23 fotogramas por segundo, de Albert Monteys.

23_fotogramas_por_segundo___Portada

Que Albert Monteys realice su trabajo mayoritariamente en formatos breves como el chiste de una viñeta, la tira o la página creo que le ha podido restar presencia o cuerpo a la hora de analizar el panorama actual del cómic español, y me da un poco de rabia, porque calidad le sobra para ser tenido en cuenta. Tal vez lo difícil que es a veces acceder a su material, tanto a lo publicado en El Jueves como a otras cosillas que hace por ahí, afecte en esto, no lo sé. Pero de cualquier manera me hace pensar que la recopilación de todo eso, tanto en el caso de Monteys como en otros, no es la labor menos importante que puede desempeñar ¡Caramba!

Ya se recopilaron los chistes de Paco Alcázar para Cinemanía, y ahora llegan las tiras que Monteys realizó hace un par de años para El 50, el diario del Festival Internacional de Cine de Gijón. El enfoque de ambos se parece en parte porque el destinatario de los chistes es similar, intuyo: público general aficionado al cine, de edades y referentes muy variados. Pero más allá de esto Monteys pretende ser más universal que Alcázar, y apenas hay referencias a actores, directores o películas concretas. También parece querer que sus chistes sean más metarreferenciales, y mezcla constantemente chistes de dentro de las películas con chistes de fuera, de todo lo que rodea al producto final, los motivos espúreos detrás de lo que vemos en la pantalla. El cine de todo pelaje, pero especialmente el que se hace con cantidades blasfemas de pasta en Hollywood, es reducido al absurdo a través de chistes cortos agrupados por categorías: tópicos del cien internacional, personajes recurrentes, escenas típicas… Por supuesto, es una parodia exagerada de la realidad, pero como las buenas parodias está lo suficientemente cerca de la verdad como para inquietarnos entre risa y risa.

Porque uno se ríe mucho leyendo 23 fotogramas por segundo, que es en el fondo lo más importante. Bueno, en realidad, Monteys es uno de esos pocos dibujantes dotados con un dibujo intrínsecamente gracioso: es ver uno de sus muñecos con la boca abierta y la mirada de besugo y descojonarme, y así todo es más fácil después para colar el chiste, incluso aunque a veces sean de ese género en sí mismo que es el chiste malo, que siempre he defendido que bien contado puede ser el mejor de los chistes.

La acumulación de viñetas en páginas y de éstas en un tebeo genera un cuadro muy completo del cine no tanto como arte, o no sólo, sino también como fenómeno social. Cuando se acaba, con esos fantásticos títulos de crédito, la conclusión a la que uno llega es que esto del cine es un cachondeo y nadie se lo toma demasiado en serio. Y sin embargo también se aprecia amor por el medio, y una comprensión de sus mecanismos que no llega sin un interés genuino. Monteys ataca desde el cariño, pero eso no impide que sea menos lacerante.

Para ir cerrando tocaría destacar las páginas que más me han gustado, pero eso sería tan típico como el soldado enseñando la foto de su mujer y su hijo en el frente que aparece en una. Aunque, bueno, qué coño, sigamos el espíritu del tebeo y recurramos al tópico sin rubor: las páginas del trailer personificado me parecen fantásticas y las más imaginativas, pero quizás con las que más me he reído es con las de los críticos. Hala, ya hemos cumplido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s