Basura, de Derf Backderf

basura

Muy pocas veces nos paramos a pensar en la cantidad de basura que podemos llegar a generar. Sí, sé que el reciclaje está a la orden del día, y que la conservación del medio ambiente ha puesto en la agenda internacional la gestión de residuos, pero quiero decir que no pensamos en los residuos que producimos realmente. En toda su olorosa, supurante y viscosa enormidad, en su exacta magnitud. Ése es el primer y mayor mérito del nuevo trabajo de Derf Backderf: transmitirnos qué supone el acto de tirar algo al cubo de basura de verdad.

Me ha resultado muy significativo que a pesar de que su anterior libro, Mi amigo Dahmer (Astiberri, 2014) tenía un tema a priori más comercial —la historia real de la adolescencia de un asesino en serie—, Basura me parece muchísimo más emocionante. Tal vez se deba a que aquella obra era sobrevolada por una ligera pero persistente necesidad de justificar y buscar causas, mientras que en su nuevo libro el tema le permite un acercamiento diferente y más lúdico.

Porque sí, estamos hablando de un cómic sobre basura, sobre cómo se recoge y acumula, pero es también un libro divertido que trata sobre un puñado de perdedores en un pequeño pueblo americano detenido en el tiempo. Tanto es así que, por momentos, parece que la historia está situada en la época en la que el propio Backderf trabajó como basurero, 1979-80. Los protagonistas han desarrollado una inmunidad al asco que nos provocaría a todos nosotros las cosas que se encuentran en las bolsas de la basura de su comunidad, que, sin ningún escrúpulo, se saltan cualquier norma a la hora de librarse de sus desechos. Paralelamente, el libro también muestra los abusos laborales, los chanchullos de los operarios y el nepotismo de una comunidad endogámica deprimente.

Bolsas de basura que rezuman liquidillo, condones usados, pañales llenos de caca, botellas de orina arrojadas al arcén por los camioneros… Este tebeo huele, y conseguir eso es algo muy complicado. La podredumbre de la basura que recogen los protagonistas parece reflejar la decadencia de una comunidad —que sirve de metonimia del primer mundo entero, por supuesto— que no se preocupa en absoluto de las consecuencias que tiene su desidia: ni las inmediatas, para los basureros que tienen que cargar con un motor o con un ciervo sin cabeza, ni las que tienen que ver con la gestión de esa basura a largo plazo. Uno de los grandes aciertos de Backderf es mostrar en primer lugar las primeras y posteriormente, cuando nos ha implicado a nivel emocional, hablarnos de las segundas en un breve epílogo con tono de ensayo.

Y otro acierto es, sin duda, la línea gráfica. No hay grandes cambios con respecto a Mi amigo Dahmer, pero sí se nota todo más pulido, mejor encajadas esas figuras un poco rígidas en la acción, hasta el punto de lograr escenas muy interesantes, jugando simplemente con la velocidad del camión de basura o el lanzamiento de desperdicios (por ejemplo, ver p. 54 y 86). Backderf utiliza con inteligencia su estilo deudor de cierto underground para moverse en el grado justo de caricatura para mostrar la cochambre y la suciedad sin generar el efecto que provocaría un estilo más realista. Y, aun así, os aseguro que más de una vez se os revolverá la tripa.


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