Materia, de Antonio Hitos

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En 2014 se publicaba Inercia (Salamandra Graphic), de Antonio Hitos, un joven dibujante —aunque suficientemente mayor como para llegar a publicar en los últimos tiempos de El Víbora— que con esa primera novela gráfica había ganado el Premio Fnac / Salamandra y que supuso un refuerzo interesante y prometedor para lo que considero una especie de tercera vía de la novela gráfica española: un punto intermedio entre la vanguardia más experimental y el cómic de narrativa más clásica. Inercia, al igual que las obras de José Domingo o Cristian Robles, demuestran que es posible conjugar cierto grado de experimentalidad narrativa y visual con un relativo éxito comercial. Creo que es muy importante que existan obras que, sin renunciar a un relato, lo plasmen con mecanismos novedosos y a través de gráficas más o menos rupturistas con lo académico y con los estilos de dibujo más extendidos en la novela gráfica. Y lo creo porque, de algún modo, van expandiendo poco a poco los límites de lo publicable en un contexto comercial, y demuestran que el público es receptivo a estas propuestas más allá del circuito de la micro y autoedición. Si bien hay una distancia evidente entre lo que hace Hitos y lo que puede dibujar, por poner un ejemplo, Begoña García-Alén —que es la misma distancia entre lo que una editorial como Astiberri puede publicar y lo que, por el momento, debe moverse en un circuito más modesto—, también es cierto que en 2016 hemos visto publicamos libros bastante radicales, como Dios ha muerto (Bang) de Irkus (M) Zeberio o Gran bola de helado (Apa Apa) de Conxita Herrero, que acaso no habrían aparecido en las mismas condiciones si esta tercera vía no hubiera abierto un camino. Quién sabe.

No obstante, al margen de esta reflexión, la buena noticia es que Antonio Hitos ha vuelto a la carga, esta vez en el seno de Astiberri, con Materia, una nueva novela gráfica que supone un paso más en la experimentación con el lenguaje que plasmó en Inercia, pero con una mayor ambición. En Materia Hitos se atreve a ir más allá, quizá porque se ha desprendido de la presión del debut en la obra larga, o quizá porque el proceso de aprendizaje es tan veloz que le ha permitido llegar mucho más lejos.

Gráficamente, Materia se mueve en las mismas coordenadas que Inercia: una paleta de colores reducida a tres, renuncia, casi siempre, a las ilusiones ópticas que simulan perspectivas y tres dimensiones para profundizar en las posibilidades de la representación geométrica de la realidad. Los únicos elementos para diferenciar planos son el color y el grosor de unas líneas que Hitos tira por la página con una precisión que parece inhumana, pero que es totalmente analógica. Hay, evidentemente, una carga simbólica en el hecho de recrear un mundo de apariencia vectorial con herramientas artesanales. Hitos borra la mano humana de la manera más complicada: mintiéndonos. Hay, por lo demás, una síntesis más depurada que en Inercia; los personajes están mejor integrados en los escenarios, se han eliminado elementos superfluos para quedarse con las líneas maestras, con lo indispensable para transmitir la información que el lector necesita, que no es, solamente, la acción, sino que también engloba aspectos emocionales y sensoriales que precisan que, por ejemplo, Hitos dedique páginas a una maquinaria de ecos kirbyanos, o a elementos exclusivamente arquitéctonicos, paisajes urbanos de líneas rectas que transmiten la idea de colmena, de mundo alineado donde todo es regular.

Por supuesto, lejos de eliminar el estilo con sus decisiones estéticas, Hitos lo refuerza. Los dibujos son plenamente reconocibles como suyos, y transmiten una humanidad alterada, alien, pero humanidad al fin y al cabo. El mundo de sus historias puede ser frío, pero contrasta perfectamente con los diálogos frescos y las situaciones cotidianas —esa escena en la tienda de lavadoras, maravillosa—. Hay algo en la asepsia engañosa del lápiz de Hitos y en su futuro cercanísimo que recuerda al universo de Miguel Ángel Martín, aunque aparentemente no tengan mucho en común. Sin embargo, es curioso cómo reflejan una juventud similar, hastiada, sin futuro ni oportunidades profesionales, pero desde puntos de vista ideológicos casi antagónicos. Donde en Martín encontramos un desencanto cínico e individualista —¿podríamos decir que anarcoliberal?—, en Hitos hay denuncia, empatía con los jóvenes que retrata y el tiempo que les ha tocado vivir. Son personajes con los que comparte generación y, metáfora de ficción mediante, también problemas.

Ahora es el momento de atender un pequeño detalle que tal vez choque a quien esté leyendo estas líneas sin haber leído Materia: sus protagonistas son diferentes tipos de reptiles. Antropomórficos, eso sí. Su mundo es, más o menos, como el nuestro, aunque la acción de unos extraños extraterrestres, que abducen con aparente aleatoriedad a los habitantes de esta ciudad sin nombre, causando diferentes efectos en sus vidas.

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Hitos se sirve de este escenario para desarrollar tres historias, entrelazadas oblicuamente entre sí, a través de las cuales pretende profundizar en un triángulo de conceptos que encuadran la naturaleza de la mente humana: ciencia, ética y estética.

Dicho así, suena complejo, pero el trabajo de Hitos ha sido, precisamente, desproveer de gravedad a asuntos que podemos pensar que sólo se pueden abordar desde la seriedad ensayística. Pero no hay en Materia largos monólogos, ni densos textos que divaguen sobre la naturaleza humana y las implicaciones en los tres campos protagonistas. Sólo en un par de páginas adopta un registro divulgativo, para hablar de física cuántica, pero lo hace de un modo tan ligero, con un uso tan interesante y sofisticado de las herramientas gráficas, que no resulta en absoluto pesado. Todo lo demás aparece siempre imbricado en la acción. Ni siquiera los diálogos aluden directamente a la ciencia o a la estética: los temas están implícitos, y la reflexión sobre ellos nunca es directa, sino que se deduce, de un modo muy abierto, de las cosas que están sucediendo. Aparecen la religión, la precariedad, el arte, e Hitos nunca sentencia, nunca se ve, en realidad, qué es lo que él piensa de un modo nítido. Por eso la exposición y la manera en la que se relacionan las ideas no es unívoca. Materia exige implicación por parte del lector, que debe interpretar activamente lo que está leyendo, establecer relaciones, y hacer elecciones sobre lo que se está contando. Quizás por eso en algún momento puntual nos podemos perder ligeramente. Pero es algo inherente al riesgo que corre: no es posible cerrar el discurso totalmente, y que todo tenga sentido y esté urdido a la perfección.

En cualquier caso, como lector suelo huir de esa perfección. Prefiero un autor con inquietudes que me rete, que me sugiera ideas y me obligue a poner de mi parte para reflexionar sobre lo que estoy leyendo. Si es uno, además, con la habilidad técnica de Hitos, mucho mejor. Y es que quizá lo más lúcido que se dice en Materia sobre las relaciones entre estética, ética y ciencia proviene del propio dibujo, que es discurso y posicionamiento. Materia es una de esas novelas gráficas que uno quiere empezar a releer en cuanto termina la última página, un cómic lleno de símbolos, de ideas y de retos con el que Antonio Hitos se confirma como una de las nuevas voces más sugerentes e interesantes del panorama español. Obras como la suya demuestran que las posibilidades del medio son enormes y en buena medida están aún inexploradas, pero también confirman que avanzamos a pasos de gigantes, en buena medida gracias a una generación que no tiene miedo a descubrir nuevos territorios, y de la que Hitos es representante destacado.


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