Fanzines, fanzines everywhere.

En el pasado GRAF celebrado en Madrid adquirí unos cuantos fanzines. Bueno, en realidad, volví a casa con una tonelada de material. Tanto, que todavía no he podido leer todo. Pero sí he podido ir leyendo algunas cosas, que creo que merece la pena comentar, aunque sea brevemente. Vamos allá.

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El GRAF vino acompañado de una nueva dosis de la obra de Nacho García, un nuevo cuadernillo fotocopiado y grapado que lleva por título The best of Donald. Se trata de una colección de tiras de tres viñetas protagonizadas por Donald, un smiley, que hace cosas. La primera viñeta de cada tira siempre es la misma, y muestra el título y una pose neutra del «personaje», para luego desarrollar una peripecia mínima en las otras dos viñetas. Lo más divertido es cómo de algo que surge como un juego nimio Nacho García acaba construyendo una subversión de la tira de prensa, al hacer a Donald consciente del medio y de su lenguaje, de modo que se niega a seguir jugando. Lo interesante aquí, como sucede a menudo en la obra de García, es que la aparente falta de ambición hace que funcione mucho mejor algo que, excesivamente intelectualizado, dejaría de funcionar con la inmediatez de este gag.

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Bajo la influencia, precisamente, de Nacho García, parece estar Por poco muero en Murcia, un fanzine de la prolífica Klari Moreno, que presentó en GRAF un buen puñado de obras. Ésta puede parecer una menor, pero nada más lejos; es una cosa divertídisma, una colección de frases de mierda, conversaciones tópicas y opiniones cuñadas —«Yo es que soy un poco bipolar»; «Tenemos que vernos más»— combinadas con dibujos geómetricos, rápidos, personajes deformes. Se trata, además, de un fanzine que se vendía con otros dos en un pack de fanzines «feos»; Compendio de animales feos que dicen frases aún más feas, de Merluzo Cómics, una colección de dibujos de animales raros antropomorfos que dicen, también, frases chungas y sobadas, y En mi pecho de fuego aún queda hueco para templar tu cuchillo, de  Pablo M. Ballarín, una historia muda sobre un niño y una niña que sacrifican un corderito para invocar al muñeco de Michelín.

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El GRAF también fue el lugar donde encontrar una de las creaciones más potentes del sello de Moreno, La malvada: el fanzine colectivo Amigas. Su tercer número, con una excelente portada de Conxita Herrero, supone el más ambicioso de esta publicación feminista sin concesiones, bruta, punki y radical. A la habitual mezcla de ilustración, cómic y prosa se suma en esta ocasión una entrevista con la actriz porno Amarna Miller, y varias fotografías. La reapropiación de conceptos misóginos es una de sus virtudes, por ejemplo, en los textos «El día que me convertí en feminazi» o «Guarras, putas y feas». También encontramos algunos de los dibujos BDSM de la propia Klari Moreno, y en cuanto a las historietas, hay varias muy potentes. Mis favoritas son la de Joaquín Guirao, donde retoma a las dos protagonistas de Love Thing —quizá su obra que más me ha gustado hasta ahora— y «Escote de guarra», de Maite Caballero.

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Cafre es una recopilación de historias cortas de Pablo Taladro. Humor negro, a veces escatológico, en su línea habitual, mala hostia underground y personajes muy jodidos. O sea: todo bien. Es verdad que a mí, en general, la escatología no me dice nada por sí sola, pero Taladro tiene gracia empleándola y tiene algunas historias muy divertidas. Por ejemplo en «Prof. Buen Hombre y Perro Abandonado en: “hay que hacer las cosas bien”», sobre un perro antropomorfo traficante de droga, que creo que es la mejor historia de este fanzine.

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También hay mucha escatología en el primer número de Atraco, un fanzine colectivo a color. Además de ofrecer un buen puñado de páginas de Guirao —atención, sobre todo, a la de la página 44— reúne a varios autores y autoras de su círculo, una lista muy potente y representativa de toda una corriente de la autoedición actual. Me da la sensación de que este fanzine está pasando demasiado desapercibido para incluir páginas de gente como Sama, Romano, JHF, Óscar Riquelme, MA o Gabi —todos provenientes del Migas—. La primera historia de Gabi, concretamente, no sólo es la más larga del cómic, sino que también es de las mejores y más bestias; en genera me suele encantar todo lo que hace Gabi, de todas formas. También hay una historia muy oscura de la excelente Iria Alcojor, otra de Magius sobre el Zorroclocos e Lobos, el evento de autoedición de Murcia, y un sorpresón: varias de las páginas más bestias de Michael Perrinow publicadas en la red originalmente, en la que creo que es su primera colaboración en un medio impreso.

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Poder bajo es una recopilación de historias de Antoine le Viril publicadas entre 2010 y 2015. Se trata de uno de los autores más oscuros de los que han pasado por el fanzine Migas, y uno de los que tiene una obra más controvertida, del tipo que sabemos que precisamente sólo tiene sentido en la autoedición. Gráficamente recuerda mucho a la tendencia más tosca y espontánea del underground original, aquélla que recogía a autores con carencias técnicas evidentes pero que hacían de ello una virtud, porque nada se ajusta mejor a lo que cuentan que ese estilo. Es el caso de Antoine le Viril, cuyo Aquí abajo cabrón me fascinó por su falta de filtros y su brutalidad directa. En estas historias, con mayor o menor fortuna, abunda en ese universo oscuro, donde se subvierte la corrección política y se reniega de las relaciones de pareja modernas. Sus personajes a veces son misóginos, otras parecen estar resentidos —el hombre feo que desvela a su hijo que todos los niños los traen «los hombres que tienen el rabo como el cuello de una cigüeña»—, y las mujeres pueden ser insensibles y tiranas. Pero, curiosamente, en otras historias hay una inversión de roles que subvierte ese orden… y cuya clasificación e intención son peliagudas. En «Foxy Boy», una mujer recurre a los servicios de un prostituto, sólo para descubrir al terminar que era un policía, y ser detenida. Es un tópico de relato claramente masculino, que aquí se invierte de un modo bestia —incluso en la representación gráfica: la cliente le pisa la cabeza al hombre mientras se lo folla—, como todo lo que hace Le Viril, pero que permite, si vamos más allá, cierta reflexión. Lo mismo sucede con una de las más interesantes, «Las mujeres que no amaban a los hombres», donde se plantea un escenario en el que tanto hombres como mujeres son «hembras». Es decir: hay mujeres femeninas y mujeres masculinas. Los hombres de verdad están casi extintos, sólo queda alguno confinado en una «prisión para subhumanos» donde se le conserva como un resto del pasado, que le da un consejo a una mujer masculina que acude a él para solucionar sus problemas de pareja: «trátala como una diosa, como si estuvieras desesperado […] Recuerda: cuanto más cacho pan y mejor persona demuestres ser, más interesante y menos aburrido le parecerás». La intención del macho arcaico es justamente la contraria: que comportándose así, la mujer femenina pase de su culo.

La controversia que suscita el análisis de género de estas historias se debe precisamente a esa ambigüedad ideológica llena de contradicción y ambivalencias, fruto de la indeterminación en la que se mueve y en la dificultad de separar discurso de ficción. Pero no puedo negar que me parece una obra atractiva, precisamente por sus espinas.

panorama esperanzador

Y terminamos por hoy con dos cuadernillos de ilustraciones. El primero, publicado por El verano del cohete, es obra de Borja González, y lleva por título Panorama esperanzador. Se trata de una serie de dibujos protagonizados por mujeres, que desconcierta porque no parecen tener solución de continuidad: en ocasiones parece que estemos en las coordenadas de un cuento fantástico medieval, pero, de repente, parecen estar en un estudio de grabación tocando música. Gráficamente el conjunto es muy atractivo y potente, sobre todo por la composición: las figuras humanas están siempre en un tercio de la página, de modo que sobre ellas cae todo el peso de las estancias.

románticos ciberpunk

El otro fanzine de ilustraciones, Románticos ciberpunk, es obra de uno de los autores de vanguardia más interesantes: Roberto Massó. En la misma línea que su mejor obra hasta la fecha, Extrasolar, dibuja a una serie de personajes en el espacio, mirando de espaldas la mayor parte de las veces al infinito del cosmos, que Massó representa empleando fotografías, pero tratadas gráficamente para que queden plenamente integradas en un grafismo retro, de puntitos, que emplea con mucha eficacia tramas mecánicas y dos tintas, roja y azul. El resultado es evocador, y recuerda a las imágenes reproducidas para ser vistas con gafas de tres dimensiones.

Hala, ya tenéis lectura para una temporada.


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