No fue, Vivir debajo de un puente y Behind Is Late, de Cynthia Alfonso

En los últimos meses he podido adquirir algunos de los nuevos trabajos de Cynthia Alfonso, una de las autoras más activas e interesantes del cómic experimental español, y, concretamente, de la escena viguesa. Las obras que Alfonso había publicado en 2016 y 2017, como Cerca la noche, Nada nuevo o su aportación a la obra colectiva Hoodoo Voodo, presentaban historias sin apenas texto y muy enigmáticas, con personajes femeninos habitualmente, y más interés por la evocación lírica y los ambientes que por el relato o la peripecia. Pero, en sus fanzines más recientes, Alfonso está explorando una nueva vía también muy interesante, en la que se sumerge en la abstracción geométrica —más o menos completa— y formula nuevas propuestas basadas en las formas y en los colores. Una de las primeras muestras la vimos en el fanzine que hizo con Óscar Raña, He-He, pero, en los tres trabajos que voy a tratar a continuación, creo que lleva este concepto a alturas nuevas. Antes de continuar, recomiendo la lectura de la entrevista que hice a Alfonso y Raña y que publiqué en Revista Cactus, en la que la autora explicaba las intenciones y premisas de su trabajo. Pero aquí me interesa recuperar dos claves:

No pienso tanto en que estoy haciendo cómic sino en que éste me está ayudando a transmitir cosas que necesito expresar. Para mí, no es un fin en sí mismo. El formato cómic y su secuenciación albergan muchas más posibilidades que las de contar una historia cerrada, salirse de los márgenes que ofrece es lo interesante y, sobre todo, aprovecharse del movimiento y ritmo que manifiesta este medio

Yo trabajo mucho con el tema de la angustia, siempre. Hay algo de lo que intento transmitir que se refleja a través de la imagen, el ritmo, la composición…, pero también me gusta que el lector interprete lo que le dé la gana. Me gusta cuando compruebo que cada uno ha entendido una cosa diferente, me parece genial. Está bien que el cómic tenga diferentes lecturas.

Estas ideas explican la falta de respeto a la narrativa clásica, pero también por qué el trabajo de Alfonso resulta difícilmente clasificable y provoca, como otros autores de su corriente, encendidos debates acerca de si lo que hace es o no cómic. La respuesta que yo doy a este dilema es el mismo que el de Alfonso: no importa. Pero, añado: a nadie se le ocurre que un poema ultraísta o dadaísta no es literatura porque no cuenta una historia. Por algún motivo, sin embargo, la esencia sigue obsesionado a ciertos críticos y teóricos de un medio que todavía tiene que luchar contra esfuerzos definidores reduccionistas. Pero esto es tema para otra ocasión.

Comencemos por No fue, un ejercicio de composiciones de formas y volúmenes sin aparente hilo conductor coherente. Puede recordar superficialmente a la abstracción geométrica de autores franceses como Alexis Bauclair, pero, en realidad, mientras que éste está experimentando con la secuencia no narrativa —sin relato—, Alfonso está más interesa en jugar con una sola imagen y transmitir sentidos abstractos que la imagen figurativa tiene dificultades en representar. Decir que estas imágenes no quieren decir nada no tiene demasiado sentido, porque, en efecto, lo que podemos describir verbalmente de ellas resulta irrelevante, si nos limitamos a su sentido literal: círculos de un solo color y del mismo tamaño que se van superponiendo y forman culebras, paralelogramos, formas que se compactan y configuran volúmenes… Pero lo que realmente tiene importancia es entender que las formas y los colores transmiten información no verbal y sugieren sentidos y emociones. Cuando nos situamos frente a un cuadro abstracto, sentimos cosas, aunque no entendamos qué está pasando. Como en Alfonso, también había en las primeras vanguardias la voluntad de representar subjetividades: «Mi gran deseo es aprender a hacer deformaciones o inexactitudes o mutaciones de lo verdadero; mi deseo es que salgan, si es necesario, hasta mentiras, pero mentiras que sean más verdaderas que la verdad literal», escribió Van Gogh.

¿Qué sugiere este pequeño fanzine? Las masas de color puro y sin degradados, en primer lugar, impactan de un modo visual muy inmediato. La combinación de los colores siempre tiene intención sensorial, y juega con los sentimientos que tenemos culturalmente asociados a cada color. La repetición genera un sentido de orden que Alfonso rompe cuando la secuencia de repetición no es regular, y el resultado tiene algo de glitch, de fallo en Windows que desencadena una cascada infinita de formas geométricas iguales. La inclusión de algunas palabras alargadas, además de tener un sentido estético en cuanto que la tipografía y volumen de las letras no es azarosa, introduce algo de humor en el conjunto. El final sorprende con cuatro pequeñas viñetas en las que vemos uno de los motivos recurrentes de Alfonso: una mujer de espaldas, que se gira hacia nosotros y, en este caso, se sorprende de lo que ve.

Con un formato similar, Vivir debajo de un puente supone un experimento interesantísimo. Aquí encontramos una cierta abstracción geométrica, pero también un personaje y un tema muy claro, que desmiente el tópico de que la vanguardia no puede ser comprometida socialmente. Este fanzine trata de precariedad y de las dificultades para acceder a una vivienda, pero lo hace de un modo simbólico y que juega con la forma para, a través de lo puramente visual, transmitir esa angustia a la que Alfonso se refería en la entrevista que he enlazado. Valga como ejemplo el inicio: una página con una rejilla regular representa una casa común y alienante —todas las habitaciones son del mismo tamaño, y de colores blanco y amarillo, asociados a la enfermedad o la tristeza—, que se desploma en las dos siguientes páginas. Los colores desgastados restan brillo a unas imágenes que se burlan del glamour de inmobiliaria, como el anuncio intencionadamente cutre de una oferta, que desencadena unas formas horizontales que sugieren la carrea de una mujer que aparece en las siguientes páginas, en busca de un hogar. Sus esperanzas de habitar una casa desdibujada, pura forma, se frustran ante los requerimientos contractuales. Por supuesto, esto no está contando con una secuencia y unos diálogos convencionales, sino que todo se mueve en un terreno simbólico, pura representación, que busca mostrar un proceso que todos hemos vivido reducida a su mínima expresión y al sentimiento puro de frustración que conlleva.

He dejado para el final el más impactante de los trabajos recientes de Cynthia Alfonso: Behind Is Late —título que cruza espacio con tiempo de un modo brillante—. En esta ocasión, es una edición de Cold Cube Press, en la que materiales y formato son parte de la obra y de su discurso. Las páginas plastificadas tienen un tacto al que no estamos acostumbrados, algo viscoso, que ya nos sitúa en un universo alienígena. La palabra que mejor define la experiencia de lectura es «inmersión»: uno se sumerge gracias al gran formato del cuaderno, que potencia la contundencia de las figuras geométricas y unos colores eléctricos, impresos en risografía con énfasis en unos difuminados y unos contrastes entre azules, rojos y amarillos que recuerdan a la potencia de las ilustraciones de la ciencia ficción de los años setenta. El uso que hace Alfonso de las técnicas de impresión es, de hecho, de los mejores que he visto recientemente.

La historia que plantea es más concreta, porque tenemos un personaje, una mujer de espaldas —similar, o la misma, que la que pudimos ver en el final de No fue—, con un monólogo interior introspectivo, con unas pocas frases por página, siempre a los márgenes, para dejar el protagonismo a lo gráfico. Esta mujer se enfrenta a su tristeza y a su miedo, sensaciones que están representadas mediante abstracciones: masas de color, formas sencillas… Como lava, los volúmenes se mueven y mutan, primero rodeando a la protagonista, luego disolviéndose, cuando ella vence, aunque la amenaza siempre está ahí. Esta inteligente oposición entre lo concreto y lo abstracto permite entender de un modo más directo lo que está sucediendo, pero, al mismo tiempo, nos sitúa en un escenario blando, mutante, que provoca un extrañamiento y subraya esa sensación de inmersión que mencionaba antes.

El resultado es alucinante: una lectura íntima que provoca sensaciones y estados de ánimo a través de lo puramente visual. Al contrario de lo que algunos creen, en este campo no «vale todo»: hace falta dominar muy bien los códigos de la comunicación visual para sugerir tanto sin recurrir apenas a la palabra o a la imagen figurativa. La madurez y profundidad de Behind Is Late lo convierten en el mejor trabajo de Cynthia Alfonso, y en una de las obras clave del cómic experimental español de los últimos años.

Las obras de Cynthia Alfonso puede adquirirse en su web.

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