Teen Wolf de VVAA

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Teen Wolf es una irregular película para adolescentes del año 1985, que contaba como mayor atractivo con la presencia de Michael J. Fox,  estrella de entonces gracias a su protagonismo en Regreso al futuro, y que tenía un gran acierto: vincular un mito antiguo y poderoso, el del licántropo, con la adolescencia. Convertida la transformación en bestia —una bestia que sale del interior, que es, en una lectura posmoderna, nuestro verdadero yo— en metáfora del rito de paso que atravesamos cuando nuestro cuerpo empieza a cambiar, la licantropía sirve en la película también como vehículo de la fantasía de cualquier chaval: yo soy un pringado del que abusan los matones y pasan las chicas, pero un día cambiaré y entonces me convertiré en el rey del mambo.

Partiendo de la idea de que la película atiende a un público masculino y reproduce los tópicos machistas de la ficción del cine de los ochenta, el portal Tik Tok Cómics puso en marcha una serie coral, en la que cada entrega sería obra de una autora emergente, que reformularía el icono pop cambiándole el género: una adolescente que se transforma en loba y cómo la recibe la sociedad. Se publicaron en la web trece historietas, todas breves, que daban su propia visión de la idea. Y ahora, tiempo después de que apareciera la última de ellas, Tik Tok une fuerzas con Fosfatina, el sello de microedición vigués, para publicar un precioso librito en tapa dura que recopila todas aquellas historias y añade unas cuantas más, hasta juntar a veinte autoras que dan su visión de Teen Wolf en dieciocho historias diferentes.

Gráficamente el nivel es excelente: hablamos de algunas de las autoras más interesantes de la escena de vanguardia en su rama figurativa, cada una con una identidad artística reconocible y bastante formada ya, en la mayoría de los casos, incluso en los que parte de esa identidad implica el cambio constante de estilo. Encontramos desde la perfecta línea alienígena de Ana Galvañ —impulsora de Tik Tok— al formalismo de la estructura de las páginas de Los Bravú o Mireia Pérez, pasando por el minimalismo de Klari Moreno o el estilo naif de Anabel Colazo e Inma Lorente. Otras autoras se mueven en el espectro de la caricatura, como Tana Oshima o Miriam Persand, mientras que otras remiten a un estilo de marcada influencia indie americana —Laura Castelló, Inés Casarejos y, sobre todo, Carmen Segovia—. Y, por supuesto, están las más inclasificables: María Ramos o Power Paola.

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Pero es al analizar temática e ideológicamente estas historias donde encontramos diferencias más sustanciales, que merece la pena observar. En algunas de ellas hay un evidente espíritu lúdico, donde la licantropía es una excusa para la diversión o el humor —es el caso de Los Bravú o Klari Moreno— pero en otras se aprecian acercamientos a la historia original muy divergentes. Lo primero que me llama la atención es que algunas autoras han escogido mostrar la licantropía —recordemos: metáfora de la pubertad— como trauma, mientras que en la película, al menos al principio, el personaje de Michael J. Fox lo viviera como despertar sexual y alzamiento al primer puesto de la cadena de mando. Por ejemplo, es el caso de «Un año en Estados Unidos», la historia de Carmen Segovia, donde la chica loba está verdaderamente angustiada y avergonzada de su transformación. «Teen Wolf» de Inés Casarejos muestra a una licántropa marginada socialmente por ser diferente, que incluso acaba siendo perseguida por su condición, en la tradición del cine de terror clásico. Roberta Vázquez, en «Diosa licántropa», una de las mejores y más divertidas historias del libro, se lleva la propuesta a su universo personal, y presenta a una chica loba que, si bien no es aceptada por sus compañeras —la tratan como a una alumna con necesidades especiales—, lejos de importarle hace lo que le da la gana y se adueña del espectáculo escolar en el que participa; sólo los outsiders habituales de las historias de Vázquez aprueban ese comportamiento, significaticamente. Laura Castelló también sitúa su historia en un instituto, y en su caso, quizá porque hay más licántropos en el centro, la diferencia es plenamente aceptada e incluso tiene su toque sexy… y tal vez queer. «Gossip», una mezcla un tanto chirriante entre dibujo digital y manual, de Alixe Lobato, Lilines Tximinika y Óscar Chíviri, trata la marginación pero tiene un mensaje final positivo.

Otras autoras dejan en un segundo plano la cuestión de la licantropía y el tránsito a la adolescencia y se centran en las relaciones de amistad. Mirena Ossorno elide la licantropía porque prefiere centrarse en la confesión íntima de una amiga a otra, con su tono frívolo habitual, mientras que María Herreros, en la excelente «Wolf & Fox», muestra otra visión de la amistad entre adolescentes, más oscura. «De pelo en pecho» de Galvañ, gráficamente fastuosa, sitúa a tres amigas en actitudes típicamente masculinas. Power Paola entrega una ambigua historia de amor entre una chica —¿tal vez ella?— y una loba/lobo, con imágenes sugerentes y poéticas, sin usar ni una palabra.

Otras autoras, sin embargo, han escogido alejarse del género teen clásico, del ambiente de high school, los bailes de fin de curso y los deportes de equipo, para adentrarse en la parte más atávica del mito, y formularlo como un empoderamiento, no sólo de género, sino más profundo y animal. En esta línea se sitúa la que quizás sea mi historia favoria del libro: «Teen Dog», de Mireia Pérez, que no sólo tiene un alto nivel gráfico y un diseño muy potente, sino que presenta una historia sombría y evocadora, escrita sin ironía, lo que en los tiempos que corren puede ser muy refrescante. Anabel Colazo, desde una puesta en escena muy diferente, también aborda su historia desde lo animal, y la transformación de su protagonista se lee en clave totémica. Es otra autora que no teme ponerse seria e ir más allá de lo teen para potenciar lo mítico.

Todo esto no quiere decir que el humor o la aventura no sean caminos válidos, por supuesto. De hecho, es en la alternancia de unos y otros tonos donde Teen Wolf se convierte en una antología tan interesante. Inma Lorente dibuja una historieta de aventura selvática, en la que una investigadora se alía con un monstruo para proteger la selva de los humanos. Ada Díez imagina una historia de acción para una heroína licántropa, una diversión sin reflexiones posteriores. Una lectura más interesante tiene «La historia de la primera loba adolescente», una fantástica historia de Miriam Persand —una de mis autoras favoritas de la escena de fanzines y microedición— en la que, con marcado tono animalista, recrea la historia de Laika en clave licántropa, aventurera y humorística. Una chulada.

Teen Wolf es un caso claro de conjunto que es más poderoso e interesante que la suma de sus partes. Por separado, algunas historias mantienen su contundencia y riqueza, pero ciertamente otras resultan cortas, demasiado ligeras, casi inacabadas. Es en la unión donde todas encuentran su contexto y se enriquecen unas a otras, al ser iteraciones libres sobre el mismo tema. Cada persona tendrá sus favoritas, desde luego, pero el conjunto tiene una coherencia inusual en las antologías, que sirve de muestra perfecta del talento, la heterogeneidad y la libertad que prevalecen hoy en una escena emergente que no para de dar pasos significativos.


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