Orgullo y Satisfacción n.º 14, de VVAA.

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El inicio del curso político —¡topicazo!— ha venido marcado por las elecciones catalanas del 27 de septiembre, un nuevo paso en el proceso de transformación del encaje de Catalunya en el estado español, una cuestión compleja y tan enmarañada a estas alturas que hace falta mucho tiempo y buena voluntad para llegar a tener una opinión propia informada. Con esta patata caliente vuelve Orgullo y Satisfacción, que tras los meses veraniegos, más pobres en cuanto a actualidad política —aunque menos que otros años—, se dispone a recorrer su segundo año de vida con la misma fuerza y la misma mirada afilada sobre el país. En asuntos como el del procés, donde las fronteras entre la izquierda y la derecha se difuminan, los sentimientos personales afloran y no está muy claro cuál es la postura progresista, es donde el oficio de humorista político es más complicado, porque a poco que se sea honrado, se va a ofender a todo el mundo.

Por eso es tan valiosa la historieta sobre las elecciones que ha dibujado Manel Fontdevila, que resume el estado de la cuestión tras los comicios, y refleja perfectamente el estado de incertidumbre que se respira en un momento en el que nada está claro, porque los resultados no definen nada. Es un acierto que se ponga al nivel del suelo, del ciudadano medio, dibujándose como un monigote recorriendo una cuerda floja mientras desarrolla su tesis y desperdiga chistes y comentarios más lúcidos de lo que su posición humilde revela.

En otro tono muy diferente, pero sobre el mismo tema, destacan las dos historias de Alberto González Vázquez. La protagonizada por Mariano Rajoy es buenísima, pero la de Catalunya me ha parecido una barbaridad, de lo mejor que he leído de él. Extrañamente poética, con un uso de la imagen inesperado pero brillante, y un final perfecto.

Otro que da en el clavo con sus viñetas sobre el tema es Guillermo, especialmente con la que refleja lo conveniente que en realidad es la relación entre Rajoy y Artur Mas. El texto de Isaac Rosa también incide en esto y plantea una pregunta clave: ¿hasta qué punto CIU quiere de verdad la independencia?

En este número también destacan muchas entregas de series habituales, que no se acomodan: el experimento formal de Manuel Bartual en «Bienvenidos al futuro», el fantástico «Manual para jóvenes parejas» de Fontdevila, las tiras del «Paco Pánico» de Mel donde el personaje busca una prostituta —es una de las mejores entregas de la serie, creo—, y sobre todo la sensacional entrega de «El Show de Albert Monteys», donde éste despliega una historia en torno a la visita de un cazafacturas de la luz con una imaginación desbordante, sin que nunca deje de parecer que lo que está haciendo es facilísimo. Sólo que no lo es, claro. «Vida de perros» de Bernardo Vergara definitivamente ha despegado; creo que le costó encontrar el punto, pero ya lo tiene, de sobra.

Otras cumbres de Orgullo y Satisfacción 14 son el chiste sobre la eyaculación precog de Paco Sordo —tan absurdo y brillante en la asociación de ideas como siempre—; la tira de los padres de Paco Alcázar, donde aplica su mirada más absurda a una situación cotidiana sobadísima en el humor y consigue un clásico instantáneo; la viñeta sobre la cocina de autor en piso compartido de Miguel Brieva; la viñeta de Oroz sobre las declaraciones de Fernández Díaz relacionando ETA con el proceso catalán —visualmente brutal—; y la de Monteys sobre la visita de Rajoy a El hormiguero, que me hace reír cada vez que la recuerdo.

En cuanto al dossier, en esta ocasión trata un tema cuya aparición era cuestión de tiempo: las redes sociales. En general se evitan los tópicos —alguno hay, pero es un tema sobre el que constantemente se están haciendo bromas, la mayoría MUY quemadas—, y la historieta larga de Monteys en concreto es divertídisima; tras disparar un par de veces contra el tema, la versión más gruñona del autor se despacha a gusto con el tema. Luis Bustos hace lo mismo con el Whatsapp, en otra gran aportación donde sigue demostrando su versatilidad.

No sé si por ser conscientes de que en septiembre el público y los medios vuelven a prestar atención a todo después de dos meses dispersos, o porque simplemente ha sucedido así, creo que este número ha quedado especialmente redondo. Algunas colaboraciones están entre lo mejor de lo publicado hasta ahora, y el nivel medio es bastante alto; incluso las cosas que menos me gustan me han gustado más que otras veces. Pero más allá de eso, que no deja de ser una cuestión personal, creo que el equilibrio que han encontrado entre costumbrismo y política por un lado y series y historias únicas por otro funciona muy bien. Creo que es ahora cuando la revista está realmente madura, y ahora el desafío será no bajar el nivel.

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