¿Es así como me ves? de Jaime Hernandez

Jaime Hernandez lleva ya cuarenta años desarrollando las historias y las vidas de Maggie Chascarrillo, Hopey Glass y el resto de la pandilla de Locas. Se trata de un caso único en lo que se llamó cómic alternativo: Peter Bagge o Beto Hernandez, hermano de Jaime, hace tiempo que abandonaron a sus personajes más célebres, para buscar otros pastos creativos en su madurez como autores. Sin embargo, Jaime Hernandez ha convertido Locas en la obra de su vida, y sigue avanzando con paso firme y sin bajar el pistón en esta comedia que a ratos es un drama y a ratos un serial de sabor pulp, según lo que toque. En los últimos años parece más centrado en los flashbacks al pasado y en los avatares románticos de Maggie y Hopey, ambas ya con más cincuenta años, lo cual introduce nuevos temas y permite a Hernandez seguir hablando de lo que conoce, pues aventaja a sus personajes en cuatro o cinco años a lo sumo, distancia suficiente para que la reflexión reposada le permite abordar las tramas propias de cada edad con mayor calado.

Esta es, sin duda, una de las cosas que más agradecen los entregados fans de Locas: sus personajes han crecido con ellos. Pienso en el vértigo y la calidez que debe de sentir alguien que comenzara a leer Love & Rockets en su adolescencia y ahora continúe haciéndolo y, realmente, se me ocurren pocas experiencias más desbordantes dentro del medio. Sin embargo, no es mi caso; prácticamente nací con Love & Rockets y ni siquiera comencé a leer las historias de Jaime y Beto Hernandez e mi propia adolescencia, que coincidió con su publicación en los Brut Comix de La Cúpula. Hace solo diez años que conocí Locas y me puse al día tan rápido que mi experiencia se asemejó más a leer una voluminosa novela gráfica que a la novela río que ha sido para quienes la siguen desde su comienzo. Pero, incluso así, la fuerza rotunda de la verdad que hay en sus personajes y todo el peso del paso del tiempo me abruman a veces.

¿Es así como me ves? (La Cúpula, 2019; traducción de Lorenzo Díaz) es la última entrega publicada en España de Locas. Hernandez había puesto el listón muy alto con Chapuzas de amor (La Cúpula, 2015; traducción de Lorenzo Díaz), una de sus mejores obras y uno de los cómics más tremendos que yo haya leído nunca. Parecía la obra cumbre de un autor maduro en plenas facultades y con pleno dominio de su arte. Santiago García escribió tras su lectura: «después de leer el final de «The Love Bunglers» la sensación es que Locas ya ha terminado. ¿A dónde pueden ir Maggie y Hopey después de esto? ¿A dónde puede ir Jaime?».

Yo creo que es una pregunta que, seguramente, el propio Hernandez no se ha planteado, pues la respuesta solo puede ser una: hacia delante, naturalmente. La vida sigue, aunque sea para dejar atrás los que pensamos que fueron nuestros mejores años. La mirada del autor es cada vez más retrospectiva, de modo que el argumento central de esta nueva historia no podía ser más coherente con la deriva de Locas: Maggie y Hopey vuelven al viejo barrio para una reunión de los tiempos gloriosos. La escena punk de Huerta en la que vimos nacer la estrecha relación entre ambas y que sirvió a Jaime Hernandez para proyectar sus propias experiencias como punk latino —siempre parece que Beto trata más explícitamente la cuestión étnica y cultural, pero para Jaime es también central— aparece ahora como una sombra del pasado, un lugar mental compartido por un puñado de personas al que se puede volver un fin de semana de vez en cuando, pero que nunca será ya el mismo que vivieron. Aunque las páginas de ¿Es así como me ves? estén teñidas de melancolía, también hay mucha alegría. Los tiempos gloriosos tampoco fueron perfectos —como podemos ver en los interludios ambientados en la adolescencia de Maggie y Hopey— y nadie abandonaría su vida actual para volver a vivir la vida del punk. Y, como suele suceder con este tipo de reuniones, las expectativas suelen ser mejores que la realidad: Maggie nunca termina de estar cómoda, quizá porque para ella el pasado es Hopey… y ya no está ni puede estar con ella.

El nivel de síntesis y de refinamiento que ha alcanzado Hernandez es tal que no necesita de grandes subrayados para que las emociones fluyan. Juega con ventaja, pues ya conocemos a sus personajes, y no tiene que construirlos desde cero como sucedería en un cómic autoconclusivo de nuevo cuño. Pero jugar con el reconocimiento también tiene sus riesgos, ya que es mucho lo que se espera de él y de sus criaturas. En este libro los grandes momentos, los que realmente importan, no precisan de viñetas sobredimensionadas. Suceden en una cualquiera, sin prepararnos, como ocurre en la vida. De su manejo del tiempo y del ritmo poco queda por decir; sin embargo, en este libro parece haber un punto más de control de la elipsis, tanto visual como textual: importan más las frases que no se acaban, las que no se dicen, las que se quedan dentro y ya no pueden decirse nunca porque su momento ha pasado. Su trazo depuradísimo, el epítome de toda una tradición de cartooning, combina la ligereza del dibujo puro con la pesadez de los cuerpos, y modula tanto los momentos más divertidos como la gravedad dramática de aquellos que nos golpean como solo puede hacerlo que nos importa de veras. Con la fuerza de los años. Los que tienen ellas, pero también los que tenemos nosotros.

Puede que ¿Es así como me ves? haya sitio para muchos personajes de Locas, y veamos a Izzy, Joey Glass, Doyle o Daffy —con una hija que tiene ahora la edad que tenían ella y sus amigas al comienzo de la historia—, pero, finalmente, este es el gran libro que Jaime Hernandez le ha dedicado a Hopey y Maggie en su edad adulta. Porque esto siempre ha ido sobre ellas dos. Chapuzas de amor se centró en la historia de amor maduro de Maggie y Ray, que siguen felices y juntos, pero es evidente que para, Maggie, Hoeey Glass sigue siendo su gran amor. Esta suerte de viaje al pasado por un fin de semana que se montan remueve muchos sentimientos y recuerdos, pero su anhelo resulta desgarrador para los lectores tanto como para ella. No es que no sea feliz, no es que esté dispuesta a dejar a Ray si Hopey se lo pidiese; sencillamente, a veces el pasado vuelve. La sutileza de Hernandez evita que Maggie exprese en voz alta lo que piensa. No es necesario; todo es un juego de gestos y de miradas que dicen más que mil palabras. Entre Maggie y Hopey no hay nada ya que haga falta decirse. Se conocen perfectamente. De algún modo, a través del lenguaje corporal de Hopey se nos transmite que ella sabe, en todo momento, lo que le pasa a Maggie. Pero eso no lo hace menos desgarrador. Las páginas 24 y 25 bien pueden ser lo mejor que ha dibujado este autor en toda su vida, lo más contenido, lo más emocional y lo mejor expresado. Todo está en esas dos sencillas páginas, los cuarenta años de historia en común de dos personajes que están vivos. Especialmente en la mejor viñeta del libro:

La mirada de Maggie posada en Hopey, sin que esta última lo advierta, llena de añoranza y de amor, expresada como solo es posible cuando sabes que la otra persona no te está viendo; Hopey está en el presente, hablando mediante el móvil con su pequeño hijo adoptivo, inalcazable para Maggie, tan cerca físicamente, pero tan lejos, en ese momento, en lo simbólico. Maggie mira a Hopey desde el pasado, desde ese mundo que ha revivido durante un fin de semana junto con una relación y un deseo que ha resucitado justo en la página anterior, mientras ambas caminaban hacia el motel en el que se hospedan. Maggie se acerca a Hopey insinuante, con evidente intención erótica, pero en el preciso instante que vemos en la viñeta, Maggie es consciente de que es demasiado tarde. Y, sin embargo, no puede evitar el intento seductor, al pedirle a Hopey que palpe sus abdominales, porque a veces no puede evitarse meter la pata o sucumbir a la tentación, por muchos años que se tengan —o precisamente por eso.

Todo el fin de semana transcurre con una inevitable tensión entre ambas —sexual y de otros tipos—, manejada a la perfección por Hernandez, pero en nuestro fuero interno sabemos que nada pasará. Los viejos tiempos seguirán siendo viejos, el punk ochentero es ahora hilo musical de un supermercado, y Maggie y Hopey nunca más volverán a estar juntas. Y no pasa nada. Así es la vida.


Una respuesta a “¿Es así como me ves? de Jaime Hernandez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s