Escapar, de Guy Delisle

escapar

El último trabajo de Guy Delisle publicado en nuestro país ha sido sorprendente, en tanto que se aleja del cruce entre diario personal y cuaderno de viaje al que solemos asociar su nombre. Hablo de Escapar, una extensa novela gráfica en la que, con un estilo gráfico más suelto e irregular, Delisle reconstruye la experiencia de Christophe André, un cooperante secuestrado durante semanas en su primera misión humanitaria cerca de Chechenia.

Tengo ciertos problemas con algunos de los cómics más populares de Delisle, como Pyongyang (Astiberri, 2005). No voy a negar su eficacia narrativa y el obvio valor testimonial, en el caso de la obra que cito, además, en un momento en el que poca cosa podía encontrarse en Occidente que narrara de primera mano detalles de la vida en Corea del Norte. Pero su acercamiento a un tema tan complejo me ha parecido siempre un tanto superficial, además de claramente etnocéntrico y, en momentos concretos, incluso poco empático con la gente que tiene que padecer un régimen tan grotesco y cruel como el norcoreano, por mucho que en los últimos años parezca que se esté convirtiendo en un fenómeno pop divertido. Quizá por eso, por las objeciones que he observado en sus obras más conocidas y exitosas, me interesaba mucho leer una en la que se alejara de todo eso, aunque, en puridad, se siga moviendo en el terreno de la no ficción.

En Escapar, un volumen de más de cuatrocientas páginas, en realidad lo que sucede, por duro que sea para el protagonista, obviamente, tiene poca acción: tras el secuestro, André es confinado por semanas, y durante su encierro no pasa nada. Es decir, que la mayor parte del libro consiste en contar cómo se sienta en la oscuridad, con la muñeca esposada a un radiador para que no se escape. Hay un cambio de emplazamiento, y una tentativa de liberación, pero eso es todo. Por lo demás, el día a día del secuestrado consiste en esperar y comer mecánicamente. Se pierde la cuenta de las veces, por ejemplo, que Delisle dibuja páginas en las que el protagonista es llevado al baño para que pueda hacer sus necesidades y asearse con un cubo de agua. El reto narrativo era duro: es muy complicado lidiar con una obra cuyo tema central es el aburrimiento. No la desesperación o la pérdida de la esperanza, que están ahí en momentos puntuales, sino el aburrimiento absoluto ante el paso del tiempo sin nada que hacer, potenciado por la monotonía de la estancia. Dibujar tantas páginas en el mismo escenario no es sencillo. Pero la clave, quizás, está en que Delisle ni siquiera lo intenta. Quiero decir que su interés en contar la historia de André tal cual éste se la transmitió —como se ve en la primera página, donde se dice esto literalmente, y se ve cómo Delisle grabó el relato del cooperante— parece llevarlo a neutralizar su estilo, a dibujar de un modo rápido y funcional cuando, creo, el material pedía cierta experimentación con el montaje, encontrar soluciones que no resultaran tan planas para tratar con el aburrimiento. No es una empresa fácil, insisto —hay todo un tratado teórico sobre ello, que tengo ganas de leer: When Happens When Nothing Happens, de Greice Schneider—, pero, en mi opinión, no hay una voluntad continuada de emplear recursos para transmitir el tedio sin ser tedioso; hay algunas cuestiones efectivas e interesantes, como la repetición de planos en viñetas consecutivas, pero se podría haber sintetizado las secuencias, o representado esa monotonía a través de lo gráfico, de un modo más simbólico, de forma que el aburrimiento fuera un símbolo que evocara ese sentimiento más que un relato literal.

Quizás podría pensarse que el artista debe ponerse en un segundo plano ante el testimonio en estos casos, pero yo creo precisamente lo contrario: que es en estos casos en los que un artista debe dar lo mejor de sí mismo para, exprimiendo las posibilidades del lenguaje, transmitir eses testimonio de la mejor manera posible. Y en este caso, dado que hablamos de un cómic, echo en falta que los sentimientos y estados de ánimo de André se expresen a través de lo gráfico de un modo más decidido, sin confiar tanto en lo textual, en lo que está pensando y verbalizando el protagonista. Hay algunas páginas donde se atisba lo que podría haber sido si Delisle hubiera apostado por ese camino: Por ejemplo, escenas en las que la economía de líneas potencia el efecto del espacio en el que el secuestrado está confinado, que genera la angustia y la monotonía (p. 133, p. 247), u otras en las que representa las acciones que se imagina André en diagramas sencillos (pp. 228-229). En este punto radica uno de los aspectos más interesantes de Escapar: el contraste entre lo que sucede y lo que el hombre se imagina que podría hacer para escapar, un objetivo que siempre está presente, pero de un modo difuso, abstracto, sin que se pueda concretar en un plan sólido, porque, y ésta es la clave, André no es un héroe de acción, y actúa como seguramente actuaríamos todos en su situación: de un modo conservador, sin arriesgar a perder las pocas cosas que tiene en pos de una libertad incierta, porque nunca llega a saber del todo qué está pasando al otro de la puerta, o quiénes son sus captores, más allá de los sobrenombres que les da.

También ofrecen interés todos las estrategias de André para mantenerse lúcido y no sucumbir al desánimo; los recuerdos de su vida, las historias bélicas que se cuenta a sí mismo, la determinación de que no hay que pagar el rescate por su propia vida… Y, sobre todo, esa tenue esperanza, los innumerables momentos en los que tiene que decirse a sí mismo que tal vez el día siguiente sea el momento de su liberación.

No es casual que lo mejor de Escapar resida en esos momentos en los que Delisle tiene que contar las novedades, lo que se sale de lo normal en todas aquellas semanas de tedio y espera, porque entonces tiene que variar la estrategia narrativa. Es lo mismo que sucede al final, donde, sin un gran clímax ni un incremento de la tensión, el protagonista, simplemente, es abandonado en la casa donde ha estado preso, con las puertas abiertas. Así es como escapa, sin grandes riesgos ni hazañas, y da comienzo entonces una de las partes más interesantes de un libro que se habría beneficiado de una mayor ambición en lo formal.

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One thought on “Escapar, de Guy Delisle

  1. Muy interesante y completa la reseña. En mi caso, la repetición tediosa de escenas iguales, si logra cautivar mi atención y me parece un acierto a la hora de representar el aburrimiento, pero entiendo perfectamente tu punto de vista. Escribí hace no mucho, una micro reseña de Escapar en juralopormi, por si te apetece ojearla . Para mi es su obra mas completa hasta la fecha, sin contar los tomitos de astiberri de Diarios de un mal padre o Luis en la Playa que son una gozada donde desata su vena humorística que me gustan tanto o mas.

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