Noticias de pintores, de María Luque

La dibujante argentina María Luque es una de las nuevas voces más activas del cómic de ese país, en el que, hace décadas, hubo una industria pujante, que se derrumbó de forma casi paralela a la española. Una nueva generación de artistas, conectada con las más importantes y nuevas corrientes internacionales, ha aparecido en los últimos años, amparada en editoriales como Maten al mensajero o Tren en movimiento y no sin provocar tensiones con anteriores generaciones que no comparten sus presupuestos estéticos. Observando el trabajo de Luque, no cuesta entender, desde nuestra posición, el motivo de la polémica, pues es el mismo que anima en España ciertas controversias de muro de Facebook acerca de cómo-debe-ser-un-cómic. No tienen importancia, ni suponen, en realidad, una novedad en la práctica artística, siempre albergando estas tensiones entre lo viejo y lo nuevo, pero resulta interesante recordarlo porque este reciente libro aborda ciertas cuestiones sobre el arte y los artistas que podrían recordar, lejanamente, las que atañen al cómic.

Luque es la autora de La mano del pintor (Sigilo, 2016) y Casa transparente (Sexto Piso, 2018), de modo que, aunque corta, su trayectoria ya tiene cierto recorrido. En ambos cómics abordaba, de forma diferente en cada caso, cuestiones relativas a la autobiografía y la autoficción, pero es en el primero donde podemos encontrar conexiones más evidentes con su nuevo libro: Noticias de pintores (Sigilo, 2019). En aquella primera obra larga, Luque reconstruía la vida del pintor Cándido López, a través de una ficcionalización, pero también abordaba temas presentes en la actividad de casi cualquier artista, preguntas que toda persona que haya tomado un pincel se ha podido hacer. Evidenciaba, por tanto, una preocupación por lo esencial en el arte: qué se pinta, cómo se pinta y por qué. Noticias de pintores, realizado a caballo entre Roma y san Petersburgo, en sendas estancias, aborda estas preguntas, pero lo hace de un modo sorprendente. En primer lugar, porque Luque no asume ninguna forma narrativa definida, ni tampoco adopta el ensayo gráfico. El libro es, más bien, una colección de anécdotas, hechos, opiniones y datos relacionados con pintores y pintoras de todas las épocas, organizadas de un modo aparentemente descuidado, pero que, si se observa con atención, responde a una cierta asociación de ideas, si bien parece evidente que a Luque le conviene la falta de sistematización explícita o la inexistencia de secciones. Solo un índice, al final del libro, nos ofrece una cierta organización en forma de listado de artistas presentes.

Luque escoge ciertas limitaciones a la hora de reproducir las obras que aparecen en Noticias de pintores. La primera es su peculiar estilo, naif y que prescinde de ciertas convenciones de la representación realista —proporciones, tridimensionalidad moderna, etc.— y que tiene unas fuertes connotaciones. Todo cuadro citado en el libro pasa por este peculiar estilo y queda traducido por la mano de Luque, de forma que pierden y ganan significados, pero, al mismo tiempo, resultan siempre reconocibles. La segunda limitación es más llamativa, dado que supone un cambio importante en su modo de trabajar: hablo del color, que aquí se ve reducido a una paleta de tres —azul intenso, rojo, rosado—, a pesar de que en anteriores obras había utilizado una muy variada. De este modo, el color actúa como una pátina homogeneizadora que dota de cierta unidad a todas las páginas, independientemente del aspecto original de las obras reproducidas.

La voz narradora de Luque no expresa ninguna tesis ni construye un hilo constructor claro para su relato: se limita a enunciar asépticamente las curiosidades o hechos, de este modo: «Augusto Schiavoni retocaba tanto sus pinturas que varias veces tuvo que modificar la fecha original de la obra» (p. 58). En algunos pasajes, la narración adopta una forma de cómic más convencional y se dramatiza alguna escena o algún diálogo, con varias viñetas y bocadillos de texto. Pero Luque nunca toma la palabra: no sabemos directamente qué piensa ni por qué escoge las escenas que escoge. Eso provoca desconcierto, e, incluso, un cierto alejamiento del lector: por momentos resulta difícil penetrar en las intenciones de la autora y leer Noticias de pintores como algo más que un anecdotario. Sin embargo, existen hilos conductores, aunque no sean lineales; temas que interesan especialmente a Luque, o cuestiones sobre las que dialogan las diferentes escenas, aunque nunca sea algo explícito. Hay que encontrar esas tesis en lo implícito, leer entre líneas e interrogarnos sobre lo que nos sugiere este libro que, más que plantear respuestas, nos interpela acerca de ciertos problemas presentes en la historia del arte.

Para empezar, resulta evidente el esfuerzo por parte de Luque para incluir pintoras y visibilizar a muchas mujeres —por motivos obvios, sobre todo pertenecientes a la época contemporánea—, hasta el punto de que introduce una secuencia de dos páginas en las que cita un documental de Tracey Emin, ¿Cuál es el precio del arte? (2006) en el que la autora pregunta a varias mujeres por los nombres de tres artistas, sin que sea nadie capaz de mencionar a una mujer (pp. 32-33). Es su propia manera de preguntarse —y preguntarnos— acerca de la brecha de género en la pintura, para luego recuperar figuras como las de Paula Modersohn-Becker (pp. 105-106), Elaine de Kooning (pp. 124-125) o la precursora del arte abstracto Hilma af Klint (pp. 86-89). También aparecen cuestiones de clase abordadas de forma tan poco explícita como todas las demás, pero que nos interrogan igualmente: la modelo pobre que estuvo a punto de morir tras posar para Millais, por ejemplo (pp. 146-147).

Otro de los temas centrales —tal vez el más importante o el más presente— es el de la inspiración: ¿de dónde sacan sus ideas los artistas? ¿Por qué pintan como lo hacen? Aquí, además de un ramillete de excentricidades y manías propias de lo cotidiano, encontramos altas dosis de misticismo, lo cual no debe extrañarnos, pues el arte siempre ha estado vinculado a esto, de una forma u otra. Visiones, rituales, lecturas de manos, revelaciones metafísicas… La historia del arte está plagada de personas que buscaban más allá del mundo evidente aquello que querían reflejar en sus cuadros. Resulta especialmente interesante comprobar cómo los orígenes del arte abstracto están muy ligados a este tipo de cosas, tanto como leer los episodios de incomprensión por parte de crítica y público hacia estas nuevas propuestas.

Eso nos lleva de nuevo al principio: la incomprensión hacia ciertas corrientes del cómic actual tiene su eco en aquellas viejas polémicas sobre el arte de vanguardia. María Luque, seguramente, sea consciente de esto, pero escogió poner en primer plano otras preocupaciones más trascendentes, que ha abordado con ligereza, sin profundizar, exponiendo más que explicando, pero de un modo en el que todo nos está indicando que hay algo más de lo que resulta evidente.


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