Silvio José enamorado, de Paco Alcázar.

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Paco Alcázar ha convertido a Silvio José en uno de los iconos del cómic español. Aún es pronto para saber si está a la altura de los grandes personajes de Bruguera, pero yo desde luego tengo claro que nadie ha sabido capturar nuestro zeitgeist —toma ya— como esta serie protagonizada por un caprichoso, asocial y totalmente aempático mostrenco que se parece a nosotros más de lo que podemos reconocer.

Silvio José, destronado fue posiblemente la culminación de la saga de Silvio José porque al desproveerlo de sus atributos y expulsarlo de su paraíso, al obligarlo a recorrer su propio camino del héroe, Alcázar invertía —o subvertía— los valores morales que normalmente convenimos en considerar buenos. De pronto ese tirano insoportable nos conmovía y emocionaba en su determinación de recuperar su felicidad y no renunciar a sus principios… aunque estos sean retorcidos.

Una vez que Silvio ha vuelto a casa y el estatu quo se ha reestablecido, las siguientes páginas —que son con las que arranca este último tomo— parece que van a ofrecer variantes más o menos ingeniosas de lo que ya hemos visto hasta ese momento, con la ventaja, eso sí, de que Alcázar tuvo hace mucho tiempo la vista de empezar a intercalar aventuras de los personajes secundarios y crear nuevos ecosistemas, como el zoológico, el colegio donde trabaja el profesor Hermoso o la novedad en este tramo final de la serie, el parque de atracciones, un entorno con sus propias reglas que funciona como un tiro, a la altura del zoológico. Uno podría caer en el error de pensar que llegada a este punto la serie está tan asentada y su universo tan desarrollado que las historias se escriben solas, pero por supuesto no es así. De hecho precisamente porque existe el riesgo de la inercia hay que estar más despierto y no dejarse llevar.

Alcázar lo consigue casi siempre. No pierde frescura, exprime bien a los secundarios —con frecuencia lo mejor de la serie, y no porque Silvio no sea un personaje tremendo—, inventa nuevas situaciones cada cierto tiempo… y cuando parecía que estaba todo dicho nos mete en un periplo amoroso. Y tiene todo el sentido, claro: ¿qué es lo único que le faltaba por hacer a Silvio? Enamorarse.

Evidentemente, Silvio no mejora ni un ápice cuando descubre el amor al encontrarse con la mujer de sus sueños hecha carne. Al contrario: saca lo peor de sí mismo —lo peor de Silvio es… bueno, os podéis hacer una idea—, se vuelve más obsesivo, egoísta y envidioso. Tras una primera relación con la mujer de sus sueños que acaba en desastre —algo lógico con Silvio en medio, pero, realmente algo de reflexión general sí veo en esto— y un escarceo loquísimo con una chica que piensa que Silvio es un artista conceptual, acaba dando con la horma de su zapato: Silvia, su vecina de abajo, la legendaria crítica de videojuegos que lleva años leyendo, y que pasará bastante de los intentos del tipo por conquistarla. Curiosamente, no he sentido en este tramo la simpatía que sí sentí cuando Silvio perdió su casa, porque aquí en ningún momento quiero que triunfe.

Por el camino, Paco Alcázar ya empieza a soltarse el pelo con páginas del tipo que está haciendo ahora para otros medios o que había hecho en algunos especiales de El Jueves, por ejemplo, la página 30 donde emplea su señalética surrealista, o una página brillante donde él, que ha hecho del texto el centro de sus viñetas, prescinde de él en la mitad de las mismas para lograr un efecto cómico brutal (página 71).

Los sucesos que acabaron con una veintena de dibujantes dejando de colaborar con El Jueves precipitaron el final de «Silvio José». Para la edición en libro, a cargo como siempre de Astiberri, Alcázar ha dibujado unas páginas finales que más que cerrar la serie parecen dejarla hibernando. La solución no sólo es divertida sino que incide, a través de la metarreferencia, a las circunstancias externas que precipitaron el final, y al mismo tiempo puede verse como una declaración sobre por dónde tirará ahora el autor: territorios menos convencionales, más absurdos e ilógicos. El Alcázar más radical que ya hemos visto en las antologías El manual de mi mente y Daño gratuito parece estar de vuelta, aunque nunca se ha marchado realmente. Y en cuanto a Silvio José, vuelva o no, ya es parte destacada del cómic español. Pocas series pueden mantenerse durante tantos años a tan alto nivel y ofrecer momentos tan brillantes incluso en fases tan avanzadas de su historia. Silvio José es seguramente el personaje más importante de los últimos cinco años, sin más.

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