi de Castro: caiga del lado que caiga, estoy convencido de que va a ser interesante, porque talento le sobra. Sandía para cenar tiene un gran mérito y en realidad todo lo que he dicho de ella es lo normal en la obra de juventud que es. No hay, seguramente, muchos autores que siendo tan ambiciosos consigan resultados tan interesantes a esa edad y con tan poca experiencia detrás, aunque de Castro en internet no para quieto un momento, y de hecho, la forma que tiene de aprovechar ese medio es uno de sus puntos fuertes: valga de ejemplo Everybody.

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