Orgullo y satisfacción n.º 2, de VVAA.

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Tras revolucionar el mercado del cómic digital y vender nada menos que 35.000 ejemplares durante el verano, Orgullo y satisfacción se convirtió en revista mensual y en un proyecto sólido y, de momento, viable para sus autores. Pasada la novedad, lo normal es que la salida de cada número no sea noticia y la revista se integre en la cotidianidad del mercado, pero me apetece, al menos, comentar algunas cosas concretas de este segundo número, dedicado al trabajo.

El número se abre con una historieta de Monteys que muestra la reunión de redacción para decidir los contenidos de esta segunda entrega. Aparte de la gracia innata que tiene —con ese Guillermo sustituido por fotografías de Alain Delon porque a Monteys no le sale bien—, la historia es interesante porque introduce el elemento metanarrativo y con él la historia de la propia publicación y su mecánica de funcionamiento, que desde el principio han estado en primer plano.

Después de esa introducción los contenidos aparecen más ordenados, más de revista que en el número 1. Hay un índice, una primera parte miscelánea, y un dossier central que concentra las páginas relacionadas con el tema del trabajo, más la sección de «Últimas Letizias» con temas de última hora que entran con la escasez de margen que permite la edición digital. Si no me equivoco todos los colaboradores de los primeros números están aquí, aunque en algunos casos con chistes puntuales, como los de Asier y Javier. Pasada la sorpresa el nivel se mantiene, aparecen series nuevas y otras continúan: me parece un acierto que no se caiga en la rutina ni en la conveniencia de la fórmula que funciona.

Y sobre todo me parece un acierto la libertad total que se le está dando a todos los autores. Los que son humoristas gráficos más puros, como Malagón o Mel, hacen lo que saben y lo hacen muy bien. Luis Bustos y Paco Alcázar, por su parte, hacen básicamente lo que les da la gana y están simplemente geniales. Las páginas de anuncios falsos de Bustos —a lo Chris Ware, para entendernos— es de antología, y la historia de la piscina de Alcázar certifica que, sea cual sea el tema, este autor tiene la virtud de llevárselo a su universo, que me parece uno de los más ricos del panorama nacional.

 

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Triz, ya sea junto a Morán o en solitario, está cada vez mejor. Bernardo Vergara es uno de los que más dibujan y está tan fino y tan demoledor como siempre. Guillermo, pese a que no siempre acierta, cuando acierta es brillante, y además me parece el mejor caricaturista de la actualidad. Sus retratos tienen la cualidad de los grandes satíricos: deforman el rostro y el cuerpo para mostrar el carácter y sobre todo la misera moral de la calse política. Es decir, destapan la verdad que late bajo la apariencia a través del dibujo y de su visión.

Monteys no llega a los niveles de «El ecosistema ibérico» del número uno pero tiene páginas brillantes, especialmente las primeras, ya mencionadas, y la del voto de los antiabortistas. Monteys está en estado de gracia desde hace tiempo, y pare páginas con la facilidad, al menos aparente, que le corresponde a ese estado. Manuel Bartual da un par de lecciones de síntesis en tiras de viñetas que funcionan como un tiro y que condensan verdaderas historias completas.

 

Y Manel Fontdevila, bueno, me parece que pocos se acercar hoy por hoy a su nivel. Casi todo lo (mucho) que dibuja en este número me parece brillante, pero «¡Matar a Pujol» es increíble. Lo tiene todo y es de lo mejor que he leído últimamente, en cualquier género. Fontdevila, además de la mirada certera y afilada, de esa cualidad tan útil en el humor político de ir casi siempre un poco más allá de lo obvio, otra cosa esquiva e indefinible: la gracia. Él la tiene; la tienen sus dibujos y la tienen sus textos, y la manera en la que desarrolla esas historias de extensión media en las que parece sentirse totalmente libre.

En conjunto, me gusta que este número de Orgullo y Satisfacción no vaya a lo fácil, atizar a los empresarios únicamente, y tire a los sindicalistas, y a los propios trabajadores, víctimas la mayoría de los casos, sí, pero en ocasiones demasiado acomodaticios y sumisos. Todo tiene una presencia proporcionada y coherente que evidencia la excelente labor de coordinación que se esconde detrás de la revista.

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