Tierra de fanzines VII

En vísperas de una nueva edición de GRAF, voy a revisar algunos fanzines más o menos recientes —aunque alguno tiene ya casi un año—, para ir abriendo el apetito de autoediciones. Algunas obras de las que voy a hablar seguramente se podrán encontrar en GRAF, o, en algunos casos, nuevos fanzines de los mismos autores.

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Quiero empezar con una de las autoras del panorama de autoedición que más me está gustando: Marta Cartu. De muchos de sus fanzines ya escribí hace poco en este mismo blog, pero en el último GRAF celebrado en Madrid pudimos encontrar su última novedad: Un tumor muy guay. Y creo que es uno de sus mejores trabajos. En él, se plantea una historia de juventud precaria y alienada, protagonizada por una joven inmersa en una relación sentimental rutinaria, un trabajo del que no se queja porque de algo hay que vivir, y que descubre un día que tiene un bulto en el ombligo. La historia se sumerge entonces en el terreno simbólico, pero, además, el grafismo de Cartu, mucho más sintético y limpio de líneas que sus anteriores fanzines, potencia ese simbolismo. Es un trabajo notable en el que la autora se ha esforzado por presentar ciertas cuestiones de una forma inédita, por ejemplo, situando los textos de apoyo fuera de las viñetas, en los laterales y verticalmente.

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Cornelius Comics es un nuevo fanzine de Marc Torices, con el que vuelve a su personaje fetiche, el desdichado perro Cornelius, un ser inseguro, tembloroso y demasiado empático para el mundo en el que le ha tocado vivir. En historias de una página, Cornelius se tiene que enfrentar a personajes oscuros y egoístas, entre los que destaca la rana Avalutsa, un personaje que da verdadero mal rollo, sobre todo por cómo lo dibuja Torices que es uno de los mejores dibujantes de su generación, sin duda alguna. Y lo demuestra en este panfleto de anti-autoayuda: «Eres una mierda, Cornelius. No lo olvides nunca».

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Otro autor destacado es Roberto Massó. En 2017 ha publicado dos libros excelentes —Zona hadal (Fosfatina) y El ruido secreto (Spiderland/Snake)— pero, paralelamente, sigue publicando fanzines de gama alta —con materiales muy cuidados— en muchos de los cuales está experimentando con la secuenciación de la abstracción geométrica. Gemelas es uno de sus mejores ejemplos: un cuaderno para perderse en él, para observar esas curvas que pueden armónicas o disonantes, que pueden tener continuidad en todas las viñetas de la página o romperse en caos. Si Gemelas gusta, puede probarse también con las dos entregas de Circuito internacional de curvas.

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He-He también se sumerge de lleno en la abstracción, de la mano de Cynthia Alfonso y Óscar Raña, dos firmas interesantísima de la escena gallega, que han publicado ya trabajos en Fosfatina y que mantienen el fanzine antológico Taiga, del que pronto hablaré más detenidamente. He-He es una fantasía de formas y colores alucinantes —la impresión del cuaderno es una maravilla—, en la que Raña y Alfonso se reparten las páginas de forma desordenada. Funcionan por separado, como composiciones únicas, pero la lectura de todas en secuencia revela nuevos significados, sobre todo en la oposición de las páginas pares e impares. Una pequeña joya para quienes disfrutamos de este tipo de cómic de vanguardia.

También a cierto tipo de vanguardia pertenece Cómic botella, de Pepa Prieto Puy. Es un pequeño artefacto artístico, un cuadernillo en tonos azules y rosas de cartoncillo, donde encontramos una interesante exposición de una ruptura amorosa turbulenta. De Prieto Puy habíamos leído ya El matatenias (Fosfatina, 2015), pero, desde mi punto de vista, aunque aquél era interesante aquí hay un salto muy significativo. En el estilo gráfico, para empezar, mucho más desarrollado, maduro y personal —con esas formas blandas que fluyen por las viñetas y van transformándose, y también con el juego de tamaños constantes—, pero también en lo que cuenta. Sin palabras, Prieto Puy consigue transmitir mucho más que obras narrativas que han tratado la misma temática.

Néstor F. es un habitual de esta «Tierra de fanzines», que el año pasado publicó lo que parece la conclusión de la saga de TMB Ninja, una fantasía muy loca de un chaval que se toma muy en serio lo de colarse en el metro. Este TMB Ninja; Juicio final! Es un pequeño fanzine que presenta una conclusión ambigua a la aventura, dibujada con la misma frescura, y con un pequeño detalle artesanal de los que sólo podemos encontrar en un fanzine.

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Visiones de Alejandro Gaudino me ha parecido también muy llamativo. Son ilustraciones de una página con cierta hilazón narrativa, dibujadas con un estilo fluido, basado en las masas de negro y en el horror vacui. Escenas de monstruos, de fantasmas informes con poso de inconsciente, algo de humor y, en última instancia, la soledad. A Gaudino le falta camino por recorrer, pero apunta a algo muy interesante y es un autor a seguir.

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Joaquín Guirao lleva desde que empezó el año haciendo una página de cómic al día, y compartiéndola en su Twitter, que os recomiendo que sigáis. Pero en 2017 también publicó un fanzine en páginas azules y tinta negra, que me parece de sus mejores obras. Se trata de El cuidador, un cómic dibujado en cuarenta y ocho horas ambientando en lo que parece un futuro posapocalíptico, protagonizo por un desdichado que ha perdido su memoria. Un ordenador que se expresa mediante su voz y un inteligente uso de los emoticonos básicos elaborados con signos de puntuación cuida de él en una especie de búnker. E intenta que no salga de él. El inicio en media res y la falta de información convierte el relato en una pregunta constante, que leemos desubicados y sin saber si el ordenador dice la verdad o engaña al protagonista. Nada se soluciona al final, pero la sensación de pérdida que consigue Guirao gracias a eso es genuina.

Y finalizamos por hoy con un fanzine que tiene ya dos números publicados: Torpe, de Bouman. Compré estos dos primeros números en el pasado GRAF de Madrid, y según ha anunciado, el tercero estará disponible en el de Barcelona que se celebra a partir de mañana. Torpe se plantea a la manera de un cómic alternativo de los noventa: capítulos de una historia larga —o, por lo menos, narraciones protagonizadas por las mismas protagonistas— y pequeñas historias cortas, dibujadas en estilos variados. De hecho, la historias largas, situadas en una librería especializada en cómics y las anécdotas y conversaciones de las dos dependientas, tiene un marcado sabor noventero.

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2 respuestas a “Tierra de fanzines VII

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