Usted no es una persona normal, de Borja Crespo

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Borja Crespo es una de esas personas con las que trabajar es un gustazo. Serio cuando hay que serlo, profesional, cordial… Y un currante. Creo que su labor en el sector del cómic español es esencial para entender el camino que hemos recorrido. Y dice mucho de su carácter que sea de los pocos que empezó a picar piedra en el medio en los años 90 en la divulgación y la organización de eventos que aún sigue al pie del cañón, sin haberse quemado. Todo esto es cierto, pero también lo es que Borja, al menos en internet, es un misántropo gruñón que señala los vicios del público y siempre da una nota discordante. Siempre he pensado que los cínicos son, en realidad, humanistas: sólo si te importan lo suficiente la sociedad y la gente te molestas en criticarlas.

Por eso es interesante leer la recopilación de textos que ha publicado Libros de Autoengaño bajo el título de Usted no es una persona normal. En este libro —cuyo título tiene connotaciones positivas— Crespo despliega una prosa directa, de frases cortas y a veces duras, como una ráfaga de balas de humor negro y sana escatología. Cada uno de los textos, aparecidos en medios como Cactus o El butano popular, es un golpe contundente. Dentro de su estilo, algunas piezas son redondas: buscan la provocación, pero cuando la consigue por el camino fácil, él mismo se censura y hasta se ridiculiza, porque no se excluye de la crítica.

Observando el conjunto con cierta perspectiva, Usted no es una persona normal supone un retrato a brochazos del momento actual, dominado por internet y las redes sociales. Tiene cierta intención sociológica, y analiza cómo somos aquí y ahora: cómo nos ha cambiado la vida, qué buscamos en la red, cómo ha generado una nueva forma de relacionarse… Y cómo ha afectado a la producción y el consumo de cultura, una de las claves del libro. En estos relatos de autoficción se muestra una crítica ácida, poco complaciente, que apunta a la pérdida de autenticidad y sinceridad, y subraya la construcción del gigantesco simulacro que vivimos a diario. Textos como «Facefuck», «Tu muro de Facebook» o «Hipsterical: muerte de un bloguero» hablan de una carrera a ninguna parte por ser el más popular o el que tiene más likes del pueblo, a costa de lo que sea: una actitud que tan bien satirizó Crespo en Neuroworld, el largometraje que dirigió en 2014 basándose en el universo de Miguel Ángel Martín —otro misántropo que no se rinde.

Crespo se acuerda de cuando las cosas eran de otra forma, cuando para localizar a alguien tenías que llamarle al fijo —bueno, lo llamábamos «teléfono», a secas— o recorrerte los bares buscándole. Pero no mitifica todo aquello; de hecho, la inclusión de un par de historias de su infancia deja claro que tampoco es que piense que antes todo era maravilloso. No es casual que la palabra «contradicción» aparezca con frecuencia en estas páginas. Al fin y al cabo, fueron publicadas previamente en medios digitales, de los que viven, en parte, de los likes y la difusión. Como gestor cultural —«La puta gestión cultural»—, Crespo sabe bien que la promoción y el saberse vender son claves. Él mismo es usuario de redes sociales y mantiene una presencia en internet desde antes de que fuera algo verdaderamente masivo y generalizado; en ese equilibrio precario lleno de contradicciones se tiene que mover uno hoy. Yo, que aunque no sea de su generación recuerdo la época en la que nadie tenía móvil, y cómo con veintipocos años juraba y rejuraba que nunca jamás me metería en internet, entiendo bien esa postura y empatizo con ella: miradme ahora, con blog, twitter y toda la pesca. Aunque con móvil del Pleistoceno, eso sí.

Lo más importante que nos da Usted no es una persona normal —que incluye, no lo he dicho aún, un magnífico prólogo de Rubén Lardín y un buen puñado de dibujos de artistas de todo tipo— es la conciencia de que cierta resistencia es posible. Una especie de tercera vía entre lo apocalíptico y lo integrado, en la que se reivindica la mesura, el autocontrol, dejar a veces de lado el egocentrismo del selfie y disfrutar las cosas directamente. Escuchar en silencio en un concierto, ver la película en el cine, guardarte alguna cosa para ti y los tuyos, sin necesidad de compartirlo todo en red. Hay que ver los nuevos tiempos no como un campo abonado para el exhibicionismo onanista, sino como una oportunidad única en la historia de la humanidad: al final, internet nos ha dado mucho más de lo que nos ha quitado, y en nuestras manos está recuperar esto último. Crespo, en esta colección de relatos a ratos divertidos, a ratos negros y a ratos llenos de una costra de roña, en el fondo lo demuestra, aunque parezca lo contrario.


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