Fuga de la muerte, de Fidel Martínez

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Cuando tenía dieciocho años mi profesor de Historia de COU, Felipe, nos llevó un día a clase unas fotocopias del poema Fuga de la muerte de Paul Celan. A Felipe le debo muchas cosas, la menor de las cuales no es el descubrimiento de este texto, que expresa de un modo único y oscuro el horror innombrable del exterminio nazi. Desde entonces, la verdad es que no me he convertido en lector asiduo de Celan, más allá de alguna cosa, pero aquellos versos siempre los he tenido presentes (… Tus cabellos de oro Margarete / Tus cabellos de ceniza Sulamita…).

Por eso suscitó en mí un inmediato interés Fuga de la muerte (De Ponent), una novela gráfica de Fidel Martínez, dibujante que además me interesaba por ser coautor junto a Jorge García de Cuerda de presas (Astiberri, 2005), un cómic irregular pero interesante sobre las mujeres represaliadas por el franquismo. En Fuga de la muerte asume la autoría completa para contar la juventud de Celan, desde que empieza los estudios superiores en Rumanía hasta que sus padres son asesinados duante el Holocausto. Hay aún unas páginas más para contar el suicidio de Celan, que llevó a cabo antes de cumplir los cincuenta años, pero es simplemente un vistazo al futuro; nada se cuenta de sus años de madurez y de su producción literaria posterior a la segunda guerra mundial.

El trabajo de Fidel Martínez se inserta en una tradición que parecía, hoy, ya de otra época: su dibujo, afilado y nervioso, en el que exhibe un gran dominio de la línea y de la mancha, recuerda a Federico del Barrio y otros autores que asumieron la influencia expresionista para abrir una nueva vía estética en el cómic adulto de los ochenta y los noventa, que reivindicaba al cómic como medio de expresión artístico alejado del realismo fotográfico, del academicismo clásico de inspiración tardorromántica e incluso de la caricatura. En ese sentido, Martínez realiza un gran trabajo, expresivo y rabioso, con elementos simbólicos bien medidos y distribuidos por el libro. La manera en la que economiza en fondos para dotar de mayor fuerza a las figuras humanas recuerda al Guibert de La infancia de Alan (Sins Entido, 2013).

En los textos, Fuga de la muerte recuerda igualmente a modelos hoy  casi en desuso: se trata de un cómic con una fuerte carga literaria, donde los textos se mueven en un estilo sobrio y con pretensiones de calidad novelística. Es un terreno que la novela gráfica contemporánea, salvo excepciones, está evitando, en favor del texto más oral y / o sintético, y por buenas razones: los riesgos que corre un autor cuando entra en él no son pocos. El barroquismo excesivo o las pretensiones de una calidad que corresponde a otro medio —obviamente, ni mejor ni peor, no vamos a estar a estas alturas explicando esto— a menudo produce cómics farragosos o ampulosos. Es difícil mantener el equilibrio cuando uno se propone construir una obra sobre este tono —exento, casi siempre, de una ironía que alivie o compense la gravedad del texto—. En España tenemos un ejemplo que, creo, es también referente directo de Martínez: Felipe Hernández Cava, un autor serio, de estilo elaborado y aire literario, pero que en ocasiones ha producido obras excelentes en las que dicho estilo funcionaba perfectamente; otras, en mi opinión, no tanto.

En el caso de Fuga de la muerte, Martínez también consigue encajar esa densidad literaria en el relato oscuro que está contando. Es verdad que al principio de la obra peca de ampulosidad cuando, tras dibujar —con un trazo como cuchilla, magnífico— la historia bíblica de la torre de Babel, introduce una secuencia en la que un Celan niño anuncia a su padre que renuncia a estudiar hebreo. El texto de apoyo que cierra la secuencia, «Como en aquel relato bíblico, la imposibilidad de una misma lengua, nos había distanciado para siempre», no sólo es redundante, sino que además resta fuerza a la metáfora, al explicarla. Es el típico caso en el que el miedo a que el lector no comprenda un recurso lleva a sobreexplicarlo. También encontramos en esas primeras páginas algunos diálogos excesivamente artificiosos y elaborados, incluso si tenemos en cuenta que la intención de Martínez no es la de reproducir ningún nivel de oralidad.

Pero, ya sea porque el autor ajusta el tono muy pronto, o porque el lector entra en su propuesta enseguida —o tal vez por una mezcla de ambas cosas—, Fuga de la muerte nos absorbe en su relato de una Europa del este devastada y oscura, que el blanco y negro sin grises de Fidel Martínez reproduce a un nivel sensorial; no se trata de representar minuciosamente cada casa o cada vehículo, sino de transmitir una serie de emociones y sensaciones que estarían presentes en la calle para cualquier judío rumano de la época. Logra, en las páginas más inspiradas, una fuerza gráfica innegable. El narrador en primera persona, el propio Celan, funciona bien y justifica, al estar rememorando su biografía, ese estilo literario que sólo desborda en momentos puntuales —y casi todos al principio de libro—. Con esas herramientas contundentes, Martínez puede sumergirse en el relato de una Europa rota, y de un país menor ocupado primero por la URSS y después por la Alemania nazi, una Rumanía cuya población, especialmente la judía, se vio maltratada y utilizada sin escrúpulos. La obra, a través de la vivencia de Celan y sus compañeros intelectuales, también toca una cuestión que personalmente me interesa mucho: la evolución ideológica de los artistas en una época convulsa e incierta, donde los extremismos parecían ser las únicas opciones y el signo de los tiempos exigía posicionarse.

Martínez también juega con citas al poema que da nombre a su novela gráfica, con sutileza y, aquí sí, sin sobreexplicar nada: no es necesario citar literalmente un poema que es parte del acervo cultural de Europa y que, en el peor de los casos, está accesible para cualquiera en la red. El libro acaba, acertadamente, con las primeras palabras del poema, sugiriendo que éste es la articulación lírica de toda una juventud marcada por la violencia y el odio, y el intento de codificar a través del lenguaje simbólico un horror que desborda las palabras. La imagen se ha revelado como un poderoso aliado de la palabra en el cómic contemporáneo para afrontar este tipo de temáticas, y Fidel Martínez ha conseguido con Fuga de la muerte unirse al grupo de autores españoles que abordan la memoria y la historia de un modo atractivo y artísticamente valioso.


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