Sobre cómic juvenil.

La supuesta escasez de cómics infantiles y juveniles es un argumento constante entre los aficionados al cómic en España. Mucha gente parece tener muy claro que 1) no hay apenas; y 2) los editores están cometiendo un error terrible al no hacer cantera y fidelizar a los lectores y lectoras desde su infancia. Dejando aparte el hecho de que si esto último fuera una estrategia tan clara ya habría editores en ello, lo cierto es que llevo tiempo pensando que este modo de pensar no se corresponde del todo con la realidad. Para empezar, hay que entender que el mercado ha cambiado muchísimo, que ya no hay suficientes menores como para sostener con sus compras un mercado masivo, que el envejecimiento de la población ha precisado que el cómic acompañe a su público, y que grosso modo, la infancia abandonó el cómic antes de que el cómic abandonara la infancia, para entendernos. Dicho de otro modo, dejó de haber tantos cómics infantiles porque su público dejó de comprarlos, así de sencillo.

Sin embargo hay aquí otra cuestión importante: la percepción que tiene el aficionado del sector, creo, está distorsionada por su propia idea de qué debe ser un cómic infantil, que suele corresponderse con lo que leía en su propia infancia. No voy a extenderme mucho porque creo que mi compañero Octavio Beares da con varias claves en este texto sobre el mismo tema, con el que estoy bastante de acuerdo; hay suficientes ejemplos de cómic infantil. Y, añado, la mayoría de personas que lamentan su escasez no conocen toda la oferta que hay, en realidad. Es normal, porque son personas adultas que consumen cómics para adultos, pero una mirada atenta al mercado es muy reveladora: incluso ese cómic que leían los niños hace tres décadas se está reeditando ahora —Los pitufos, Don Miki—, o siempre ha estado disponible —Astérix, Tintín—. Por supuesto, no creo que esos cómics estén en realidad dirigidos a la infancia actual, sino más bien a la nostalgia del comprador maduro; pero hay muchos nuevos cómics pensados para los niños y las niñas de hoy. Un dato que no demuestra nada, pero que me parece significativo: en las últimas votaciones de lo mejor del año en Entrecomics aparecen 51 títulos en el apartado de cómic infantil. ¿Conocerán aquellos que se lamentan obras como Hilda, Marieta o Ana y Froga? ¿O la colección Mamut, o mangas como Yotsuba? Tal vez, se me ocurre, parte de la respuesta a esta pregunta la encontremos en el hecho de que rara vez las librerías especializadas en cómic se molestan en tener éstos en su stock.

Hay que tener en cuenta también que el público infantil no es un bloque uniforme. A menudo se olvida esto. Seguramente sí exista cierta escasez de cómics para primeros lectores, pero aquí me parece evidente que, en realidad, lo que sucede es que hay una mezcla de medios: muchos libros infantiles que ningún aficionado percibe como tebeos emplean su lenguaje. A una niña de dos o tres años le da lo mismo la etiqueta, por supuesto, pero ya está disfrutando en cierta forma de un cómic. En cualquier caso, desde los seis años la oferta se va ampliando hasta el punto de que pienso que, a partir de los trece años, la inmensa mayoría de cómics del mercado son perfectamente válidos, incluyendo superhéroes, BD de aventuras, muchísimos mangas… Otra cuestión en la que no quiero entrar ahora en profundidad, pero que me parece interesante, es cómo la generación que leyó 1984 o Conan el bárbaro con doce años se ha vuelto bastante pacata con respecto a lo que les parece aceptable para sus hijos e hijas.

Pero en realidad de lo que quería escribir es otra cosa. Hasta ahora he mencionado cómics producidos por las grandes industrias del pasado o del presente, y series infantiles en formato álbum. Pero ¿qué tiene que aportar la novela gráfica a ese segmento de edad? Durante mucho tiempo, la necesidad de expresarse fuera de los términos estrechos de la industria y de significarse como un medio para adultos dirigió de un modo casi natural a los novelistas gráficos a pensar en un público maduro cuando realizaban sus obras. Pero ahora que esa batalla está ganada, creo que tal vez puede decirse que estar destinada exclusivamente a un público adulto era para la novela gráfica más un rasgo circunstancial que una condición sine qua non. En una época en la que los niños ya no consumen tebeos masivamente, la novela gráfica puede recuperarlos en parte, pero no será ofreciendo más de lo mismo, ni con series interminables, franquicias o versiones más o menos actualizadas de los personajes que gustaban a sus progenitores. El nuevo cómic juvenil no replica esas inercias, sino que bebe de otra tradición: la literaria. La literatura juvenil, al contrario que aquel cómic, no perdió el favor del público en la misma medida. De hecho es uno de los sectores que mejor está soportando la crisis del mercado editorial. La fantasía —medieval, futurista, o steampunk— y lo que se denomina Young Adult funcionan, y producen sus best-sellers con regularidad, fenómenos editoriales que generan a su vez un fenómeno fan. Esa dinámica basada en libros unitarios, pero también series cerradas de tres, cinco o siete libros, es la que está funcionando, y la que, creo, la novela gráfica contemporánea puede trasladar al cómic. Veamos algunos ejemplos.

En una línea un tanto híbrida entre el modelo literario y la herencia del mercado del cómic mainstream es donde creo que se mueve, por ejemplo, Battling Boy de Paul Pope, y su serie paralela, El momento de Aurora West que dibuja David Rubín, ambas publicadas por Reservoir Books en España. Pulp, superhéroes y mitos mezclados con gracia, con un envoltorio molón, chavalas y chavales con actitud que hablan y se comportan como tales, monstruos que dan el miedo justo… Y un formato que busca explícitamente que el público los asimile con los tomos de manga, sólo que en este caso la serie se prevee más breve: dos tomos de cada serie, al menos por el momento.

Otro cómic recientemente publicado en España, Aquel verano (La Cúpula, 2014), de Jillian y Mariko Tamaki, se acerca con su historia de verano adolescente a toda la tradición de literatura de rito de paso y tránsito de la niñez a la adolescencia. Es un excelente tebeo que el público adulto ha disfrutado —a mí personalmente me encantó—, pero, en realidad, ¿qué mejor edad hay para leerlo y que nos afecte como debería que los catorce años? Es una historia que habla de cambio, del primer amor, de las amistades infantiles que se enfrían, de la inocencia que se pierde. Un adultó podrá leerlo y recordar su propia adolescencia; una adolescente se verá reflejada y por tanto significará mucho más para ella.

Plenamente integradas en la fantasía young adult contemporánea encontramos dos obras que ha publicado Sapristi —el sello de Roca con el que recientemente se ha lanzado a la edición de cómics—: Los Wrenchies de Farel Dalrymple y En la vida real de Cory Doctorow y Jen Wang.

los wrenchies

Ambos son dos ejemplos excelentes de cómo hacer cómic de autor de calidad dirigido a un público juvenil, sin que eso signifique rebajar el contenido o renunciar a cierta profundidad. Los Wrenchies es una locura ci-fi, tal vez incluso demasiado loca —muchos personajes y muchos conceptos a la vez—, que mezcla realidades paralelas, mundos de ficción que se vuelven reales —la sombra de Morrison es alargada— y magia arcana. La mayor parte de la historia sucede en un futuro posapocalítpico donde sólo los niños han sobrevivido: un gancho infalible para el lector infantil. Peleas brutales entre infantes, crueldad y compañerismo. Es una fórmula arriesgada, que además conforme avanza la historia se vuelve más y más oscura, y se llena de drogas, muertes y transformaciones personales. Y el dibujo de Dalrymple —al que conocía de la serie moderna de Omega the Unknown— es muy potente y claro a la vez. Me da la sensación de que Los Wrenchies encaja en ese tipo de tebeo que ciertos lectores nunca considerarían juvenil por su contenido, pero que, en realidad, es justo lo que alguien con quince años está deseando leer: nadie a esa edad quiere algo para niños.

en la vida real

Por su parte, En la vida real es un estupendo tebeo, con un dibujo precioso, original y que no renuncia a cierta experimentación. Trata sobre una chica con un problema de autoestima que comienza a jugar a un juego de rol on line, claro trasunto de World of Warcraft. A partir de entonces el cómic se mueve en dos niveles de representación, pero lo más interesante y logrado es el proceso por el cual Amanda madura en la vida real a través de su experiencia en el juego, donde se escenifica perfectamente la dinámica económica y social real. Doctorow introduce cuestiones incómodas y plantea dilemas que un adolescente occidental debería plantearse más a menudo, aunque nuestros sistemas educativos no parezcan muy dispuestos a ello: ¿cómo vive en otras partes del mundo un chaval de tu edad? ¿Qué implica tu bienestar económico para otros países? ¿Cuáles son los derechos de los trabajadores y cómo luchar por ellos? Por eso me ha resultado tan interesante este cómic, que por supuesto no es revolucionario, pero sí muy crítico con un sistema que rara vez se cuestiona. Y eso lo hace sin renunciar a la diversión y a la propia historia de crecimiento personal de Amanda, que permite que los y las lectoras nunca dejen de sentirse vinculados a ella. Amanda se empodera gracias al juego y toma conciencia de su propia capacidad de actuar localmente para mejorar el mundo: es un mensaje responsable e inspirador que no cae en la autoayuda ni en la demagogia, y que no sermonea, que es precisamente lo que odia cualquier adolescente.

Significativamente, tanto estos dos cómics como Battling Boy y Aquel verano fueron publicados originalmente por la editorial First Second. Un vistazo a su catálogo nos hace ver que la intención de llegar al público joven es clara. Por ejemplo, publican The Chronicles of Claudette de Jorge Aguirre y Rafael Rosado, que seguramente no tarde en aparecer en España, aunque sólo sea por su ambientación fantástico-medieval y su dibujo cartoon. También veo algunos títulos de los que no he visto nada pero que tienen pinta de seguir una línea similar, como Athena, de George O’Connor, Boxers de Gene Luen Yang o Broxo de Zang Giallongo. Y por supuesto, también hay que recordar clásicos como Bone de Jeff Smith y las obras de Jill Thompson, Scary Godmother y Beast of Burden —con Evan Dorkin—, que siempre han buscado al público juvenil sin renunciar a un tono oscuro fantástico.

En fin, que algo parece moverse en este sentido. La pregunta ahora sería si esta dinámica llegará al mercado español, cuya novela gráfica parece, por el momento, todavía en esa fase de reafirmación que comentaba al principio. Tal vez ha llegado el momento, o tal vez no, pero, en cualquier caso, la clave está en algo tan sencillo y a la vez tan complicado como que, ahora, los autores pueden elegir qué quieren hacer y para quién. Pero sea como fuere, no será por cómics infantiles y juveniles, desde luego.

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6 thoughts on “Sobre cómic juvenil.

  1. Y no sólo para sus hijos e hijas… Muy interesado en esa reflexión (futura?), pues me preocupa de verdad esta deriva entre lo políticamente correcto y la dictadura del “para todos los públicos” que aceptamos tan alegremente. ¿En qué parte del camino olvidamos que una de las virtudes de la historieta -y del arte en general- es la transgresión?

    1. Me refiero, obviamente, a la frase “[…] cómo la generación que leyó 1984 o Conan el bárbaro con doce años se ha vuelto bastante pacata con respecto a lo que les parece aceptable para sus hijos e hijas.” Mi anterior mensaje se tragó la cita. 😦

      1. Se me había pasado contestarte, Javier: es que es tan sencillo como plantearse si nosotros estamos traumatizados por aquellas lecturas o no. ¡Que parece que por leer algo un poquillo oscuro vayamos a destruir sus mentes!

  2. Gracias por la cita. La verdad, las diferencias sociales y de “geografía humana” que apuntas son algo que deberiamos contemplar. Es obvio que España ha cambiado mucho, en los últimos 30 años, y que las familias de “a tres” o como mucho “a por la parejita” son la tónica. Y claro, esto es algo que influye en la demanda de tebeo infantil.
    No menos que lo que apunté en mi texto (el videojuego, los miles de canales de dibus, etc etc… el desarrollo, en fin, de la industria del entretenimiento para niños, que ya va por otro lado), pero sin duda suma.
    Con lo cual, lo dicho, hay tebeos infantiles y juveniles para aburrir. Otra cosa es que puedan vender lo que “Mario World Wii”, que es lo que algunos parecen llorar, y eso es como pedir dragones volando en el atardecer. No va a pasar.

  3. De todas formas, fíjate que casi todo lo que indicas es para una franja de edad por encima de los 10-12 años. El gran problema que tenemos los padres es encontrar esos tebeos para prelectores o lectores iniciales que, en su día, cubrían revistas como Pif, Colorín, Pumby, etc. Sin necesidad de reclamar esos tebeos (soy de los que piensan que los tebeos para niños de hace 30 años no sirven para los niños de hoy), creo que sí que tenemos una carencia importante de tebeos en la franja 3-4 y 5-8 años. Prelectores,y lectores iniciales. Hay mucha oferta en el quiosco, sí, pero son revistas franquiciadas de calidad terrible que se venden por el juguetito. Y que tienen poco o nada de tebeos. Es, evidentemente, muy difícil competir con la oferta audiovisual y la de literatura infantil (de cuyas prácticas comerciales se podría decir mucho) , pero si hubiera una buena oferta para esos sectores de edad, os aseguro que se venderían. Yo he hecho campaña activa de Mamut, de Thule y ahora de Hilda (en el límite, quizás más para >7 años, no por contenido, sino por fluidez lectora) y el problema es que su presencia en librerías es mínima. En Valencia, por ejemplo, encontrar los títulos de Bang es casi imposible salvo en un par de librerías. No los tienen, a veces, ni las librerías especializadas infantiles.
    Para jóvenes hay una oferta amplísima (manga, superhéroes, europeo…), para niños… depende de la edad. Para los más pequeños, desde luego, no. Y hace falta, porque ayudan muchísimo para introducir en la práctica y hábito lector. Yo puedo dar fe de cómo mi hijo prefiere leer ahora que está aprendiendo los tebeos de Superpatata a los que recomiendan en el cole. 🙂

  4. Muchas gracias por el artículo, me da buena ideas para regalar a mis sobrinos estas fiestas 🙂

    Sobre la dictadura de lo políticamente correcto hay mucho que discutir. Yo tengo ganas de regalarles “Locke & Key” pero me parece que igual es un poco salvaje para menores de 14. Aún así, como bien dices, yo a los 13 ya veía peliculas con lenguaje ofensivo y desmembramientos, y aquí estoy, a mi entender poco afectado por ello.

    La idea es que no sea “la violencia por la violencia” en lo que leen/ven. Exponer a un niño a películas, series, comics con un lenguaje lleno de tacos y de violencia puede desensibilizar pero si no se abusa creo que es bastante inocuo e incluso importante exponerles a lo que van a ver el resto de su vida, si no poned cualquier canal de televisión en horario no infantil y me contáis lo que hay.

    Ahora que a los 12 años los chavales comparten centro con los de 18 también resulta imposible aislarlos de cierto lenguaje y actitudes.

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