Memorias de un pene selecto, de Carlos Melgares

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A veces la autobiografía es una forma de catarsis. Casi siempre, en realidad, de una forma u otra. Si no necesitas contar tu vida, sencillamente no la cuentas. Al menos en público. La exposición tiene siempre algo de terapéutico, incluso en los casos en los que ésta se hace a través del humor. Memorias de un pene selecto (Editorial Cornoque) de Carlos Melgares tiene algo de eso, en apariencia, porque ya el título está lleno de ironía, y nos dirige a otro tipo de obra, más satírica y golfa, tal vez la historia del clásico crápula y sus aventuras nocturnas. Pero, en lugar de eso, lo que nos encontramos es una memoria personal fragmentada pero coherente, de un chico que intenta explicar, y quizá entender, cómo ha llegado a donde ha llegado.

Melgares hace uso de muy pocos recursos, y la puesta en escena es, por tanto, muy sencilla. Prescinde de viñetas y utiliza unos monigotes muy expresivos y estilizados, dibujados con trazos firmes y alejados de la marca espontánea de otros autores a los que, por intención y forma de encarar la página, puede recordar, como Xabi Tolosa y su Esto se ha hecho mil veces (¡Caramba!, 2013). Tanto ese trazo como la tipografía mecánica empleada imponen cierta distancia que no existe en los dibujantes más directos e inmediatos pero, a cambio, eso le permite a Melgares dibujar páginas muy claras en las que, salvo alguna excepción, la información está distribuida de una forma armónica, con un buen equilibrio entre los dibujos —casi siempre limitado, simplemente, a los personajes y algún elemento imprescindible del decorado— y los textos, escritos en primera persona con un estilo sencillo pero divertido y con cierto color local.

Con esas armas, el autor recorre ciertos momentos de su vida, desde su nacimiento hasta su madurez en la treintena, recordando sucesos que le marcaron, anécdotas gracias y, sobre todo, a las mujeres que más le han influído, como su abuela o su tía. Conforme va creciendo surgen los problemas escolares, los enfrentamientos con ciertos profesores, las primeras amistades intensas, los primeros amores no correspondidos… Melgares no se regodea en los traumas, y tampoco omite cosas de las que no se siente orgulloso, como su breve etapa de malote en el colegio, fruto, en cualquier caso, del acoso que sufría. Paralelamente, nos habla de sus gustos y aficiones, en las que muchos podemos sentirnos identificados: el relativo aislamiento que implica que, en lugar de jugar al fútbol, lo que le guste a uno sea pasarse la tarde en casa leyendo o jugando con su Amstrad CPC 464. O jugando al rol, como explica en dos páginas estupendas que sintetizan el auge y caída de una afición y la tristeza que se siente cuando te quedas solo en ella.

Memorias de un pene selecto se lee muy rápidamente, porque engancha y fluye con buen ritmo siempre. Melgares tiene la cualidad de imbricar en un relato netamente humorístico los momentos dolorosos que tiene en su vida, o los recuerdos tristes, de una forma que funciona para llevar al lector por diferentes estados de ánimo según va leyendo. El capítulo final, sin embargo, escrito a modo de cuento infantil, me ha chirriado un poco en el conjunto, porque rompe con el tono general para narrar de un modo totalmente diferente, metafórico, sus últimas relaciones amorosas, hasta que encuentra a su pareja actual. Entiendo lo que quiere lograr, y que quiere jugar con el clásico final feliz distanciándose del estilo de memoria, pero no encaja demasiado bien con el resto, aunque, no obstante, sea un defecto menor en un tebeo que tiene muchas virtudes y que ha sido una grata sorpresa para mí.

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One thought on “Memorias de un pene selecto, de Carlos Melgares

  1. Precisamente el final es lo que hace tan especial este cómic y es lo que le da sentido al título y a la obra entera. No valorar eso es no valorar la producción de una obra tan original como esta. Sin esa metáfora para eso quedó con Melgares a tomar unas cervezas y q me cuente lo q bien quiera. La autobiografía es buena pero la manera de contarla o dar el giro es lo que lo hace especial y lo convierte en llámalo poesía, arte, sublimación o lo que bien le pueda parecer a cada uno.

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