Tiras cómicas, de Flannery O’Connor.

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La avalancha de novedades de los últimos meses del año y otras ocupaciones —un CuCo se aproxima por el horizonte, entre otras cosas— ha hecho que me haya visto un poquito desbordado y algunos libros que querría haber comentado se hayan ido quedando en la pila de pendientes. Quiero solventarlo en lo que respecta a Tiras cómicas de Flannery O’Connor aunque sea con un par de párrafos, porque creo que se lo merece.

Tengo que decir que no he leído a O’Connor ni sé demasiado sobre ella, así que más que por lo que pueda aportar sobre su figura este libro me interesa por otras cuestiones, sobre todo históricas. Se trata de una colección de linograbados que la autora realizó en sus años universitarios para periódicos estudiantiles, en los que la técnica, digámoslo claro, es bastante deficitaria. Se aprecia cierto proceso de aprendizaje, hay mucha distancia cualitativa entre las primeras y las últimas que realizó, pero es lo de menos. No voy a negar que me ha gustado la visión ácida de muchas de estas imágenes y que hay frases punzantes e ingeniosas, pero lo que más me interesa del libro es su valor como testimonio de un momento y un lugar muy concretos: la vida universitaria durante la segunda guerra mundial. Y concretamente, cómo afectó la llegada de las Waves, la reserva femenina del ejército estadounidense que se alojó en el campus a la vida diaria. Son trocitos de vida, dardos furiosos de quien da voz a un montón de compañeras que de pronto tienen que apartarse para dejar sitio a un grupo de mujeres, como ellas, pero uniformadas: la cuestión del género se cruza con la resistencia a la autoridad que debe mostrar cualquier joven de bien. Una de mis viñetas favoritas muestra precisamente a una estudiante, seguramente la propia O’Connor, subida a un árbol con expresión de cabreo para dejar paso a una monolítica procesión de Waves, todas iguales. La viñeta se titula «Tráfico»: una genialidad.

También hay puyas a los profesores y al sistema educativo, aunque sean sutiles, hay meras estampas de vida universitaria y figuras de mujeres anónimas. La viveza de los grabados de O’Connor va en aumento según va dominando la técnica, hasta conseguir expresiones y movimientos muy logrados. Sin embargo, cuando dejó atrás su vida de estudiante no consiguió volver a publicar profesionalmente, y se centró en su carrera como escritora.

La edición de Nórdica es excelente, no sólo por la calidad de los materiales y la encuadernación, sino por el aparato crítico con el que ha acompañado la colección de tiras. Es algo simplemente imprescindible en una edición así, aunque demasiado a menudo las ediciones «históricas», «definitivas» o «de coleccionista» nos escamotean esa información. Seguramente el hecho de que sea una editorial literaria, con otos hábitos y un tratamiento diferente del material que editan, tenga que ver en esto. Tiras cómicas es, de hecho, el título que abre la colección de Nórdica Cómic. También han publicado ya una adaptación de El castillo de Franz Kafka a cargo de Jaromir 99 y Marinowitz, y esperemos que vengan muchos títulos más.

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