El guión, el dibujo y el método Marvel (y Daredevil de Ann Nocenti)

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Acabo de terminar de leer el tomazo que editó Panini el año pasado recopilando los primeros números del Daredevil de Ann Nocenti, Zona Cero. Terminarlo me ha llevado cierto tiempo porque el tomo es bastante voluminoso —incluye catorce cómics— pero también porque en muchas historias la lectura me ha costado y me dejaba con más ganas de descansar que de leer la siguiente. Me gusta mucho Daredevil a partir de la etapa de Frank Miller y me suele entretener, como mínimo, cualquier cómic del personaje, y además me gusta en general Nocenti y en particular disfruté mucho los dos tomos con material posterior a éste, con John Romita Jr. Por eso me doy cuenta de que los problemas que veo aquí son otros, y me parece interesante analizarlos.

Primero digamos lo obvio: el marrón de continuar Daredevil tras «Born Again», que es no sólo la mejor historia del personaje sino, en mi opinión, la mejor historia que ha publicado Marvel —y quizás lo mejor de Miller—, no es pequeño. Es enorme, de hecho, y sólo por asumir la tarea Nocenti ya merece un respeto. En «Born Again» Miller y Mazzucchelli destrozan la vida de Matt Murdock sin compasión, pero también cuentan cómo vuelve a levantarse, cómo «resucita» a una nueva vida. Una vida sin la abogacía, con una rehabilitada Karen Page, una vida que, aparentemente, también podría estar libre de Daredevil. Punto final perfecto, punto y seguido nefasto. En la etapa de Nocenti la relación amorosa con Karen es tan sosa y falta de interés como cabría esperar, y un Matt Murdock equilibrado es… aburrido. Toda esta etapa, que cubre nada menos que dos años de publicación de la serie, da la sensación de ser un interinato extraño a veces; en otras ocasiones parece que Nocenti está intentando por todos los medios buscar su propio statu quo, librarse de la sombra de Miller y generar su propia plantilla de personajes secundarios. Ben Urich, por ejemplo, apenas aparece. Kingpin está en la sombra en algunos momentos, pero sólo sale a la palestra en los últimos tebeos. Murdock no para de dar bandazos: primero no quiere ni hablar de ejercer de nuevo, luego sí, luego no… No quiere tener nada que ver con la asesoría que monta Karen Page para ayudar a la gente sin recursos de la Cocina del infierno, luego sí… Los secundarios, en general, no están desarrollados de una manera coherente o al menos adecuada para que nos importen o hagan evolucionar al protagonista. Los temas que se tratan son lo que entonces  —y posiblemente ahora— se entendían en el género como «comprometidos»: política, ecología, drogas, pobreza … Es algo que siempre se asocia a la etapa de Nocenti en la serie, y está ahí, desde luego, pero tampoco creo que haya que sobredimensionarlo, sinceramente. El tratamiento de muchos temas es bastante superficial e incluso simplista, aunque esto, en  realidad, era la norma en el cómic comercial de los ochenta, y que se exagere con ello creo que tiene que ver más con la actitud de los fans y de algunos críticos que con la intención de la propia Ann Nocenti. Pero más allá de eso, en varias ocasiones, por ejemplo en lo que respecta a la organización ecologista y la multinacional Kelco —la trama más larga del tomo— se aprecia muy bien que pese a la valentía de tratar determinados temas también hay una preocupación excesiva por ser objetiva y mantener una actitud equidistante que puede llegar a ser tibia, directamente. Se critican el extremismo y los métodos violentos pero pocas veces se llega al meollo de los asuntos, a las causas profundas de los problemas sociales: digamos que son cómics anticorrupción pero prosistema. El gobierno no es malo: los malos son determinados funcionarios y cargos corruptos. Todo esto —que es justo decir que va mejorando con el tiempo— no impide que la visión de la guionista sea de izquierdas. Pero una izquierda moderada, dentro del sistema ideológico americano, que empuja a la marginalidad cualquier cosa más a la izquierda que la socialdemocracia y que, desde luego, ni tuvo ni tiene cabida en un cómic de Marvel.

Mención aparte creo que merecen las mujeres que escribe Nocenti. También es algo que irá mejorando en los números siguientes, pero en éstos son sorprendentemente anodinas frente a Matt, que, paradojas, se muestra tremendamente seguro, él que duda tanto, cuando tiene que adoptar el papel de macho alfa. Karen Page es flojita, casi volátil. Depende de Murdock para estar equilibrada de una forma que me molesta y, al final, hace al personaje antipático, salvo que sea eso lo que esperas de un personaje femenino de un cómic de superhéroes. Pero todavía es más sorprendente la Viuda Negra que escribe en estos números, que resulta casi inverosímil: toda una espía rusa curtida en las cloacas del estado soviético traumatizada por la violencia y la muerte, debilitada como heroína y como persona, que necesita de la guía inflexible de Daredevil, que la dirige paso a paso con autoridad en «El hombre reverso» para que recupere la confianza. Es desconcertante.

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Hasta aquí lo que entiendo que es responsabilidad de Nocenti, al menos en un amplio porcentaje. Pero hay otra cuestión aquí que me ha hecho reflexionar acerca de cómo funcionaba la industria y cómo el método de trabajo determina de manera decisiva el resultado. Decía antes que estos dos años parecen un interinato. Y sobre todo lo decía porque la cantidad de dibujantes que pasan por la serie en ese tiempo no admite comparación con ninguna otra de los ochenta. Directamente no hay dibujante fijo, casi parece la serie una sucesión de fill-ins, obra de jóvenes dibujantes pero también antiguas estrellas: de un irreconocible Todd McFarlane a un Steve Ditko de vuelta en la editorial y realizando trabajos muy menores. Pero la cuestión no es que los dibujantes no hagan un buen trabajo: Rick Leonardi, Louis Williams o Barry Windsor-Smith lo hacen muy bien. El problema es el baile y todo lo que conlleva. Realmente no sé si el fan medio es consciente de lo complicado que puede ser hacer un buen cómic al mes si el equipo creativo no funciona con cierta complicidad. Y aquí es lo que se aprecia. Da igual la ambición que tenga Nocenti: al final su guión será dibujado y plasmado en el producto final por un dibujante que acaba de llegar y que no estará al mes siguiente, y con el que supongo que el contacto era mínimo. ¿Sabría siquiera quién iba a dibujar su guión del mes siguiente en todos los casos? Ignoro si Nocenti seguía el método Marvel, pero si era así eso no haría sino aumentar el problema. Porque el método Marvel sólo puede dar frutos interesantes desde el entendimiento y la complicidad, o desde, no sé cómo llamarlo: la anomalía cósmica del Amazing Spider-Man de Stan Lee y Steve Ditko, que a partir de determinado momento ni se hablaban. Posiblemente por faltar esa complicidad y confianza Ann Nocenti se excede en los diálogos y en los textos de apoyo, sobreexplica todo, repite información, cae en el sermón… Daredevil piensa demasiado y piensa de una manera convencional, como piensan los personajes en los tebeos clásicos: para que les escuche el lector. Son el equivalente al aparte teatral. Y es la manera de dotar de matices y profundidad al trabajo visual que realiza un dibujante que, como no tiene un guión detallado que le informe de verdad de qué siente y piensa el personaje en cada escena, tiene que recurrir a poses y expresiones de repertorio para que luego la guionista complete el cuadro con sus textos. Hay ciertas cosas que pueden hacerse así, desde luego, pero hay un punto de complejidad y eficacia narrativa que simplemente pienso que no puede alcanzarse trabajando de manera tan aislada. Y por eso la mayoría de historias que incluye este tomo pueden resultar morosas en su ritmo y algo fatigosas.

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Pero es llegar Romita Jr. y todo empieza a cambiar. El resultado es mejor no sólo porque Romita sea un dibujante excepcional y además estuviera en su mejor momento, por supuesto, sino también porque, al fin, hay un equipo creativo que merezca tal nombre. Hay otra manera de componer la página y la secuencia, y la acción ya no tiene que ser tan convencional para que los textos luego encajen sin problemas. Los planos de las escenas de conversaciones son también menos rutinarios, y empiezan a tener cabida ciertos experimentos visuales que antes eran impensables. El volumen de texto va menguando de forma progresiva pero muy significativa, seguramente, pienso yo, porque Nocenti se daba cuenta de que ya no era tan necesario. Ahora las historias son más fluídas y mejores, y tienen más carga simbólica. ¿Sería posible el protagonismo ominoso de Kingpin sin que Romita lo dotara de esa presencia monolítica tan acojonante?

Cuanta más distancia se interponga entre dos elementos que en realidad son un todo indivisible, por mucho que la gran industria nos haya intentado convencer de lo contrario, peor será el resultado. En líneas generales; por supuesto que hay excepciones. Pero todo tiende a ser más orgánico y más cohesionado si el dibujante no funciona como un mero ilustrador de un relato breve —que es lo que se entendía por «argumento» en la mayoría de los casos— a cuyo trabajo le añade textos de apoyo y bocadillos el autor de dicho relato. ¿Era peor guionista Nocenti tres meses antes de la incorporación de Romita Jr. al título, o hacía peor su trabajo o con menos ganas? Yo creo que no. Simplemente las condiciones no la ayudaban en absoluto.

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10 thoughts on “El guión, el dibujo y el método Marvel (y Daredevil de Ann Nocenti)

  1. Es sencillo, es el Daredevil de Romita sobre guión de Nocenti. Al principio tienes dos números de Barry Smith sobre guión de Nocenti, luego a Williams etc. En el último tomo acaba la etapa de Romita y tienes el DD de Weeks, Dwyer y otros sobre guión de Nocenti.

  2. Es una cuestion de sinergia y agendas, sin duda.

    Uno de los mejores ejemplos de la época es Uncanny X-Men de Claremont y la enorme diferencia entre sus etapas con Byrne, Cockrum, Smith, Romita JR o Silvestri. Es el mismo autor, pero obviamente se adapta a las particularidades de cada dibujante porque no narran igual, determinados contextos les vienen pequeños o grandes y el inglés procura llevarles a un hábitat donde ambos puedan coexistir y seguir produciendo buenos tebeos.
    Aquí hay fill-ins que mantienen el tipo como los de Alan Davis, Barry Smith y Rick Leonardi, que nunca dan la sensación de romper la colección o llevarla un paso hacia atrás, bien integrados y donde esa sinergia con el guionista se mantiene intacta.

    Otro buen ejemplo de la época sería el fill-in de Mazuchelli en X-Factor #16.

    Pero es cierto que el baile de dibujantes sufrido por Noccenti en sus comienzos con Daredevil hace flaco favor a la serie. Cuando llega Romita JR (y no olvidemos por favor al extraordinario Al Wiliamson en las tintas) se evidencia que los tres forman un equipo que permite a cada uno profundizar en su campo y mejorar con cada página: Noccenti comienza a prescindir de un buen porcentaje de cajas de texto porque sabe que las capacidades narrativas de JR JR no lo requieren; JR JR simplifica su trazo porque Al Williamson completará formas, volúmenes y detalles con su estilo característico.

    Son un ejemplo de lo bueno que puede ofrecer el método Marvel cuando se produce la sinergia adecuada, que los autores confian en sus compañeros y la cadena rueda porque cada uno trata de dar lo mejor de sí mismo.

    Saludos.

  3. No es cuestión de métodos, es cuestión de si trabajas con un narrador o no. Está claro que con el tiempo el guionista, si sabe lo que hace, limpiará lo que sobra y sobre todo dejará hacer, pero el narrador se ve desde el primer momento, el DD de Romita es un caso claro. Hay algo muy obvio, el tbo lo hace una persona, lo que hay antes es un guión, que es un formato de historia, o proyecto de historia, en otro medio. El caso de Patrulla X es también muy claro, ¿todavía creen que Claremont de repente se inspiraba según con qué dibujante? Hay la Patrulla de Paul Smith, sobre guión de Claremont etc.

    1. “De repente” no, pero que Claremont (y esto lo ha comentado en varias entrevistas) se dejaba influir a propósito por las carácteristicas particulares de cada dibujante lo veo bastante claro. No es que sólo por ellos decidiera cambiar de manera radical la idea central que tuviera en su cabeza sobre los personajes o el devenir de sus aventuras (aparte de que con algunos empleaba guiones más técnicos mientras que con otros su labor sí respondía a lo que es en realidad el “metodo marvel” acuñado por Lee), pero robando una expresión suya, “dejaba hacer”…a pesar de dar la brasa más de la cuenta a sus dibujantes con los perfiles psicológicos, pero eso ya es desviarse en exceso del tema y no tiene nada que ver con el texto de Gerardo.

      Por otra parte, puedes tener a un narrador excelente en tus manos y desperdiciarlo si como guionista te empeñas en marcar pautas estrictas de antemano que sobre papel quedan de maravilla pero que traducirlas a tebeo es otra cosa bien distinta, que es algo que tú comentas y con lo que estoy completamente de acuerdo, el guión es un medio y hacer el tebeo otro. Pero cuando se subestima al narrador, el método (disciplina, fórmula, procedimiento) importa porque te puedes cargar la obra si una de las partes no asume o está capacitada para ejercer su rol.

      No es cuestion de ser colegas, por supuesto, sino simplemente profesionales. Y aunque ignoro realmente el sistema de trabajo de Nocenti/JrJr/Williamson, lo que para mi como lector resulta obvio es que existía esa sinergia entre ellos que les llevó a producir un buen puñado de tebeos maravillosos y que madura porque el equipo se mantiene junto durante bastantes meses, al contrario que una sucesión de fill-ins y bailes de dibujantes que puedan dejar tebeos aislados brillantes pero una cohesión nula para lo que se espera de un serial sobre tal o cual personaje.

      Si Nocenti tenía ya bien atados sus guiones o daba tumbos por no tener pajolera idea del artísta que le tocaba al siguiente mes…creo que nunca lo sabremos hasta que alguien tenga la bondad de preguntárselo 😉

      Saludos.

  4. Bueno, pues entregaba scripts, bastante detallados, luego retocaba diálogos, que es algo bastante común, hasta qué punto pues dependerá del caso, supongo.

    Lo de los métodos es muy relativo. El método de Stan Lee, si es eso el método Marvel, consistía básicamente en poner morcillas sobre el tbo que otra persona había hecho, y luego llamarlo colaboración. Como lo hacía él no creo que haya vuelto a usarse, y el resultado de trabajar con narradores o no se puede ver perfectamente en su trayectoria. Narradores como palabra a falta de otra mejor, que no hay en el mundo del cómic, no creo que dibujante sea la adecuada.

    El formato de guión no es lo definitivo en el proceso de narración, que no es seguir o no lo que pone en él, es extraer la historia de él y convertirla en un tbo. Cierto que la estructuración del guión afecta en cómo puedes contarla, pero lo definitivo es la historia, te pueden dar toda la libertad del mundo que sin historia no sirve para nada. Y viceversa. A lo que voy es que toda esa información será procesada por el narrador, a partir de ella ‘recreará’ la historia, y con ella hará el tbo. Para cada narrador la historia será diferente, partiendo de un mismo guión.

    No dudo que Claremont intentara adaptarse al dibujante o al narrador y cambiara sus planes al trabajar con cada uno de ellos. Otra cosa cosa es que le llevara a hacer mejores guiones, o que realmente valiera para algo, a nivel práctico. Por experiencia cuando un guionista me pregunta qué me gusta dibujar, o que ha pensado en mí al escribir tal o cual escena, me hecho a temblar. Tampoco me extraña lo de los perfiles psicológicos, incluso me parece muy interesante, ya lo podían hacer más guionistas, toda la información es bienvenida, entender cómo funciona un personaje es básico. Aún así el primero que debe tener clara la lección es él, que está escribiendo el guión.

    En resumen, a lo que voy es que sí, que muy bien lo de la sinergia, pero lo definitivo es la relación del narrador con la historia. Y que la diferencia entre un Patrulla X de McLeod y uno de Paul Smith no es la inspiración de Claremont.

    1. Gracias por la utilísima información que aportas y sobre todo la claridad con que expones tus argumentos. Viniendo de un profesional (y de los que me molan, no es peloteo oportuno pero ya aprovecho para soltarlo y saludar a mi madre de paso), en ocasiones uno (servidor) sólo puede leer y callar.

      PERO (xd)…sólo aclarar que no he utilizado de manera expresa el concepto “inspiración”. Lo de la sinergia (que es una palabra de significado fofo por lo manida, eso también es cierto) puede dar lugar a ello, pero más bien pensaba en “influencias” o “retroalimentación”.

      Los perfiles psicológicos también me parecen útiles, sólo es que comentaba aquello de resultar una brasa al recordar ciertas declaraciones de Byrne (a quien tambien habría que dar de comer aparte, verdad) criticando el abuso por parte de Claremont.

      ” Y que la diferencia entre un Patrulla X de McLeod y uno de Paul Smith no es la inspiración de Claremont.”

      Y por eso se llevó al primero a Los Nuevos Mutantes 😉

      ¡Saludos y un placer debatir por aquí!

  5. Igual por eso los Nuevos Mutantes no arrancaron hasta bastante más tarde.

    Seguro que Byrne es para darle de comer aparte, pero conforme pasa el tiempo cada vez entiendo más sus razones para haber dejado Patrulla X. De la misma forma que veo claro porqué salieron en su momento Kirby y Ditko, y de la forma en que lo hicieron, y no estoy equiparando unos casos con otros.

    En fin, un placer también. Saludos.

    1. Gracias a ambos por un debate tan interesante. No puedo añadir mucho más, salvo que cuando escribía el artículo revisé entrevistas a Ann Nocenti y en ninguna le preguntaban específicamente por el método de trabajo con los dibujantes, sólo por sus temas, personajes, y demás. Sobre cómo trabajaba Claremont creo que sí que hay más información, pero es básicamente como lo describís vosotros, creo yo.

      Un saludo.

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