Versus, de Luis Bustos.

versus portada

Luis Bustos lleva el tiempo suficiente en el negocio del cómic como para haber conocido tiempos difíciles, más difíciles que los actuales. El páramo de los noventa explica que autores más jóvenes tengan más producción que la generación de Bustos —por supuesto teniendo en cuenta todas las particularidades de los casos concretos, hablo grosso modo—: no existe ese peso que atenazó a muchos autores, algunos mayores que Bustos y otros de su quinta, sobre qué podía hacerse y cómo. Este autor pareció quitarse buena parte de ese lastre de encima con Endurance (Planeta, 2009), que es una muy buena novela gráfica, pero es una muy buena novela gráfica de 2009. Cinco años parecen pocos, pero en el cómic español es una eternidad. En esos cinco años han pasado muchas cosas, entre ellas la aparición de obras como Aventuras de un oficinista japonés de José Domingo (Bang, 2011) o El héroe de David Rubín (Astiberri, 2011-2012) que junto con otras abrieron caminos nuevos y expandieron los límites de lo que podía hacerse; cada vez es más evidente. En estos últimos años se están desterrando muchos complejos históricos y muchos tabúes. Se está demostrando que en España sí se puede.

Cuento todo esto antes de entrar a valorar Versus, la última obra de Bustos, porque es una reflexión que he tenido siempre en mente mientras duraba su lectura. En este tebeo de formato atípico —un signo de los tiempos—, magníficamente editado por una pequeña editorial  —otro signo más— que no acumula aún ni una decena de referencias en su catálogo como es Entrecomics Comics, creo muy evidente que su autor se ha vaciado. Que no ha calculado la ganancia, ni las horas que merecía la pena invertir. Luis Bustos, me parece, ha hecho en Versus lo que he le ha dado la gana y ha llegado tan lejos como ha podido: ha echado el resto porque, bueno, si no, para qué meterse en historias, si la vida te la resuelves por otra parte. Creo que él, como muchos otros autores, ha tomado conciencia de que las cosas no van a cambiarse solas y que el primer paso es hacer no sólo buenas obras, sino obras sinceras como ésta.

 

Versus adapta libremente un relato de Jack London, A piece of steak, una historia sobre un viejo boxeador, pero como los buenos adaptadores Bustos se lleva el texto original a su terreno para realizar una obra intrínsicamente personal y desatar todo su talento como dibujante, que está a la altura de los mejores del panorama español. Y pocos cómics pueden leerse que merezcan el apelativo de tour de force más que éste. Versus es un pulso constante en el que Bustos libra su propio combate y se obliga a salir de su zona de seguridad para sorprender en cada página, para que cada viñeta, como cada golpe en una lucha sobre el cuadrilátero, importe. La estructura que adopta intercala flashbacks para mostrar cómo se ha llegado al combate que se narra en forma directa y permite a Luis Bustos un relato de ritmo clásico, en el que subimos y bajamos la intensidad pero que mantiene una línea ascendente que estalla justo cuando debe… Y que deja al lector impresionado en su final.

Una de las cosas más interesantes de Bustos como dibujante es su habilidad para imitar y destilar influencias sin dejar de ser él. Lo hemos visto, por ejemplo, en sus colaboraciones en Orgullo y satisfacción. En Versus resuenan los ecos de Jack Kirby, Will Eisner o Frank Miller, pero también de muchos mangakas, sobre todo de Osamu Tezuka, admirado por Bustos, quien no mira sólo hacia atrás, sino también a los lados, como si fuera consciente de que Versus tiene que ser una obra de su tiempo un cómic español de 2014 que se encuadra en unos presupuestos determinados. El equilibrio entre intelectualización del trabajo propio y la visceralidad que pide un un relato como éste es casi perfecto: Bustos consigue páginas salvajes, furiosamente expresionistas, sobre todo cuando, en el asalto final, deja que el pincel corra desbocado en unas páginas que pienso que no están al alcance de muchos dibujantes, de aquí o de fuera, da lo mismo.

 

En este relato clásico de héroe crepuscular hay mucha amargura. El viejo Tom King lo fue todo, pero ya no es nada. Sus tiempos de gloria pasaron y sólo queda jugársela contra un muchacho insolente que empieza ahora su propio camino hacia la fama y el éxito. Más allá de ciertos elementos del relato original propios de la época que suenan hoy un tanto huecos —me refiero al melodrama presente en cuestiones como el ultimátum de la esposa de King— Versus funciona a un nivel simbólico y mítico perfectamente en el momento en el que entendemos que la lucha entre King y el joven Jesse Sandel es una lucha ancestral entre lo viejo y lo nuevo, entre la experiencia y la fuerza de la juventud, y que se repetirá siempre, porque estamos condenados a declinar y ser superados por los que vienen detrás. King lucha, en el fondo, contra sí mismo.

Es imposible no empatizar con él y vibrar con cada golpe que dibuja Bustos, que revienta cánones y rompe el diseño de página constantemente, y que juega de forma inteligentísima como el diseñador que es con tipografías, rótulos y el propio diseño del libro, por no hablar de su soberbio uso de las tramas que imitan el zip-a-tone e introducen los matices en un blanco y negro de contraste tan rotundo como el de los mangas de Tezuka.

 

Con Endurance, creo que Luis Bustos hizo un gran tebeo como es debido. Ahora, cinco años después, su propia evolución como artista y el contexto que lo rodea le han permitido hacer una gran novela gráfica libre de ciertos valores que en 2009 todavía pesaban en la idea que de la novela gráfica podía tenerse entonces. Porque, es obvio pero parece que haya que recordarlo de vez en cuando, los conceptos culturales están vivos y mutan constantemente, y las cosas nunca son iguales en diferentes momentos ni pueden sustraerse de ellos. Lo mejor de Versus es el propio Versus; el placer primario y el goce estético que aporta a quien lo lea. Pero además cuando uno termina de leer este cómic de vanguardia que demuestra que la vanguardia puede ser comercial —porque lo comercial hoy no es lo que era comercial hace veinte años— queda una sensación de lo más agradable, y que también se encuentra en otras obras fantásticas de la actualidad: esto es sólo el principio, el golpe en la mesa que antecede a obras mejores aún.

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3 thoughts on “Versus, de Luis Bustos.

  1. En España el boxeo ahora es politicamente incorrecto solo hablan de desgracias y se olvidan de como el boxeo ha ayudado a gente de extracción humilde y sin recursos ha no volverse delincuentes y drogadictos .Yo me aficioné al boxeo viendo en la televisión los combates de Pepe Legrá y Pepe Durán dos grandes campeones

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