Cuatro cómics de humor

En las últimas semanas he leído varios cómics de humor que me gustaría comentar, aunque someramente, porque a veces tengo la sensación de que nos olvidamos todos un poquito del humor en el cómic cuando escribimos. Y eso está muy feo.

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Mens sana in corpore ni tan mal es el segundo libro autoeditado de Ana Belén Rivero, una autora que despegó con Somos pobres en euros pero ricas en pelos de coño, otra autoedición, con la que obtuvo bastante éxito, hasta el punto de que se ha convertido en colaboradora de El Jueves. En este nuevo libro, aunque haya mucho humor, Rivero aborda un objetivo ambicioso, ya que se trata, más bien, de un ensayo personal sobre los cánones de belleza y la presión social sobre quien no los cumple. Desde su óptica feminista y con una sana mala leche, analiza las repercusiones psicológicas y sociales de la cuestión, así como el entramado económico montado en torno al negocio de la belleza. Tiene momentos muy divertidos —atención a los pequeños detalles— y creo que es lo mejor que ha dibujado la autora hasta ahora, que ha evolucionado muy rápido desde aquella primera obra. Habla de un tema del que hay que hablar y lo hace en un formato complicado con buenos resultados, aunque deje cierta sensación de reiteración con algunas ideas. Me gusta mucho el cuidado que ha puesto Rivero en la representación de diferentes etnias, edades y aspectos, diferentes y al mismo tiempo iguales entre sí gracias a que todos los personajes van vestidos de Superman o Wonder Woman; también se nota ese cuidado en los textos, en los matices que introduce, en el discurso meditado. Pienso, además, que puede ser un libro muy útil para gente joven con problemas de autoestima relacionados con su aspecto físico.

perrinowmicon

El Perrinowmicon (Fandogamia) es una recopilación de las páginas que Michael Perrinow ha compartido por redes sociales durante los últimos tiempos, coloreadas para la ocasión por Sara Cepeda. Se trata de historietas breves, sin relación entre sí más allá de ciertas constantes: el humor negro, el lenguaje colorido, la escatología desmedida, las muertes sin sentido y la frecuente destrucción del mundo en la última viñeta. El dibujo lleno de detalles mugrientos de Perrinow recuerda a aquellos autores de la línea chunga de los noventa cruzados con la animación para adultos más reciente. El resultado es un estilo personal, lleno de pelo, sudor y otras secreciones corporales, que Perrinow vierte en historias pasadísimas de vueltas, de sexo bestia e irreal —una mujer llega al orgasmo al ser rallada por un hombre literalmente, es decir, usando un rallador— y violencia sin sentido, a menudo provocadora: ningún colectivo está a salvo, pero Perrinow, no discrimina: en sus páginas recibe todo el mundo. No están incluidas en este cómic, pero recordemos su célebre serie Maik and the baby. Me sucede con las páginas de Michael Perrinow que, lejos de provocarme u ofenderme por las burradas que dibuja, me parece todo tan exagerado, tan desfasadísimo, que en realidad me resultan tiernas. Nadie con un mínimo de madurez debería ofenderse por estas páginas, pero sí sorprenderse por su desborde de imaginación, por la manera en la que puede contar una y otra vez lo mismo —dos personas se encuentran, hay muerte y destrucción y pasan cosas imposible— sin repetirse, ingeniando nuevas formas de morir o matar, y generando un universo propio, un código que desborda el propio cómic y es compartido por sus seguidores en redes sociales, como sucede en la ya clásica «Hora de los buenos».

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Presidente Trump: Dios perdone a América es el cómic más reciente de Pablo Ríos. Ha sido editado por Sapristi en un movimiento rapidísimo y muy poco frecuente en nuestro mercado: Ríos publicó unas tiras rápidas en internet, el editor de Sapristi, las vio, le gustaron, y en cuestión de días ya estaba cerrada la publicación de un libro de humor sobre el que hoy mismo, 20 de enero, se convierte oficialmente en presidente de EE. UU. No es habitual ese tipo de iniciativa y asertividad por parte de una editorial española, pero tampoco lo es que un dibujante acepte el reto y prepare un cómic con tan poco tiempo. Sé que Ríos lo ha dado todo para alumbrar un cómic que bebe de la rica tradición de humor gráfico y emplea la iteración —tanto de planos como de dinámicas— para generar running gags que intercala con chistes más independientes, aunque todas las páginas —siempre de cutro viñetas— comparten el mismo concepto: suceden en el primer día de Trump como presidente. Por supuesto, está completamente desconcertado, no sabe qué hacer y se aburre en su poltrona del despacho oval. Pero el gran acierto de Ríos es que nunca lo muestra como un bobo inocentón o despistado, sino que subraya las absolutas burradas que ha dicho y hecho el multimillonario durante la campaña, incluyendo, por tanto chistes racistas y sexistas. Especialmente destacable es la habilidad de Ríos para el remate final, algo nada fácil, como sabe cualquiera que se dedique al humor gráfico en un formato cerrado.

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¿Qué es el humor? es el segundo libro colectivo que publica la plantilla de Orgullo y Satisfacción, poco antes de que la revista anunciara su cierre a finales de 2017, tristemente. Algunos de los chistes ya se publicaron en un especial digital, pero la edición en papel aparece, como el anterior, bajo el sello de ¡Caramba! Se trata de una colección de definiciones del humor en una sola viñeta, chistes rápidos y contundentes, de todo tipo, más o menos negros. Como siempre en este tipo de trabajos, hay de todo: la aceptación de cada viñeta depende no sólo de su mecanismo, sino también de su autor. Hay chistes recurrentes con el terrorismo, porque una de las ideas principales y vertebradoras del libro es que el humor es un arma contra el integrismo o, al menos, un último recurso de la inteligencia. También hay bonitos homenajes a los maestros del humor que las dos generaciones más representadas en la revista admiran: Faemino y Cansado, el grupo que surgió con La hora chanante, Chiquito de la Calzada, el demasiado olvidado Eugenio… Son páginas emotivas, que contrastan con aquellas que registran lo complicado que se ha vuelto hacer humor en los tiempos de la interconexión absoluta y el feedback instantáneo. Quizá lo que más me ha interesado del libro —que, más que reír, me ha hecho reflexionar sobre ciertas cosas— es que demuestra que el peligro para el humor no está solo en el terrorismo fundamentalista, sino en la autocensura y en la presión de personas o colectivos que consideran que lo suyo es muy serio para hacer bromas. También son interesantes los chistes que abordan las dudas y neuras de los propios dibujantes, siempre presionados por la necesidad de no encasillarse y hacer gracia siempre. Me han gustado mucho, en este ámbito, las aportaciones de Triz, Manuel Bartual o Paco Alcázar. Bustos, Monteys y Fontdevila alcanzan momentos brillantes en un libro conceptual que siempre mantiene un buen nivel y en el que cada aportación individual mejora en la suma del conjunto.

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