Orgullo y satisfacción n.º 11, de VVAA.

oys11

Mis ocupaciones me están dejando poco tiempo para escribir este mes, pero no quiero que termine sin mi cita mensual con Orgullo y satisfacción, aunque en esta ocasión no tengo tanto que decir.

Sin embargo, sólo por la portada es de justicia que comente el número. El mismo día que se aprobaba definitivamente la Ley Mordaza, esa vergüenza que confío en que dure lo que dure el gobierno que la ha impusto en el poder, Orgullo y satisfacción número 11 aparecía, con una portada desafiante y, al mismo tiempo, simbólica. Una versión aún más cafre de la portada por la cual El Jueves fue secuestrada en 2007. Es una declaración de intenciones perfecta, que además reivindica la libertad del humor y la trayectoria de los autores de esta revista.

Respecto a sus contenidos, en esta ocasión son más variados aún que de costumbre. Quizá por la cercanía del verano, han buscado algunos temas menos políticos o densos. Tal vez por eso el monográfico esté dedicado a las series de televisión. Está organizado en páginas con dos tiras, cada una referida a una serie, de modo que es un repaso bastante completo al panorama actual… Del que yo conozco algo así como el 1%. Vamos, que de todas las series de las que hablan en el monográfico habrá visto tres o cuatro. Pero a pesar de no pillar tan bien los chistes, hay muchas que me han hecho gracia, porque saben ser lo suficientemente abiertas —o referencian otras cuestiones, van más allá de la serie—. A destacar la visión de Paco Alcázar de The Walking Dead y los huevos de Manel Fontdevila colando una tira sobre… ¡Colombo!

Pero en el resto de la revista hay espacio para todo, también para temas más jodidos. Por ejemplo, me ha gustado mucho el documentado informe de Bernardo Vergara sobre el TTIP, que es el tipo de material que diferencia realmente OyS de otras revistas. Siguen siendo chistes, pero el contexto es riguroso y no renuncia a una densidad mínima que seguramente impida que sea de lo más comentado o halagado del número, pero que para mí es de lo mejor del mismo.

Otra historieta que critica sin piedad una cuestión de actualidad que me ha encantado y que imprimiría y repartiría por las casas es la de José Luis Ágreda y Morán sobre los antivacunas, en su sección habitual de «Misterios insondables». En dos páginas explican bien claro qué pasa cuando, llevados por no sé qué criterios mafugos, ciertas personas deciden no vacunar a sus hijos.

Muy reseñables también las dos páginas de Mel sobre el periodismo que nos viene con la Ley Mordaza; decididamente, me gustan mucho más este tipo de páginas mediáticas que «Paco Pánico».

Y, como en casi cada número, Fontdevila sigue empeñado en darnos un chiste de una página que sea antológico. En esta ocasión es el de la página 10, brillante tanto en su concepción como en su ejecución.

Ya en otros derroteros, la historieta de Luis Bustos sobre neotribus urbanas es hilarante —«hilarante»; qué palabra, ¿eh?—, sobre todo por su última viñeta, brutal; por su parte, Paco Sordo sigue a un nivel muy alto en su «Tebeos basura», una de mis secciones favoritas de OyS, con juegos de palabras e imágenes fantásticos, un contenedor de ideas absurdas divertidísimo.

Las entregas de «Las nuevas aventuras de Emilia y Mauricio», «El show de Albert Monteys» y las diferentes series de Paco Alcázar son geniales, y están entre las mejores de la serie. Pero sobre la entrega de «Bienvenidos al futuro» de Manuel Bartual no tengo duda: es mi favorita hasta el momento, porque sabe entrelazar el comentario a la actualidad —todo lo sucedido con los tuits de Guillermo Zapata— con la propia dinámica de la serie y la experimentación narrativa más loca. «Vida de perros» de Vergara progresa, y aunque al principio no me terminaba de convencer, las últimas entregas están muy bien, especialmente la de este número.

Si contamos el número 0, OyS suma ya 12 números, especiales aparte; un año entero de actividad ininterrumpida. Vistos en conjunto, se aprecia claramente una primera etapa de experimentación, de ensayo y error, aunque seguramente más estable de lo que suele ser habitual en otras publicaciones, porque sus responsables no están faltos de experiencia. El cambio más significativo vino con la introducción de series, pero más allá de eso el modelo estuvo desde el principio más o menos claro: una parte de humor costumbrista, una gotas de absurdo, y una parte importante de sátira política en la que siempre está presente la conciencia de que hay que hacer valer la libertad que se tiene para hablar de lo que nadie más puede hablar —en este sentido, seguramente lo más importante ha sido la publicación del dossier de sobre grandes marcas—, pero también para hacerlo con el tono y la extensión que sean necesarios. La segunda mitad del año ha servido para ajustar dicho modelo, terminar de pulir detalles, equilibrar los contenidos y dosificarlos bien —decidir el orden de las colaboraciones no es, en absoluto, baladí— y que los autores con serie fija cojan carrerilla y encuentren el tono. Ahora, con la revista ya asentada, tanto creativamente como a nivel de mercado, toca no acomodarse, seguir ofreciendo novedades, sorprender y no dejar nunca de ser críticos, ni siquiera en lo que respecta a nosotros los lectores. Aquí estaremos para comprobarlo.

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