Orgullo y Satisfacción, extra elecciones, de VVAA.

oys elecciones

Llevo un par de meses inundado de lecturas —y escrituras—, y por eso he faltado a mi cita con Orgullo y Satisfacción últimamente. Aunque, por supuesto, haya seguido leyendo y disfutando la revista, que mantiene el mismo nivel y sigue ofreciendo varias perlas en cada número. Ha perdido, claro, capacidad de sorpresa, pero es que no se puede reinventar la rueda a cada rato; ahora lo que toca es consolidarse, crecer, desarrollar las series que han creado… Y eso lo están haciendo bien, al mismo tiempo que no pierden mordiente y siguen demostrando —cuando toca— qué significa ser una revista de humor «sin amo». Pero creo que su último invento merece unas palabras. Unas horas después del final de la jornada electoral del pasado 20 de diciembre, lanzaban a la red un especial sobre las elecciones y sus resultados, un especial fuera de colección, que había que comprar al margen de la suscripción.

No sé si el experimento tiene precedentes, pero, desde luego, no ha debido de ser fácil. La plantilla de OyS ha trabajado a destajo, sin trampa ni cartón, porque lo incierto de los resultados impedía tener preparados más chistes que los que corresponden a la campaña electoral, y tal vez alguna página más que se refiere más a la previa de las elecciones que a sus resultados. El resultado es fantástico: una respuesta en caliente a un momento clave de la democracia, donde, por primera vez en treinta años o más, la partida no la juegan solas dos formaciones políticas. Había mucho que analizar, mucho que satirizar, también, y estoy seguro de que el próximo número de la revista también dará buena cuenta de ello. Pero ahora lo que tocaba es esa respuesta inmediata, sin tiempo, en esa distancia corta propia de la prensa diaria donde los humoristas gráficos se la juegan.

Desde la portada, con Mariano y Pedro proponiendo un candidato por consenso, se demuestra esa inmediatez. El editorial transmite el caos que ha debido de ser preparar todo esto, y las primeras páginas, «¡Esto es un lío!» pasa revista a todas las posibilidades de pactos. Aquí son fantásticas las viñetas de Manel Fontdevila sobre el posible pacto de Podemos con PSOE. Fontdevila, que suele ser escéptico con ambos partidos, y se ha caracterizado siempre por no dar un cheque en blanco a la nueva izquierda, aquí afila el ingenio hasta límites dolorosos: «Ah, si se uniera toda la izquierda… si se uniera a mí…». El chiste de Monteys sobre el pacto de UPyD, Vox y Unió todavía me tiene riéndome tontamente cuando me acuerdo. Bernardo Vergara arremete con mucha mala leche contra el concepto de centro político y cómo se ha convertido en un espacio virtual —y falso— que los cuatro partidos con más votos quieren ocupar, de un modo u otro. Toni tiene un chiste muy bestia (p. 14) que me ha sorprendido, porque no suele provocarme reacciones viscerales este autor. Luis Bustos pasa revista a la campaña electoral, ese show, a ratos vergonzoso, a ratos tristísimo, en el que la imagen y la chorrada han primado por encima de los mensajes y las ideologías. Como siempre, claro, lo que pasa es que Trancas y Barrancas le añaden a todo un plus de pochismo. Bustos ha alcanzado un nivel tremendo en este tipo de historietas con mucha información, distribuida por módulos, y su forma de tomarle el pulso a la actualidad, entremezclando lenguaje de redes y elementos de la cultura popular lo han convertido en uno de los más originales dibujantes humorísticos, seguramente porque viene de un campo diferente al humor gráfico de prensa y sus referentes son otros. Manuel Bartual pone el dedo en la llaga de las encuestas, que este año han estado especialmente alejadas de los resultados, de un modo difícilmente defendible. Mel, por su parte, tiene su mejor colaboración en dos páginas que denuncian la marginación de dos candidatos con representación en el Congreso, Garzón y Herzog, y está muy lúcido en su reflexión de cómo los medios influyen en la intención de voto y se retroalimentan con las encuestas para marcar la agenda de la campaña y la visibilidad de los candidatos; por eso se complementa muy bien con la historieta de Bartual.

Y luego están las locuras, las aproximaciones al tema completamente marcianas, sin análisis serio, que buscan otra cosa. Y ahí, por supuesto, los reyes son Paco Alcázar y Alberto González Vázquez. El primero rescata a su gran analista, Francisco Velasco, para acercarse al tema de los colegios electorales y todo lo que en ellos puede llegar a ocurrir. Y el segundo firma dos páginas apoteósicas sobre Pedro Sánchez tras saber los resultados, con una última frase que no voy a desvelar pero que es un clásico instantáneo. Más en esta línea: los teleñecos de Triz y una viñeta excelente de Oroz en la que a propósito de la «operación menina» homenajea el cuadro de Velázquez.

El especial se cierra con un conjunto de páginas que funciona como diario de campaña, y que repasa sus hitos, pero también su esperpento. Y la última página es una barbaridad, un último disparo al centro de la diana, que con una sola imagen resume muchas cosas, al tiempo que genera una continuidad interna en la publicación. No digo más.

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