Fallece Jiro Taniguchi

Hace tan sólo unas horas recibíamos la triste noticia de la prematura muerte de Jiro Taniguchi a los 69 años. Se trata de uno de los autores japoneses fundamentales de las últimas décadas, del que, por suerte, hemos visto un buen número de obras publicadas en nuestro país, casi siempre de la mano de Ponent Mon. Su muerte me ha dejado muy apenado, porque se trata de uno de mis autores favoritos. Recuerdo lo importante que fue para mí El almanaque de mi padre, una obra que nos mostró que había otro manga, al margen de la acción y la aventura fantástica.

Sin embargo, si algo ha caracterizado la prolífica carrera de Taniguchi ha sido la versatilidad y la capacidad para cultivar todo tipo de géneros, desde el detectivesco y policíaco, con El rastreador o El sabueso, hasta el fantástico, como demuestra una de las obras más recientes publicadas en España, Crónicas de la era glacial.

Pero, sin duda, mis dos facetas favoritas de Taniguchi son, por un lado, la más intimista, y, por otro, los relatos en la naturaleza. Sobre lo primero, es imposible no recordar la citada El almanaque de mi padre o Barrio lejano, dos obras soberbias, donde se profundiza en las relaciones familiares y, especialmente, en la figura del padre ausente. En ellas se hace patente la capacidad de Taniguchi para el gesto sutil, la mirada elocuente y el manejo, tan japonés, del silencio. Taniguchi posaba la mirada en lo aparentemente banal, y descubría la maravilla de lo cotidiano. Por eso una de sus obras más emblemáticas y recordadas es El caminante —la primera que se publicó en España, en las páginas de El Víbora—, que trataba, simplemente, de los paseos que un hombre ordinario de mediana edad daba por su barrio; siempre me he identificado mucho con esa costumbre y con la alegría primaria de caminar bajo la lluvia. La familia, el paso del tiempo y la nostalgia eran protagonistas de dos recopilaciones de cuentos cortos que están entre mis obras favoritas de Taniguchi: Tierra de sueños y El olmo del Caúcaso, basado en textos del escritor Utsumi. «Tener un perro», incluido en Tierra de sueños, es uno de los relatos más emocionalmente devastadores que he leído nunca.

Los perros y los animales en general ocupan un lugar central en la producción de Taniguchi, que fue un gran amante de los mismos. Los conocía y sabía dibujarlos como nadie, y maneja el lenguaje corporal del perro con una naturalidad excepcional. La naturaleza en su conjunto es explorada en toda una serie de obras en las que Taniguchi profundiza en su amor profundo por la montaña: fue escalador experto, y supo contar como nadie el hechizo de atracción que la majestuosidad de las cumbres ejercía sobre él. La cumbre de los dioses o el relato corto «La tierra prometida» muestran una naturaleza hermosa, pero también terrible, sin edulcorar. Siempre he conectado mucho con esa visión ecologista que no olvida que la naturaleza puede ser dura y cruel, pero que no por ello se ha respetar menos. Las obras de Taniguchi en este campo, teñidas de su propia experiencia, entremezclan lo contemplativo con la acción, pero, sobre todo, sirven de escenario para reflexionar sobre los grandes temas del ser humano: cuál es nuestro lugar en el mundo, y qué somos, una vez que nos hemos civilizado y alejado de lo natural. No es extraño que haya adaptado a Jack London, en algunas piezas incluidas en el excelente El viajero de la tundra, pero yo me quedo con sus maravillosas adaptaciones de Seton, junto a Imaizumi. Seton, naturalista pionero, comparte con Taniguchi una misma sensibilidad hacia la naturaleza, que descubre su majestuosidad sin idealizarla. Sandhill Stag es uno de mis títulos favoritos del mangaka, en el que refleja de un modo íntimo y preciso la tensión entre la emoción de la caza y la conciencia naturalista que el joven Seton está desarrollando.

Podría seguir, pero no se trata de repasar toda su amplia carrera; sólo de recordar algunos de los títulos de Taniguchi que más me han marcado. Pero cada lector tendrá los suyos, porque si algo lo caracteriza, es que es un claro ejemplo de autor transversal, que gusta tanto al público tradicional de manga como a los que prefieren la novela gráfica, o el cómic francobelga, con cuyo mercado Taniguchi mantenía lazos estrechos, ya que incluso llegó a publicar alguna obra directamente en él.

montana

Jiro Taniguchi era un maestro, cuyos valores universales y profundo naturalismo humanista conectaron con lectores de todo el mundo. Era un dibujante con un dominio perfecto de sus herramientas, con un amor por los detalles y la pausa para admirarlos que parecía crecer a cada obra. Esa fascinación por la naturaleza en todas sus formas nos enseñó que su poder reside en la montaña más alta y en el jardín más humilde, y que jamás debemos perder la capacidad de maravillarnos ante la vida. Descanse en paz.

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