Tierra de fanzines IX

En esta entrega de «Tierra de fanzines» he reservado unas cuantas publicaciones recientes que podríamos englobar dentro de «vanguardia». Como tal denominación genera no pocas dificultades, podemos dejarlo en que son fanzines que prescinden de la narrativa, o, al menos, de una narrativa convencional. Aunque no en todo los casos. Dejémoslo, en fin, en que son fanzines experimentales y radicales en sus planteamientos artísticos, más interesados en comunicar abstracciones que en contar una historia. Como sabrá cualquier lector de este blog, esta corriente reciente es uno de mis principales intereses en la actualidad, y procuro estar muy al día de todo lo que se hace, especialmente en nuestro estado, donde hay no pocos autores y autoras avanzando por este camino fascinante. Creo que los títulos que encontraréis a continuación así lo demuestran.

Comenzamos con un habitual de la sección: Roberto Massó. Se trata de un autor inquieto y que, al igual que alterna la edición de novelas gráficas con los fanzines autoeditados, alterna diferentes líneas de acción con su trabajo. En algunos de sus trabajos podemos encontrar una narrativa elíptica y enigmática, pero con una secuenciación más o menos tradicional y un dibujo figurativo que, incluso, en cierta forma podríamos considerar clasicista, especialmente en su uso del color, muy pictórico. Pero, al mismo tiempo, Massó se sumerge de tanto en tanto en la abstracción geométrica más pura y radical. En esa línea, hemos podido leer hace poco el cuadernillo Gemelas, pero, en esta faceta de su producción, es una excepción, ya que, en realidad, el autor suele articular estos experimentos en series de cuadernos que se venden de manera unitaria, como si fueran una sola obra. Basta ver la serie Gris, Dimensión y Curvas para comprobar que este tipo de obra tiene más que ver con la música: como si de movimientos se tratase, cada pieza escoge unos motivos y los repite con variaciones para generar efectos. En las últimas obras de Massó que he podido leer el principio es parecido. En las dos primeras entregas que formarán la serie de doce partes Cuadrícula, se presenta una rejilla de viñetas regular e inamovible, de 3 x 4. En Todas las líneas a puntos, líneas negras y grises atraviesan esa plantilla oblicuamente, como si se proyectaran a puntos de fuga múltiples que nunca vemos. Comienza con unas pocas, y, después, va jugando con la cantidad de líneas y con sus intersecciones, para generar efectos en cada par de páginas. Es como ver las longitudes de onda que generarían los diferentes instrumentos tocando una pieza de música, hasta el punto en el que todo se sintoniza, las líneas adquieren continuidad sobre la plantilla de viñetas y se genera un efecto climático pleno en el último par de páginas. Una constante universal funciona de una manera parecida, pero, en esta ocasión, las líneas —sólo negras— caen sobre el plano paralelas entre sí y siempre con una inclinación que forma un ángulo agudo de 45 º y uno obtuso de 135 º; con ellas, no sólo puede jugar con la frecuencia y proximidad, sino también con la continuidad entras las líneas de cada cuatro viñetas o la ruptura de la misma. Las página finales son una maravilla de horror vacui y paroximo trazador de paralelas.

Circuito internacional de curvas no se incluye en la misma serie, y, por tanto, se aparta un tanto de sus premisas: El número de viñetas varía de página a página y, aunque son regulares en cada plancha, también cambian de tañao de una a otra. En este caso, además, existe una narratividad un tanto menos abstracta, ya que el punto de partida es un conjunto de circuitos de carreras de coches —Daytona, Montecarlo, etcétera— que luego son descompuestas en sus partes, combinadas siguiendo patrones ocultos, que buscan generar, como en los anteriores, un sentido de página concreto.

También he podido leer Malpartida, un fanzine a color que pertenece a la corriente más narrativa del trabajo de Roberto Massó, aunque diste mucho de ofrecer un relato plenamente inteligible. El escenario parte de un lugar real: el municipio de Malpartida, en Cáceres —de donde es natural Massó—, que mezcla el típico ambiente rural extremeño con un sorprendente museo Vostell-Malpartida, un espacio expositivo insólito, construido por el artista contemporáneo Wolf Vostell. La obra más conocida, situada al aire libre, es «¿Por qué el proceso entre Pilatos y Jesús duró sólo dos minutos?», aparece reproducida en la primera página del cómic, y, en páginas interiores, es el perfecto indicador de un escenario de aires poscapocalípticos. Por ese escenario se mueve un personaje totalmente massoniano: uno de sus guerreros cósmicos, action figure a la manera de los que poblaban su primer libro, Medieval Rangers (DeHavilland, 2014). Las panorámicas de un paisaje desolado, iluminado por cielos de tonos cálidos, se alternan con escenas de detalles geológicos y animales, e, incluso, con una página que desarrolla una taxonomía de objetos. El resultado emana una melancolía similar a la que encontramos en algunas de las obras de Gabriel Corbera, por ejemplo, Hot metal (2012), pero matizada por las texturas características de los colores y las formas que maneja Massó.

Si alguien quiere profundizar en la obra de este autor, hace un tiempo publiqué en Revista Cactus una entrevista con él.

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El siguiente nombre que trataré aquí también es otro asiduo de la sección: José Ja Ja Ja. Este autor maneja una estrategia, en cierta medida, similar a la de Massó, ya que alterna la publicación de libros —narrativos o no— con editoriales independientes y la autoedición de fanzines, dentro de su sello Ruja Press. Su actividad es casi febril, y la cantidad de cuadernos que ha acumulado en relativamente poco tiempo es enorme. Los últimos que he adquirido corresponden a su vertiente más experimental e intutitiva: él, arquitecto de formación capaz de generar imágenes de líneas perfectas, parece relajarse cuando se abandona al dibujo sin tiralíneas ni reglas en el cuaderno titulado, simplemente, 1. Los trazos aparentemente espontáneos tienen una cualidad juguetona e infantil, no sólo por estar dibujadas a mano alzada, sino también por los colores planos y esenciales que escoge el autor: azul, negro, amarillo, rojo y verde, con algún color secundario más de manera puntual. Sin embargo, las composiciones que elabora José Ja Ja Ja son limpísimas y responden de manera evidente a un pulso entrenado, como si quisiera que la mente volara libre, pero siempre anclada a una mano apolínea. Así, las composiciones que podemos encontrar tienen un equilibrio perfecto, y basculan entre las formas geométricas y la representación figurativa de objetos, sin aparente relación directa entre sí más allá de la compositiva. En algunos momentos aparece un personaje, un hombre con sombrero que atraviesa una escena, pero no es posible establecer un relato a partir de su presencia: el cuadernillo sólo parece buscar la sorpresa y el gusto contemplativo, y, sin duda, lo consigue: resulta genuinamente agradable y tranquilizador pasar las páginas luminosas de este cuaderno. En 4, al contrario que en el primero, Ja Ja Ja sí emplea reglas, y prescinde de formas naturales o artificiales para entregarse a ejercicios de geometría pura, siempre combinando la misma paleta de colores. Estas composiciones parecen más estudiadas, y, en algunas de ellas, se ensaya una deconstrucción de la representación del movimiento muy interesante, una preocupación presente en otras obras del mismo autor.

Si alguien quiere profundizar en la obra de José Ja Ja Ja, hace un tiempo le dediqué un extenso artículo donde analizaba muchas de sus obras.

Dentro del mencionado sello Ruja Press, también aparecen las obras de Ruohong Wu, una artista multidisciplinar interesada en un tipo de abstracción geométrica de apariencia tecnológica y maquinal, que remite a los mapas de isobaras, los esquemas de circuitos y cualquier otra codificación de la realidad en sus formas lineales más puras. Ha publicado ya varias obras impresas, pero la que he podido leer recientemente es Bom Bom Bay, una maravilla de la composición y el ritmo —sobre todo, ritmo—: la declaración de intenciones de la autora indica que en cada una de las cuatro piezas que contiene las líneas, puntos y superficies «empiezan a surgir por sí solos, sin mí». Esta posición discursiva es coherente con la obra, porque busca borrar la autoría humana y presentar las imágenes como productos de una inteligencia superior o, simplemente, una manifestación de la tecnología. Las páginas de este cuaderno son magnéticas: las composiciones de líneas, figuras geométricas, ondas y puntos generan un orden propio con reglas matemáticas, un mundo, efectivamente, inhumano. A veces, las figuras aparecen numeradas, aunque no sea posible encontrar una lógica al orden que se establece. Las únicas formas que podemos reconocer de nuestro mundo las encontramos en el encarte central, un pequeño cuadernillo donde parece que vemos fragmentos de mapas, mezclados con todo tipo de cuadrículas y líneas. Una de las experiencias más sorprendentes se halla en las páginas finales, en las que se observa una constelación de puntos de diferentes tamaños, numerados de forma que cada tamaño corresponde a una cifra. En una primera página, la constelación aparece tal cual: en las siguientes, aparecen trazadas líneas que unen algunos de esos puntos formando composiciones que hacen que el paisaje cambie por completo. Bom Bom Bay es, en fin, una muestra perfecta del increíble trabajo de una autora a seguir.

Seguimos con Solidium de Irkus M. Zeberio, un fanzine que se publicó en 2016, aunque se me pasó su existencia hasta la edición de GRAF de este año. Solidium supone la conclusión de una historia desarrollada en fanzines previos como La mano del hombre o Europa. Se trata de un relato mítico con personajes arquetípicos, que aquí alcanza un clímax de valor simbólico, en el que Europa despierta de nuevo gracias al solidium, «the enlightening rock». Dibujado con el registro más suelto y rápido de Zeberio, este fanzine impreso en risografía con tinta azul tiene la fuerza propia del dibujo puro, en bruto, propia de quien sigue siendo uno de los referentes del cómic de vanguardia de nuestro país.

Marges está firmado por Marc Torrent, un autor al que no conocía hasta que me topé con este fanzine en el pasado GRAF. Podéis ver muestras de su trabajo en su web. Marges es un recuerdo de la infancia pasada en el pueblo, esa vivencia que forja el rito de paso de la infancia a la adolescencia y que Torrent cuenta aquí con un tono íntimo y subjetivo, con excelentes dibujos a una página que, entremezclando magenta y azul risográficos, reproducen las sensaciones y los recuerdos fragmentados de aquella infancia. La iconografía religiosa, el entorno rural, la comida y el descubrimiento del sexo aparecen reflejados de un modo nada obvio, apoyándose Torrent en unos textos de tono lírico muy conseguidos. No es tanto un relato coherente y ordenado de un verano en el pueblo, sino, más bien, una profundización en lo emocional y sensorial, en ese poso que deja en nosotros el recuerdo de aquellos veranos. Seguiré a Torrent en lo que haga a partir de ahora, porque no sólo es un gran dibujante, sino que también propone algo bastante diferente a lo que podemos encontrar en el panorama actual.

Brais Rodríguez es el autor del reciente Onde estás?, un fanzine de factura cuidada, muy alejada de sus dos trabajos anteriores, La chica con el sol en su cabeza y Sombraambos reseñados en este blog recientemente—. En esta ocasión, el nuevo título que publica bajo el sello de Carne Líquida se sumerge en la abstracción más pura. Tal vez el auge de esta corriente en su entorno de autoedición lo ha animado a aportar su particular visión, o tal vez su interés proviene de otra fuente, pero, en cualquier caso, el resultado es interesantísimo. Rodríguez establece una rejilla de pequeñas viñetas regulares y, a partir de ella, rompe todas las reglas y sorprende a cada paso de página: en el comienzo, presenta a una personaje narigudo que parece atrapado en el marco de la viñeta, aunque está intentando escapar. Pero, tras su intervención, las líneas y las manchas —dibujadas a base de tramas manuales de plumilla— se desatan. Primero respetan las viñetas y generan efectos dentro de ellas, pero, hacia la mitad del cuaderno, desbordan todo orden e inundan el espacio, evolucionando de una forma muy orgánica en su caos. Generan ondas que primero se agitan fuirosas, pero que acaban apaciguándose y volviendo a las viñetas, aunque ya mancilladas por un violento negro rayado. Onde estás? es un experimento narrativo que demuestra la inquietud de su autor, una vez más.

Voy a acabar la sección de hoy con el fanzine más reciente de Nadia Hafid, otra de las autoras que descubrí en GRAF —de hecho, fue la autora de su cartel—. En Revista Cactus escribí sobre sus dos primeros fanzines, pero, gracias a la amabilidad de Marc Charles, he podido leer recientemente el tercero que publica este año, también con el sello de Lupa y Sombrero. En Más allá de mí, como en los anteriores trabajos de Hafid, tiene mucha importancia el entorno hogareño; se recurre de nuevo al tema de la mudanza reciente, a través de una pareja de chicas que acaba de empezar a vivir juntas y pasan su primera noche en el nuevo piso. El dibujo geométrico, casi vectorial de la autora es perfecto para generar un ambiente pulcro, aséptico, en el que los objetos cotidianos adquieren una condición platónica, en cuanto a que se representan idealmente. La estructura del relato, organizado en viñetas pequeñas y de tamaño regular, resulta más o menos convencional, aunque Hafid sorprende en algunos tramos con una gran habilidad para desarrollar la acción sin recurrir a los textos. Aunque la historia tiene una lógica narrativa evidente, lo que sucede en ella responde a sucesos nunca explicados: una de las chicas que forma la pareja se obsesiona con algo que sucede en el piso de enfrente, hasta el punto de pasar la noche en vela vigilando por la mirilla de su puerta. La inclusión, muy medida, de un elemento que podría ser sobrenatural consigue enturbiar el costumbrismo del relato y dejarlo en un terreno mucho más ambiguo y sugerente.

Muchos de estos títulos pueden encontrarse en la tienda online de Fatbottom, la librería barcelonesa especializada en fanzines.

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