Insecto, de Maria Llovet

portada insecto

Maria Llovet es una dibujante española, de marcada influencia manga, que ya ha publicado varias obras, y que este año ha repetido en Norma Editorial con Insecto, un libro que me ha resultado interesante por muchos motivos, y que ha sido el primero que he leído de Llovet. El primero es el hecho de que Llovet ha conseguido trasladar el formato del manga y varios elementos de su narrativa sin producir un calco, sino, más bien, tomándolos como punto de partida. En Insecto hay algunas composiciones de página que prestan especial atención a los detalles y que recuerdan a muchos autores manga, pero también hay otras que se recrean en secuencias fragmentadas (p. 54) que son, en realidad más propias de un autor europeo como Guido Crepax, al que también me recuerda el especial sentido de lo erótico de Llovet. Seguramente, el hecho de que explique que la primera y la última escena de este cómic se dibujaron bajo la influencia de una muy occidental balada de los sesenta —California Dreamin’ de The Mamas and the Papas— también deba ser tenido en cuenta, así como cierta influencia del cine más intimista.

Pero en realidad lo interesante de Insecto es que Maria Llovet trasciende esas influencias para armar un relato muy sólido, donde lo gráfico tiene un papel primordial en tanto que es una obra sensorial —como todas las eróticas—, donde es importante que el lector pueda saborear y oler. El delicado trazo de pincel de Llovet estiliza los cuerpos andróginos adolescentes y se recrea en ellos, pero tampoco olvida la importancia de las expresiones: en este cómic, los dos protagonistas parecen estar siempre serios, lánguidos. No hay apenas sonrisas —salvo las de insinuación sexual— y en toda la historia sobrevuela siempre una tensión que amenaza con arruinar la historia de amor.

No lo he dicho todavía, pero precisamente en la naturaleza de esa historia reside el conflicto y el motor narrativo del cómic: Lucas y Lea, los dos enamorados, también son hermanos. Se quieren y se desean, y mantienen una relación furtiva y morbosa a espaldas de todos. Insecto, de hecho, es un título que remite a la palabra «incesto», filtrada por la dislexia de Lucas. Llovet maneja los tópicos del amor adolescente y el descubrimiento del sexo, así como la exploración de los límites ajenos y propios. Hay algo de juego de seducción y dominación —incluso una escena, muy soft, de bondage—, pero tanto esto como cualquier otro aspecto de la relación amorosa están plasmados con una sensibilidad sutil y elíptica. Y no me refiero a que se omita el sexo explícito, que sería lo de menos, sino a la manera tan madura e impropia de una autora joven de mostrar todas las dudas y dilemas de Lea y Lucas a través de sus acciones, sin emplear apenas diálogos, que son más bien apuntes, pistas simbólicas de lo que está pasando: que ambos saben que lo que hacen no está socialmente aceptado, que su madre —una madre quizás demasiado convenientemente frívola y superficial: un secundario ad hoc poco verosímil pero que funciona como contraste— no lo entenderá y probablemente los repudie, y que todo sería más fácil si pudieran cambiar sus sentimientos. Pero nada de todo esto se pone por escrito; lo que vemos es cómo ambos intentan acostarte con otras personas, aunque, por supuesto hay siempre una sombra de deseo de provocar celos al otro. De hecho, otra cosa interesante de Insecto es que los aspectos más peliagudos de la relación no tienen que ver con el hecho de que sea un incesto, sino con juegos casi psicodramáticos que pueden ser comunes a toda relación.

Al fin y al cabo, todo depende del punto de vista. El incesto no es un tabú universal, y basta un ligero cambio en el punto de vista o en la voz narrativa para que no nos parezca rechazable. En Insecto, sólo percibimos que lo es por el silencio y la clandestinidad de la relación entre ambos hermanos, pero, sobre todo, cuando por primera vez vemos la relación a través de los ojos de otro, de la madre, en este caso, y ya cerca del desenlace de la historia: hasta entonces, lo que veíamos era una historia de amor y sexo entre dos adolescentes que se quieren y que tienen las hormonas como hay que tenerlas en la pubertad.

Supongo que a estas alturas la temática de Insecto no debería ser un reclamo morboso ni un motivo de escándalo, aunque seguramente pueda serlo. Sin embargo, creo que lo que de verdad debería llamar la atención es la calidad de una excelente dibujante, especialmente dotada para el dibujo del cuerpo humano, y que ha sintetizado lo mejor de sus influencias para plasmarlo en un tono sutil, nada verborreico, que sugiere y apunta sin subrayados, y que consigue una obra de una fuerza poética innegable.


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