Tierra de fanzines VI

Vamos con una ración de fanzines variados que he leído en los últimos tiempos, y que me miran con ojos de cordero desde la estantería esperando su merecida reseña.

Un 11 de octubre cualquiera es la primera obra que leo de Luna Pan. Se trata de una recopilación de historias breves, que hacen gala de una concisión narrativa notable, y un dibujo sintético pero trabajado. Me ha gustado mucho el color pero, sobre todo, su manera de dibujar la figura humana, que recuerda a algunos pintores de vanguardia. Las historias muestran pequeños enigmas, situaciones cotidianas teñidas de sangre, a veces, sugerentes y abiertas. Muy interesante, ya digo: habrá que buscar más obras de Luna Pan.

A Bárbara Alca la conocí gracias a Paraíso online, un fanzine dibujado a medias con Roberta Vázquez, una autora con la que comparte muchos rasgos, no sólo en su dibujo, sino en el tono narrativo, los diálogos locos y el desfase postadolescente como gran tema. En Disco Stew seguimos las andanzas de tres amigas —una perra, una especie de serpiente y una chica con cabeza de porción de pizza— que se van de marcha. Las relaciones sociales mediadas por las redes sociales y el alcohol y una ironía constante de lo moderno —ese DJ camarero que busca «un hueco dentro del panorama indie»— y algunos diálogos realmente inspirados son sus mejores bazas.

Y ya que he mencionado a Vázquez, el siguiente fanzine es Cólera a bordo, una sorpresa por muchos motivos. El primero, su factura artesanal, y el segundo que, en lugar de los cómics habituales en la autora, nos encontramos con un relato ilustrado autobiográfico. Vázquez cuenta una historia familiar relacionada con un disco recopilatorio de canciones de grupos femeninos de pop de los sesenta y un viaje en coche. El estilo sin florituras y el tono sincero me han encantado, y lo mismo con los dibujos, en su línea y al mismo tiempo un poco distintos, quizá porque se dibuja a sí misma y a su familia como personas, no como los animales antropomorfizados y otras figuras inclasificables que suele emplear. Ha sido una sorpresa agradable que aporta variedad a una obra cada vez más interesante, y que tal vez haya abierto una vía a explorar por la autora.

Lorenzo Montatore ha publicado recientemente Vooh, un fanzine mudo que continúa la línea de Ohg!, y que podríamos calificar como slapstick existencialista, por intentar definir algo que, en realidad, es bastante indefinible. Porque Montarore conjuga como ningún otro autor que se me ocurra la vanguardia gráfica más reciente con toda la tradición del humor gráfico y el nonsense, y destila todo eso en historias de ritmo impecable, que funcionan como un reloj. En las páginas de este pequeño tebeo, un personaje se dirige a una fábrica, donde se trabaja para producir algo que no llegamos a conocer, pues se representa gráfica y simbólicamente ese trabajo: la simetría juega un papel esencial, porque hay otra fábrica idéntica junto a la primera. Existen unos guardianes con porras que velan por que todo se produzca de forma eficaz, que castigan al protagonista por salirse del guión. Me encanta el estilo musical de Montatore, el ritmo gráfico, la originalidad de su propuesta y su ejecución ligera. Por eso también he disfrutado Yellow Pad, un pequeño cuadernito que simula el rayado de una libreta, lleno de personajes y diseños improvisados.

Una noche es una saga narrada por entregas, obra de Carlos González Boy, una de las firmas fanzineras que he descubierto recientemente que más me ha interesado. En el pasado Libros Mutantes, además de saludarlo en persona, pude hacerme con la tercera entrega de esta historia alucinante, que mezcla géneros de acción con un humor alienígena y un grafismo atrevidísimo, que no respeta cánones —por ejemplo, a veces no dibuja los cuerpos de sus personajes, solamente sus cabezas— y que cuanto más se suelta, mejores resultados consigue. En este capítulo, «Anchoa inferno is in da garden», encontramos dos cuadernillos diferentes, con páginas alternas de diferentes colores. El primero cuenta cómo instalan una máquina de realidad virtual en una pizzería, y el segundo, una entrega de una pizza absolutamente desmadrada, con persecución policial incluida, en la que González Boy se desata con algunas páginas en las que logra capturar el movimiento de una manera sobresaliente, gracias a trazos rápidos, a un dibujo suelto que parte de un conocimiento de las herramientas técnicas, pero que las pervierte aplicándolas con descuido y rapidez. La imaginación perturbadora del autor y su ingenio para hallar recursos gráficos inesperados están convirtiendo Una noche en una de las series de fanzines más audaces e interesantes del momento.

En el pasado GRAF de Barcelona adquirí varios fanzines del colectivo Bitches Witches. Entre ellos, dos de sus Opúsculos, el de amuletos y el de plantas, que muestran una colección de dibujos a tinta muy realistas, como un compendio de objetos mágicos e ingredientes para conjuros. Al final de cada uno se incluye, textos explicativos sobre las propiedades mágicas de los amuletos y las plantas, pero, para mí, el mayor aliciente es la elegancia de la tinta con la que ilustran minuciosamente cada cuadernillo, especialmente el que se centra en el mundo vegetal. También de este colectivo, pero firmado por Victoria Ripalda Tamame: 31 Hearts (Part I), una colección de frases y dibujos asociaciados, a veces metáforas, ilustraciones simbólicas de corte realista, sobre sexo y amor a veces, otras más enigmáticas. Al margen de la calidad de los dibujos, notable, hay unos cuantos conceptos interesantes, de los que te dejan clavado a una página unos instantes.

Buscando la salida, de Juan Luis Castro, es un divertimento, un desplegable que cuenta una pequeña anécdota dibujada con pulcritud casi vectorial —recuerda lejanamente a José Domingo o Javi de Castro—: un personaje perdido busca la salida, se encuentra con otro, que parece que la hace aparecer. Tengo un problema con los desplegables: casi siempre me cuesta encontrar el orden correcto de lectura. Pero éste, sin embargo, es muy sencillo, porque acaba siendo tan lineal como una página. No inventa nada, pero es un experimento simpático.

Simple World, de Juan Cubo y Pedro Villarejo también tiene un componente experimental. Se trata de una colección de historias breves, de una o dos páginas —excepto la última, «El habitáculo»—, protagonizadas por personajes simples, que remiten a frutas o a formas geométricas. Normalmente las anécdotas suceden en espacios vacíos, en escenarios abstractos, de forma que el mecanismo del gag se basa en el encuentro casual de dos o más personajes, que intercambian unas palabras. Los personajes, como a veces sucede en la historieta de humor clásica, no tienen una verdadera personalidad, sino que son mecanismos a través de los cuales se dispara el humor, a menudo teñido de cierta carga reflexiva, de un eco existencial, también muy propio de ciertas tiras. «El habitáculo» lleva ese componente un poco más allá y construye una alegoría sobre un lugar en el que la gente es explotada para obtener energía emocional, que se almacena con algún fin.

Termino por hoy con un ambicioso fanzine colectivo, Medievo; Medievo, presentado como un libro en rústica y editado por el colectivo Termita Press. Reúne a casi una decena de dibujantes, un conjunto heterogéneo pero que sí responde a ciertas líneas estilísticas comunes: dibujo cartoon, gusto por la aventura anacrónica y humorística, e influencia de las últimas tendencias del cómic y la animación. Guarda muchos puntos en común con el tono habitual en muchas de las historias de Nimio o Voltio, quizá los dos escaparates más visibles de esta corriente de cómic contemporáneo. De hecho, en las páginas de Medievo; Medievo podemos encontrar a Fran Collado —colaborador de Voltio— o Anabel Colazo —colaboradora de Nimio—, así como a Javi de Castro, uno de los más originales y destacados dibujantes de esta ola. Junto a ellos, encuentro varios nombres nuevos para mí, como Cristina Serrat, Ferro, Manel Vilchez, Marina Vidal y Miquel Muerto. Las historias basculan entre el tono humorístico de Collado y la aventura ligera, sin afán de verosimilitud. En esa onda, me ha gustado mucho la última aportación de Miquel Muerto, que me ha recordado mucho, tanto por su dibujo como por el tipo de aventura, a La mazmorra de Sfar y Trondheim. Otras historias que me han resultado llamativas han sido la de de Castro y la de Ferro, ambas con un tono más serio, que recrean el aire mítico de ciertas leyendas populares. Por último, el cómic incluye una lámina fantástica de Borja González.

La mayoría de las imágenes provienen de las webs de sus autores.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s