Sobre la crítica y los spoilers

Hace tan sólo dos días se puso a la venta el nuevo título de Rayco Pulido con Astiberri, Lamia. Ese mismo día el autor publicaba un texto en su blog en el que hacia una petición que era también una reflexión sobre las reseñas y los límites que deberían tener en cuanto a lo que explican de la obra. Rayco me parece no sólo un autor excelente, sino también uno de los pocos que tienen un discurso intelectual y que no tienen miedo de compartirlo. Me gusta leerlo, y suele provocarme reflexiones sobre el medio y el sector. Al leer este último post, ha sido justo eso lo que ha sucedido, así que antes de que se pase el momento, procedo a volcar esas reflexiones en los siguientes párrafos. Si habéis leído ya su texto y os apetece, adelante.

lamia

Vaya por delante, por supuesto, que esto no es una réplica exactamente. Creo que lo que dice Pulido en su texto es razonable, y comprendo su punto de vista como autor. Entiendo que si has trabajado duro para generar un argumento con una incógnita, o una gran revelación final, te parezca mal que los medios la difundan: es de cajón. Pero eso no significa que la lectura de esa petición no me haya generado dudas, porque no creo que todo sea tan sencillo.

Dice Pulido que «No es necesario contar una trama para hacer una buena reseña», y estoy de acuerdo, claro. Sin embargo, también pienso que determinado nivel de análisis no puede preocuparse de spoilers. Pero para entender esto, primero hay que entender que la confusión entre reseña y crítica está tan implantada que se usan como sinónimos —yo el primero—. Una cosa es una reseña de novedad, en un medio de información, y otra cosa debería ser una crítica en un medio especializado dedicado a tal fin, como pueden ser determinados blogs o las pocas revistas de crítica que puedan existir —en CuCo¸ por ejemplo, Octavio Beares y yo decimos explícitamente en las normas de publicación que los reseñistas no deben preocuparse de spoilers, aunque, por supuesto, luego cada uno es libre de escribir lo que quiera—. El hecho de que apenas queden ya lugares donde ejercer esa crítica quizá haya ayudado a dicha confusión, y a la creencia generalizada de que cualquier texto que se escriba sobre una obra cultural debe evitar los spoilers, que son una preocupación —¿obsesión?— central en el consumo actual de cultura, que no se entiende sin la interacción social. No hablo ahora del texto de Pulido, que no entra en esto.

También escribe: «Está claro que vuestra intención [la de los críticos] es la mejor; dar difusión a los tebeos… pero no a cualquier precio». Y esto también me sugiere muchas cuestiones acerca de nuestro papel en el entramado comercial. Es evidente que, queramos aceptarlo o no, la crítica tiene su papel aquí. En un grado u otro, la crítica pública conlleva difusión y la difusión afecta al plano comercial de la obra. Pero eso no significa que sea su principal cometido. Es evidente, también, que cuando yo publico una reseña breve en Rockdelux soy consciente de que, más allá de la opinión que puedo verter, estoy haciendo principalmente una labor de difusión. También era consciente cuando escribía una reseña extensa en Entrecomics, al igual que cuando lo hago en este blog personal, pero, en estos casos, la difusión no es mi prioridad. ¿Es el trabajo del crítico cultural vender las obras? Contribuye a ello, sí, pero no creo que tenga que ser nuestro objetivo, aunque, por supuesto, a todos nos gusta que alguien nos diga que gracias a nuestro texto va a leer el cómic: es la muestra más objetiva de que nuestro trabajo gusta y que el esfuerzo que supone escribir una crítica razonada y reflexionada sirve para algo.

Pero, insisto, es complicado. No es sencillo separar una cosa de la otra, y menos aún cuando el libro acaba de llegar a las librerías. ¿Es ése el momento para un análisis pormenorizado? No lo sé. Admito que no siempre me planteo eso. Suelo escribir sin hacerlo, aunque, a veces sí me autocensuro las referencias explícitas a elementos fundamentales de la trama. Lo cual no significa que no exista el riesgo de que algún lector te diga que le has destripado la obra, porque, y aquí es donde quería llegar, existe un criterio subjetivo que hace muy difícil establecer un código de conducta.

Por ejemplo: Rayco Pulido habla de elementos de la trama. Pero eso no es lo único que importa en un cómic. Hay aspectos gráficos que pueden ser sorprendentes, efectos que un autor considere que deberían mantenerse al margen en una reseña. Pero el reseñista no puede estar en la cabeza de todos los autores, ni debe. Y ahora nos vamos al otro lado: los lectores. Cada uno de ellos puede tener su línea roja del spoiler en un punto diferente. Como decía al principio, es un tema tan central y se habla tanto de ello que hay gente que no quiere saber absolutamente nada de una obra antes de leerla o verla. Ni siquiera de qué va. ¿Qué hacemos con ellos? ¿Cómo puedo yo, como crítico, respetar los criterios en esta cuestión de toda la gente que potencialmente puede leerme?

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Extracto de Infame, una obra de Néstor F. protagonizada por un crítico de cómic un tanto chusco.

Obviamente, no puedo. Pero estamos olvidando algo, un elemento que creo que es lo que falta en el texto de Rayco: existe la responsabilidad personal del lector. En su texto, parece que esto no es un factor. Pero la emisión de un mensaje no implica la recepción universal del mismo. Está el receptor, que decide, aunque esa decisión depende del canal, que es el que nos da más o menos libertad a la hora de escoger qué mensaje queremos leer. Es evidente que si yo explico en un tuit el final de Lamia, todos mis seguidores lo van a recibir en sus narices, sin poder hacer demasiado para evitarlo. Igual que si en un medio oral como la radio o la televisión lo sueltan así, de pronto. Pero existen otros canales que implican una búsqueda activa por parte del lector. Os aseguro que yo me trago muy pocos spoilers no buscados, de verdad. Y más cuando hablamos de cómics que no tienen un fandom masivo. Basta con limitarte a leer la información oficial proporcionada por la editorial y ojear las páginas de muestra, que, se presupone, han sido escogidas por no revelar aspectos vitales. Cuando escribo una crítica de dos o tres folios —o más, a veces—, doy por sentado que la persona que comienza a leer ya sabe, o debería deducir en cuanto empiece, que se van a comentar aspectos en profundidad de la obra. No conozco otra forma de escribir algo tan extenso, la verdad. Habrá cosas que el lector quizá habría preferido descubrir por sí mismo, o interpretaciones que voy a hacer que, tal vez, habría preferido conocer después de su propia lectura. ¿Tiene sentido quejarse de que una crítica revela demasiado cuando está en tu mano dejar de leer en cualquier momento, o ni siquiera empezar? Otra cosa, insisto, es hacer prescripción. Si se trata de hacer recomendaciones, o acuse de novedades, las cosas pueden ser mucho más generales: esta obra trata de tal, tiene un estilo así, un tono asá, me ha parecido esto o lo otro. Esto es muy difícil, cuidado: no lo estoy menospreciando. Dar las claves de una obra en cuatro líneas es muy complicado, al menos para mí, y es un género que valoro y que sé que tiene una función importante. Pero la crítica libre de esas consideraciones también, aunque su público sea más minoritario.

Y, por último, hay otra cuestión: en los mismos comentarios del post de Pulido, alguien le dice, medio en broma y medio en serio, que a él el texto le ha reventado Psicosis. Por supuesto, hablamos de una película estrenada en 1960. ¿Podemos por ello suponer que ya se ha levantado la veda de los spoilers? No lo sé. Si el argumento es «no hagas spoilers porque a lo mejor alguien no lo ha visto aún», no. Siempre habrá alguien que no ha visto Psicosis, o cualquier otra película, porque nadie nace sabiendo y nace gente constantemente —perdón por la obviedad—. Alguien puede entender que 56 años es tiempo suficiente para dejar de guardar un secreto al hablar de una película. Yo podría entender que, por ejemplo, seis meses es tiempo suficiente para analizar con pelos y señales el contenido de un cómic, porque procuro estar al día y si uno me interesa no dejo que pase tanto tiempo sin leerlo, pero, desde luego, habrá muchos lectores que tarden más en leerlo. Lo que intento decir es que esto no puede ser un factor determinante, porque dista mucho de ser objetivo. De hecho, es tan subjetivo como cualquier otro.

¿Qué hacemos, entonces? Mi propuesta: adecuarnos al canal y al contexto. Aplicar un poco de sentido común, pero todos: críticos y lectores. Debería ser de cajón que si no quiero saber detalles de un cómic tengo que evitar las críticas largas. Pero también tiene sentido respetar sorpresas o giros narrativos muy evidentes cuando la obra acaba de llegar a las librerías, aunque, por otro lado, me resulte muy complicado no aludir al menos a ese giro para explicar la obra. Está, además, el hecho de que el lector acaba conociendo relativamente bien los criterios y el estilo de un crítico al que sigue, y si lo hace, es porque se siente cómodo con sus críticas y con las cosas que suele revelar de las obras que critica.

Quizá el motivo principal de este texto que ya termina —prometido— es llamar la atención sobre la necesidad de separar espacios. Existe el reseñismo, es necesario y cumple una función. Pero la crítica también tiene otro nivel, en el que tiene responsabilidades y funciones que van más allá del comentario breve y destacar una serie de novedades: analizar, contextualizar, establecer paralelismos… explicar, en definitiva, la obra y lo que significa en su contexto. Me parece que en ese plano no cabe la preocupación por el spoiler, y en los espacios que se destine a esa crítica no procede acudir con esa reclamación. Pero sé que es complicado, porque, en general, reina la confusión de conceptos y de espacios. Por eso no está nunca de más meditar el tema, y agradezco a Rayco que comparta sus ideas y reflexiones de un modo tan sincero y abierto: es algo que nos beneficia a todos y, por tanto, también al sector.

Dicho esto, tengo que decir que Lamia me ha gustado mucho, y espero escribir pronto sobre ella por aquí, respetando el deseo de su autor.


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