Héroes del blues, el jazz y el country, de Robert Crumb

héroes del jazz

En este 2016 ha sido publicado en España un libro de Robert Crumb que, tal vez por no ser un cómic, ha pasado desapercibido entre los medios especializados. Hablo de Héroes del blues, el jazz y el country (Nórdica Cómic), un libro de pequeño formato en tapa dura, que recopila varias decenas de retratos de los pioneros de la música popular americana, representantes de tres géneros de los que emana prácticamente todo lo que escuchamos hoy en las radios. Quien conozca la figura de Crumb ya supondrá que esto es, ante todo, una obra de amor: el autor es un fanático de los discos de 78 r.p.m. y de la historia olvidada de un star system que brilló en la bisagra entre los veinte y los treinta para extinguirse después. Leyendo los textos de expertos en aquella música que acompañan los retratos, podemos descubrir que, salvo algunas excepciones, las estrellas de aquella música pre instrumentos eléctricos y pre vinilo concentraron sus composiciones y grabaciones en muy pocos años y luego se dedicaron a otros menesteres. Muchos de los músicos negros que inventaron el blues, de hecho, acabaron convertidos en predicadores.

Estas ilustraciones —concebidas inicialmente para ser una colección de cromos— muestran al Crumb más realista, aunque el punto exacto de caricatura —cariñosa caricatura— emana en cada página. Los músicos de jazz están coloreados en acuarela con mucho oficio por parte de Crumb, pero, en mi opinión, es el pantone la herramienta con la que consigue los mejores resultados y revela la gran potencia del dibujo: una fotografía en tonos sepia de estos mismos artistas nos transmitiría una sensación inmediata de algo viejo, pasado, obsoleto. Pero, a través del dibujo y el color, Crumb revela el brillo perdido y actualiza las figuras olvidadas como si hubieran sido víctimas de un cataclismo.

Lo más interesante de este repaso a las músicas de principios del siglo XX norteamericano es el fresco que compone de una época que hoy parece casi remota, protagonizada por una música acústica llevada de los campos de algodón trabajados por esclavos, una música de la tierra y del campo, interpretada con pasión más que con virtuosismo —aunque algún virtuoso había—. Cada estilo en su ámbito de influencia —el blues en el sur, el jazz más concretamente en Lousiana, Illinois y Misuri, el country en el medio este—, dominaron el ocio y la cultura musical de un pueblo en depresión, ávido de diversiones ligeras. Los ritmos de la guitarra, el banjo y la armónica, los instrumentos de viento metal y las voces temblorosas y rasgadas de aquellos hombres y mujeres dan forma a este universo en el que brillaron, pero en el que, sobre todo, se hartaron de trabajar. Eran, con frecuencia, músicos de la carretera, de directo, de actuar un día aquí y al siguiente allá, sin parar, para los que las sesiones de grabación eran algo puntual y que llega sólo cuando la tecnología lo permite, a mediados de los años veinte y, sobre todo, entre 1927 y 1931, periodo al que pertenecen las grabaciones incluidas en el maravilloso CD que incluye el libro. Entre estos artistas había varios músicos callejeros —varios ciegos—, familias de granjeros del medio este, y dandys vestidos de gala. Algunos de ellos murieron prematuramente, otros abandonaron la música para siempre cuando pasó de moda lo que hacían, a otros, simplemente, la historia les ha perdido la pista.

Leyendo este libro, es fácil entender la obsesión de Crumb y de ese puñado de estudiosos por este periodo: ejerce la fascinación de lo olvidado, de lo que está desapareciendo. Cada copia de cada disco de aquella época es un tesoro. Crumb, que cuando se mezclaba con los hippies despreciaba su música psicodélica por moderna, admira la música de los viejos tiempos, las oldies but goldies de una época más calmada, con un sonido imperfecto pero vibrante de vida. Antes de que el rock revolucionara EE UU, ésta era la música del pueblo. Recuperarla es un ejercicio interesante, que nada tiene que ver con la nostalgia y mucho con la historia cultural de nuestra civilización.


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