Beverly, de Nick Drnaso

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Hay muchos cómics que profundizan en la miseria humana y se enfangan en las cloacas de la sociedad, pero no todos llegan lejos. O, al menos, no lo suficiente. No es el caso de Beverly (Fulgencio Pimentel), un libro de Nick Drnaso, el primero que leo de este autor, que es implacable y sombrío como pocos. En ocasiones, la mugre social se muestra de manera literal, directa, a través de un dibujo sucio y chungo. Pero suele ser más efectivo contraponer la sordidez de lo narrado con la limpieza en la forma. Drnaso tiene algo del tono narrativo y el retrato de mediocres perdedores de Daniel Clowes, y, por supuesto, el dibujo sintético y sin sombras de Chris Ware, que también se inserta en la misma visión pesimista y oscura de la sociedad, si bien desde un tono más naturalista.

La clave en Beverly es la distancia. La que el dibujo limpísimo de Drnaso impone con los hechos luctuosos que muestra, y que permite no girar la vista, poder mostrarlo todo. Pero también la que presenta la voz narrativa, oculta tras lo gráfico. No hay, la mayor parte de tiempo, cartuchos de texto que nos aporten más información que la que vemos en las viñetas. Lo imaginado o irreal comparte el mismo código gráfico que la realidad, de modo que lo que en un primer momento parece una representación objetiva —tan objetiva como puede ser una ficción—, sin filtros, de la realidad del relato al lector, se revela mediatizada por una personalidad invisible, la del personaje protagonista, Tyler. O, al menos, el personaje que yo interpreto como protagonista dentro de un relato coral, tanto que en algunas historias ni siquiera aparece o tiene relación aparente con él. Tyler es el típico personaje límite, tal vez con algún problema mental, tal vez solamente alguien incapaz de diferenciar la realidad de su imaginación. Hay dos capítulos clave que vertebran su arco, con una elipsis en medio —y otros capítulos— que nos permite saber lo justo para especular. «Pequeño rey» lo presenta en su infancia, de vacaciones deprimentes con sus padres y su hermana adolescente. Todo normal y mediocre, una familia de clase media en medio de unas vacaciones adocenadas y pochas, para que el matrimonio reverdezca laureles volviendo al lugar donde él le pidió matrimonio a ella, hasta que, de pronto, algo sucede. No es que no notáramos que había algo raro, porque, de hecho, la atmósfera que recrea Drnaso tiene un poco de realidad ligeramente alterada, pero en el momento en el que Tyler hace algo que se supone que no debe hacer, y lo vemos, sin poder pestañear, sin saber si, como unas páginas antes, es algo fruto de su imaginación, hay algo que cambia para siempre en nuestra mirada. Ya no podemos estar seguros de si cada una de las viñetas que hemos visto ha sucedido realmente. Por supuesto, eso se lleva a su máxima expresión en el brillante capítulo final, «Yo, rey», donde un Tyler adulto y tarado deambula por la ciudad. No sabemos qué ha sucedido con su familia; tan sólo lo que él va contando, pero es evidente que miente en muchos puntos. La obsesión sexual que mostró en la infancia parece haberse cronificado, pero tampoco sabemos cómo se ha materializado ni, por tanto, de qué es capaz. El gran logro de ese capítulo es que a cada momento parece que está a punto de pasar algo de nuevo, y eso nos mantiene en un estado de permanente tensión. La secuencia final, de la que sólo diré que sirve para saber por qué el libro se titula Beverly, es fantástica y tiñe de poesía oscura todo el libro. Porque es al cerrarlo cuando sabemos que, por supuesto, sólo Beverly podía llamarse.

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Se ha insistido en el valor de Beverly como sátira de la clase media blanca americana. Uno de los textos de contraportada apunta en esa dirección, incluso, y no cabe duda de que es una parte importante de la obra. Esos suburbios de casas unifamiliares y vallas blancas, habitados por embrutecidas familias paranoicas ante cualquier tono de piel un poco oscuro, con ambiciones minúsculas y expectativas a juego, son un escenario deprimente, que se explora con cruel precisión en «La historia más triste jamás contada», una pieza brillante, donde dos niveles de realidad se superponen para lanzar un doble ataque al modo de vida acomodado: la madre de Tyler recibe una vídeo con el capítulo piloto de una sitcom que ha de ver para contestar un cuestionario, sitcom que a su vez está mostrando una absurda y gris realidad suburbial y blanca. Significamente, al final sólo importan los anuncios. Pero quizás sea en «Virgen María» donde el ataque sea más directo. En este capítulo del libro, la violación de una chica blanca a manos de un hombre árabe desata la histeria colectiva en el barrio, y la fina capa de hipórita corrección política se resquebraja, dejando que afloren los peores instintos y los prejuicios más arraigados. La resolución de la historia es demoledora en su giro de guión.

Todo esto está ahí, desde luego. Sin embargo, creo que sería un error —bastante tranquilizador, eso sí— no darse cuenta de que por mucho que los protagonistas concretos de Beverly son los que son, en el fondo Drnaso está hablando de todos nosotros. Del ser humano, venga de donde venga, y sobre todo de la sociedad occidental. En tanto que burbuja, puede que esa clase media estadounidense sea especilamente grosera en sus valores, pero en esas aspiraciones mezquinas, en esos jóvenes universitarios que sólo quieren emborracharse y follar, y en el descenso social del Tyler adulto, hay cosas que trascienden la clase y tiene que ver con lo sumamente fácil que es para la mente humana —la individual y la colectiva— degradarse y caer. Tyler es un monstruo social, desde luego, pero las buenas historias de monstruos sociales, y esto lo sabe bien Clowes, son las que nos hace saber que todos podríamos convertirnos en uno.

Y yo veo eso en este libro sombrío, repleto de situaciones cotidianas pero esperpénticas, con un cruel sentido del humor y una sensación de tensión permanente. Puede pasar cualquier cosa, pero incluso si no pasa nada las páginas de Drnaso y su trazo de asepsia sanitaria puende revolvernos las tripas. Beverly es, además, una novela gráfica redonda, de una complejidad sutil, nunca revelada a través de aspectos formales, donde la historia central se esconde para aflorar cuando menos esperamos. Si no estoy equivocado, nunca se había publicado ninguna obra del autor en España, por lo que creo que Beverly será por ello uno de los descubrimientos de la temporada.


4 thoughts on “Beverly, de Nick Drnaso

  1. Muy buena reseña. Lo tengo pedido, y espero que me venga con el exlibris, he tenido poca suerte para coneguirlos, ya que me gusta antes hojearlos, me he lanzado un poco al vacío. Ultimamente he tenido dificultad para que me atraigan autores nuevos, no por su calidad ya que los hay muy buenos, sino por ese algo desconocido que te llama la atención y hace que desees adentrarte en esa realidad alternativa y turbadora. Por las pocas reseñas e imágenes que he visto parece que, como dices, puede ser el comic revelación.
    Saludos.

  2. Gracias por comentar, Fran, que los comentarios en blogs son especie en vía de extinción. A mí me ha parecido un autor interesantísimo. Y joven, es del 89, pero tiene una gran solidez. Me parece que puede ser uno de los grandes de los próximos años. La edición de Fulgencio, por cierto, una maravilla.

    ¡Un saludo!

    1. Pues soy lector desde casi el principio, y me gustan mucho tus reseñas. A mi me ha llamado mucho la atención, soy muy seguidor de artistas como David Lynch,Todd Solonz y en el comic de Ware, Maruo, Clowes y demás panda.
      Cuando vi que era del 89, si, me senti un poco mayor, como cuando te llaman señor por la calle. Tengo los Frank de Fulgencio y son una maravilla.
      Saludos!

      1. Gracias de nuevo, Fran. Lo veo, a Drnaso, en la línea de los autores que comentas, pero al mismo tiempo tiene una voz propia ya muy definida… Y Frank es una obra maestra, desde luego!

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