Migas, de VVAA.

migas portada

Hace unos meses apareció el último número de Migas Fanthing, y si no he hablado antes del acontecimiento, ha sido por querer esperar a un momento en el que pudiera dedicarle cierta reflexión. Han sido cinco años de fanzine colectivo —aunque yo lo descubrí bastante tarde—, por el que han pasado numerosas firmas que se han unido al núcleo duro que, en 2010, inició el proyecto en la facultad de Bellas Artes de Madrid. Lo interesante de Migas ha sido que ha dado espacio a varias decenas de dibujantes, de todo tipo de estilos, y en diferentes momentos de su progresión. Los ha habido más y menos verdes, pero siempre se ha tenido presente que, precisamente, se trataba de dar espacio para crecer. Y siempre, por supuesto, ha dado la sensación de ser un proyecto de amigos, que se lo pasaban genial haciéndolo y que eran además muy prolíficos: en cada evento donde iban llevaban siempre un buen puñado de novedades.

Con ese espíritu, no sorprende el eclecticismo que ha estado siempre presente en todos sus números. Migas ha tenido todo tipo de influencias, temas y estilos. Es muy difícil clasificarlo en el panorama del fanzine español, porque no es exactamente vanguardia, pero tampoco es underground —o lo que hoy podemos considerar como heredero del underground original—; no es humor escatólogico, aunque a veces lo contenga, ni es paródico, aunque tenga parodias, ni friki, aunque algunas referencias lo sean. Es una especie de cristal de muchas facetas: según cuál miremos, nos parece una cosa u otra. Por momentos, parece seguir la estela de Adobo, pero otras, se sumerge en las historias desconcertantes, narrativamente rompedoras, de Daniel Clowes o David Sánchez. Pero siempre se hace desde la libertad y lo lúdico, sin tabúes, sin límites, con la conciencia de qué supone editar un fanzine a nivel de autogestión, aunque rara vez haya una militancia explícita.

En las páginas de Migas he visto encontrar un estilo sintético y modo de contar las cosas totalmente personal a Pablo Romano¸ a Gabi desarrollar un universo hermético y magnético, a Montoya o Sama pulirse y alcanzar interesantes cotas, a MA convertirse en un dibujante versátil y a Riquelme en uno técnicamente notable. En Migas fue donde descubrí al siempre oscuro Antoine Le Viril, y fue el primer sitio donde vi páginas de Conxita Herrero o Iria Alcojor, y donde ha publicado algunas de sus mejores historietas Joaquín Guirao. Han pasado por el fanzine El otro Samu, Fresús y Nacho García, por nombrar a algunos de los invitados más interesantes; pero, si repasamos la lista completa, es sorprendente cómo han conseguido liar a tanta gente buena. O no, porque el proyecto siempre ha sido abierto, y su espíritu es contagioso.

¿Qué podemos encontrar en este último número? Voy a ser sincero: para mí, de los números que he podido leer el mejor ha sido el décimo, el de las Spice Girl Power Rangers en portada. Es la cima de Migas. Pero el último está a una muy buena altura, la verdad. Tiene la novedad de incorporar un encarte central a color, con páginas muy potentes de Sama y Leo Könndeplus, además de dos de Nacho García en su registro más loco y fuera de la realidad. Una historieta cotidiana y desarmantemente sincera de Fresús abre el Migas, una buena forma de empezar la despedida. Las historias de Roberta Vázquez y Conxita Herrero son fantásticas, y el siempre interesante Joaquín Aldeguer entrega varias páginas de chistes y dibujos sueltos en su habitual estilo geométrico. «Coleguis» de JHF funciona como un tiro, igual que las páginas de Daniel Tudelilla, «La gata», una historia dura y sorprendentemente sombría. Iria Alcojor está tan bien como siempre: tengo muchas ganas de ver algo suyo un poco más largo. Guirao tiene dos historietas, una sobre un fanzinero elitista que se sitúa casi en las antípodas del proyecto de Migas, y otra de un roboto, en su línea más narrativamente oscura. Romano se despide con una historieta cómica y negra, Montoya lo hace con una crítica de la crítica al arte moderno.

Son mis piezas favoritas de este número, pero hay bastantes más autores. Es uno de los Migas con más invitados, y con más variedad de estilos, lo que supone un fantástico colofón al que ha sido uno de los fanzines más interesantes de su época. Leo las últimas páginas con cierta tristeza, porque el Migas siempre era un placer, pero también con la ilusión de entender que se cierra una etapa, que no es el fin de nada, sino el principio. Estoy seguro de que el núcleo de Migas seguirá dibujando, y seguirá creciendo. Son parte de una generación que lo tiene todo para ser la más libre artísticamente de todas, y las voces que ellos aportan resultan imprescindibles en este nuevo escenario que está gestándose desde la autoedición. No sabemos dónde estarán dentro de, pongamos, cinco años, pero esa incertidumbre es emocionante. Todo es posible. Pero el Migas quedará siempre como un muestrario de talento en crudo, sin procesar, que en el futuro se recordará como la primera publicación donde pudieron leerse páginas de artistas destacados.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s