Un balance de GRAF Madrid.

Han pasado cuatro días de la cuarta edición del GRAF —segunda en Madrid— pero sólo hoy comienzo a recuperar la normalidad de mi rutina. Como de costumbre, ha sido un fin de semana intenso y agotador, pero al mismo tiempo me ha cargado de energía. Sólo lleva dos años en marcha pero tengo la sensación de que el GRAF ha estado aquí siempre, convertido en lugar de reunión y dinamizador de la escena de la autoedición y el cómic español contemporáneo. Es un momento maravilloso para estar ahí, en esa escena. Están pasando muchas cosas, a todos los niveles, y tengo la certeza de que este periodo es clave. De lo que está sucediendo estos años dependerá en buena medida el futuro del cómic español, tanto industrial como artísticamente.

Por eso lo mejor de GRAF es ver la ilusión y el trabajo de tantos jóvenes autores que están batiéndose el cobre para sacar adelante sus fanzines. Hay mucho talento, hay ideas y hay vanguardia, ganas de innovar, de romper con lo establecido, que es lo mínimo que se le puede pedir a la juventud. Y hay, sobre todo, una sensación de comunidad auténtica y genuina. Esta gente se lleva bien entre sí, se siente parte de lo mismo, genera redes de colaboración… Forman una verdadera escena del cómic autoeditado, y me alegra muchísimo que GRAF contribuya a todo esto.

El público, además, ha vuelto a responder. No es un público masivo, ni falta que hace, pero es fiel y activo, que es mucho más importante. Y variado. Y comprador, que no es secundario, en los tiempos que corren. Me parece que es más fácil que uno se deje la pasta cuando le compra directamente al autor y éste puede explicarte su trabajo, pero, además, los precios bajos de la mayoría de los fanzines ayuda mucho. El caso es que GRAF siempre tuvo gente; se vació un tanto a mediodía, como es lógico, pero por la tarde hubo momentos de auténtico llenazo. Hasta el último suspiro estuvo entrando gente.

Y en las mesas redondas y otras actividades, lo mismo. No me pilló por sorpresa del todo porque el año pasado sucedió lo mismo, pero siempre emociona un poco. En las mesas del viernes, que abrían fuego, hubo entre ochenta y cien personas. Y en las del sábado, en una sala más pequeña, por lo que me dijeron siempre hubo lleno. Esto es fantástico, porque evidencia que hay interés en lo que los autores tienen que decir, y espero que sea un síntoma más de la movilización del público que vengo notando últimamente. Parece que la gente cada vez se anima más, al menos en Madrid —que es donde vivo y de donde puedo hablar con conocimiento de causa—, y está acudiendo a actos que hace tan sólo unos meses habrían tenido mucho menos público. Los esfuerzos, a veces, pueden dar buenos frutos.

Esta edición, en la que me he implicado en la organización, ha sido la más especial para mí, porque me ha permitido vivir GRAF más de cerca y disfrutarlo de otra manera. Por supuesto, uno acaba agotado, pero sarna con gusto no pica. Ha sido fantástico, me siento orgulloso de haber participado y sólo puedo dar las gracias a la gente que lo ha hecho posible. No sólo a la organización, sino también a todos los que desinteresadamente han arrimado el hombro.

Ahora estoy con el subidón —se nota, ¿no?— pero también soy consciente de lo mucho que queda por hacer y de todo lo que hay que trabajar. Lo que pasa es que un par de GRAF al año es justo lo que necesitamos para no desfallecer, para ver periódicamente los frutos de ese trabajo. Pero hay que seguir, todos debemos seguir, si queremos llegar a alguna parte. ¡Adelante!

EDITO: Me dejo un aspecto muy importante de esta edición de GRAF: el cambio de escenario al Museo ABC. El nuevo espacio permitía que hubiera menos agobios y que las mesas redondas y presentaciones se pudieran hacer en el mismo sitio que la feria. La gente con la hablé consideró que era una mejora, y espero que en el futuro pueda volver a realizarse en este espacio, porque además permitirá que el evento crezca y mejore, porque hay mucho margen de acción.

PS: Como cada GRAF, me volví a casa con bastantes fanzines. La calidad de la mayoría es la base del optimismo, claro, y sin ella nada más tendría sentido. En los próximos días espero escribir sobre, al menos, algunos de estos fanzines.

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