Arte, cómic y masas.

El carácter único de la obra de arte es lo mismo que su imbricación en el conjunto de relaciones de la tradición […]. El modo originario de inserción de la obra de arte en el sistema de la tradición encontró su expresión en el culto. Las obras de arte más antiguas surgieron, como sabemos, al servicio de un ritual que primero fue mágico y después religioso […] por primera vez en la historia del mundo la reproductibilidad técnica de la obra de arte libera a ésta de su existencia parásita dentro del ritual […]. De la placa fotográfica es posible hacer un sinnúmero de impresiones; no tiene sentido preguntar cuál de ellas es la impresión auténtica. Pero si el criterio de autenticidad llega a fallar ante la producción artística, es que la función social del arte en su conjunto se ha trastornado. En lugar de su fundamentación en el ritual, debe aparecer su fundamentación en otra praxis, a saber: su fundamentación política.

Walter Benjamin, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1936).

La religión del arte jerarquizó siempre y dispuso que lo verdaderamente encomiable era un fruto escogido que el genio entregaba directamente al hombre superior. Entre tanto, las masas, en proceso creciente de concienciación y organización, tenían sus supersticiones y sus santos agoreros condenados en los tratados, aunque no tanto desde el púlpito: eran los medios y lo que estos suministraban, el opio popular, el “pseudoarte ramplón”, la carnaza para el ignorante.

Juan Antonio Ramírez, Medios de masas e historia del arte (1976).

La situación conocida como cultura de masas tiene lugar en el momento histórico en que las masas entran como protagonistas en la vida social y participan en las cuestiones públicas. Estas masas han impuesto a menudo un ethos propio, han hecho valer en diversos periodos históricos exigencias particulares, han puesto en circulación un lenguaje propio, han elaborado pues proposiciones que emergen desde abajo. Pero, paradójicamente, su modo de divertirse, de pensar, de imaginar, no nace desde abajo: a través de las comunicaciones de masa, todo ello le viene propuesto en forma de mensajes formulados según el código de la clase hegemónica […] una cultura de masas en cuyo ámbito un proletariado consume modelos culturales burgueses creyéndolos una expresión autónoma propia.

Umberto Eco, Apocalípticos e integrados (1964).

En 1968, el Museo del Louvre y el Museo de las Artes Decorativas de París celebraron una exposición dedicada al cómic. Aunque estaba clara la vocación de reconocer el valor artístico de la historieta […] la exposición se rendía a Hal Foster y Burne Hogarth como máximos representantes del arte del cómic. Se entendía la calidad artística de éste en función de la eficacia con la que algunos de sus dibujantes eran capaces de reproducir los modelos que la ilustración comercial de los años 20 y 30 había derivado de la figuración romántica decimonónica.

Santiago García, “Después del cómic. Una introducción”, en Súpercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea (2013)

Unos extractos de cuatro libros con los que estoy trabajando estos días, para la ponencia que impartiré en el curso de verano de Alcalá sobre cómic. No sé qué sugieren leídos por separado, pero mi trabajo está siendo precisamente demostrar que están estrechamente relacionados entre sí. Seguiremos informando.

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