… No Option! 5 y 6, de Pep Pérez.

En los años sesenta y setenta, con la primera oleada internacional de cómic adulto, los creadores tuvieron que esforzarse en demostrar que la historieta podía ser muy seria. Así fue como a los géneros clásicos se les añadió no sólo una buena dosis de sofisticado erotismo, sino también un subtexto metafísico que pretendía tocar los temas relevantes del momento a través de la alegoría. Por supuesto todo era puro zeitgeist: la espiritualidad de aquella generación en crisis, que desconfiaba de los valores de sus padres y buscaba una trascendencia que no encontraban en el consumismo capitalista, se filtró a los productos de ocio, imbuidos de una mística con afán trascendente que dio, convenientemente mezclada con las drogas alucinógenas, maravillosas obras cósmicas de exploración interior. Había que conocerse a uno mismo, explicarse el universo desde el individuo. Fue la época del rock prog más excesivo, de la ciencia ficción moralista, del auge de El Señor de los Anillos y la nostalgia del terruño, y fue por supuesto la época de esos cómics de ci-fi lisérgica, llena de colores y formas abstractas, visiones de viajes que buscaban una verdad oculta. Fue la época de Los Humanoides Asociados, de Alejandro Jodorowski y Moebius, Druillet y Caza. Aquellas obras expandieron la mente de sus lectores, pero también los límites de lo que podía contarse en el cómic. De repente, uno podía encontrarse obras densas, con discurso, con niveles de lectura, con la misma intención que una novela de ciencia ficción o un ampuloso disco conceptual. La vigencia de todas estas obras hoy en día depende mucho de la sensibilidad del receptor, claro: yo amo el rock progresivo pero me cuesta mucho leer ese tipo de cómic de ciencia ficción. Y me sucede, precisamente, por todo lo que en su momento fue novedoso y revolucionario: la seriedad excesiva, el afán de trascendencia, los textos farragosos y muchas veces demasiado explicativos. Leer Zora y los hibernautas de Fernando Fernández hoy, por ejemplo, me empacha.

¿A qué viene todo este rollo? Viene a que hoy, en 2015, que estamos ya de vuelta de todo, cada vez que veo un producto que apela únicamente a la nostalgia de aquella época —o de los ochenta— e intenta replicar sin más su espíritu, tiendo a huir. Pero hay otro camino. Siempre lo hay. ¿Cómo recuperar aquel espíritu sin caer en el revival plano o, casi peor, en la parodia cutre? Pues a través de la locura y el humor. Dándole la vuelta como a un calcetín a aquella ciencia ficción, mirarla con ojos actuales, desmitificadores y posmodernos. Todo eso ha sido… No option!, la obra de Pep Pérez publicada en seis cuadernillos por Entrecomics Comics. Arrebatarle las palabras a la ciencia-ficción verborreica la devuelve al terreno de lo simbólico y lo sensorial. Pérez se centra en iconos muy propios del universo pulp —nazis, dinosaurios, bárbaros…— pero los lleva a un terreno loquísimo, narrativo pero entrecortado, donde el color es el protagonista absoluto. Se podría escribir mucho sobre cómo el color narra en …No Option!, y cómo genera texturas, volúmenes, y efectos de profundidad. No sé cómo lo hace, pero el color de Pep Pérez es uno de mis favoritos del cómic actual.

no option 6

Ya he hablado de los números uno a cuatro, así que tampoco quiero repetirme. Pero sí diré que los dos últimos son un final magnífico, sobre todo porque le ha dado la vuelta a las expectativas: las diferentes miniseries que incluye … No Option! empezaron a lo loco, pero las historias se podían seguir, se atisbaban relaciones entre varias de ellas… Y uno tiende a esperar que las cosas se aclaren y se expliquen, que al final todo tenga sentido, porque así nos han adiestrado en la ficción, incluso en la más atípica. Por eso es tan maravilloso que nada se aclare, que dejemos de entender lo poco que entendíamos, que la acción furiosa y cromática se adueñe de todo. En el quinto número Mister Electrón, el gurú que flota en medio del cosmos en perfecta armonía con el mismo, se revela como una especie de demiurgo que desencadena la traca final al golpear la ficha de dominó que inicia la caída imparable de toda la fila. Posiblemente ésa sea mi página favorita de toda la serie, aunque candidatas las hay a montones.

Cuidados como objetos artísticos que son, los seis números de … No Option! son un disfrute delirante, un lugar al que acudir para dejarse llevar y permitir que sus imágenes nos inunden. Constituyen la primera parte, según informa la última página del sexto número. ¿Habrá más … No Option!? Espero que sí.

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3 thoughts on “… No Option! 5 y 6, de Pep Pérez.

  1. habra…si no termina el mundo antes! por fin la dosis de The Watcher and the towe que neccesitaba! ahora ya puedo descansar tranquilo …OLE!!

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