Cerca la noche, de Cynthia Alfonso

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Cynthia Alfonso es una de las autoras que asociamos a Fosfatina, tras participar en Mandingo y en Hoodoo Voodoo. Era cuestión de tiempo que entregara un título de la interesante colección Fosfatina 2000, de cuyos títulos siempre puede esperarse, como mínimo, afán rupturista y vocación artesanal canalizada a través de la risografía.

Cerca la noche es uno de los títulos de factura más sofisticada, no obstante. En dos colores, como siempre, en este caso ocre y azul, Alfonso consigue un resultado delicado, de textura de lápiz de colores. Me ha sorprendido mucho cómo ha logrado reproducir lo irregular de esa herramienta a la hora de distribuir el color, porque estoy acostumbrado a colores más planos cuando se emplea la risografía: es una prueba más del potencial de este método de impresión.

Pero más allá de eso, que supone una sorpresa inicial que entra por los ojos, me he encontrado una evocadora y poética historia sobre el tema del doble, un clásico literario, que ha obsesionado a gente de todas las épocas. El cuadernillo alterna páginas de experimento gráfico con otras más narrativas, pero, en conjunto, la apuesta no es tan radical como las de Julia Huete o Begoña García-Alén, pero consigue un tono muy personal con un texto esquivo, rico en imágenes aunque sea parco. Me gusta, sobre todo, cómo juega con la gramática, cómo elimina a veces elementos como los determinantes y pronombres para lograr una forma de expresión muy personal.

Una es el personaje principal, y su sombra es Otra. Se encuentran en el baño, lleno de baldosas que permiten a Alfonso jugar con la cuadrícula y deformarla en llamativos efectos gráficos. El cómic arranca con una página de seis viñetas en las que vemos siempre el mismo interruptor, pero alternativamente, está apagado o encendido. La composición es de una sencillez obvia, pero con ella logra marcar desde el principio el tono gráfico, la simetría y equilibrio de formas y colores. Y, por supuesto, también consigue una belleza igualmente obvia.

A partir de ahí, Una se situa frente a Otra y se explora una relación llena de sentido y significado oculto, porque el texto nunca nos acaba de aclarar nada, aunque, por supuesto, tampoco hay nada que aclarar cuando se trata de un motivo tan poderoso como el miedo atávico al doble, a la copia exacta de ti que simboliza o bien todo lo malo que hay en ti —inquietante— o todo lo que tú nunca podrás ser —mucho más inquietante—. En este caso, «Una se avergüenza de Otra. Otra… no sabe ser sola». De este modo, en cierta forma, se invierten los roles. La real es autosuficiente y autónoma, mientras que el reflejo en la pared depende de ella, es apocada, no se atreve a existir. En algunos momentos su estado de ánimo se expresa a través de recursos gráficos, jugando con los pocos elementos que pueden encontrarse en el escenario, formas básicas que rozan la abstracción, que se alternan con el mundo físico de los objetos y de Una. Ese contraste, que potencia el que existen entre Una y Otra, es uno de los elementos más interesantes de Cerca la noche, incluso aunque la transición y el encaje, digamos, narrativo, no siempre se consigue con la misma naturalidad. Sin embargo, como sí funcionan las páginas es como unidades visuales.

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