Enjambre en Entrecomics.

Ayer publiqué en Entrecomics una reseña de la antología de autoras Enjambre; aquí dejo el enlace.

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Batería de reseñas.

Entre CuCo, Cuadernos de cómic —la habéis descargado ya, ¿verdad?— y otras cosas que ya contaré cuando se pueda, tengo un poco abandonado el blog y se me han ido acumulando lecturas de todo tipo que me gustaría comentar, aunque sea brevemente. Vamos a ello.

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Una blanda oscuridad es una nueva joyita de Sergi Puyol, editada por Apa-Apa, cada vez más metidos en el papel de editorial vanguardista. Es un tebeo grapado de pequeño formato impreso en risografía, una técnica de impresión que busca la imperfección y el acabado rudimentario a base de tramas de puntitos. Puyol explota esta cualidad en una historia hermética y desconcertante, de imaginería poderosa y ambientación rural. La naturaleza vista a través del grafismo frío y formalista de Sergi Puyol se vuelve un lugar extraño y atrayente donde se desarrolla primero un monólogo que recuerda a Seth y que muy pronto deja paso a un simbolismo mudo. Es una historia amarga en la que se recuerda al amigo —¿o amante?— ausente, pero que se sostiene en lo puramente emocional y sensorial.

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Y de Sergi Puyol paso al que fuera su compañero en el cómic Dictadores: Irkus M. Zeberio. Zeberio y Puyol son, junto a Gabriel Corbera, la punta de lanza del cómic español de vanguardia, y comparten, cada uno desde su estilo, la preocupación por los aspectos formales de su trabajo, al que desproveen de sentimentalismo a base de eliminar las referencias a lo humano. Paradójicamente, el tebeo autoeditado de Zeberio se llama La mano del hombre, y es una especie de epílogo a The Last Bloom, donde contaba una invasión a la Tierra por parte de una misteriosa «Gas Nation». Ahora, un humano con bigotón, conservado en un museo de la nación de gas, consigue liberarse y se enfrenta a sus captores. Zeberio deforma su trazo hasta alcanzar un primitivismo fascinante, que no recuerdo haberle visto nunca. Hay viñetas que casi parecen dibujadas sin ningún tipo de planificación, a lo que salga, y por eso el resultado es un artefacto tan atrayente.

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Por terminar con el apartado de fanzines españoles, comentaré que hace muy pocos días recibí el número 3 de Mister, una de las publicaciones autoeditadas de Esteban Hernández. Es la primera entrega que puedo leer, y me confirma lo que vengo sospechando desde hace cierto tiempo: que para comprender a Hernández hay que prestar atención a todas las materializaciones de su obra, desde las novelas gráficas extensas a estos fanzines, porque cada vez veo más claro que todo gira en torno al mismo tema: entenderse a uno mismo. Para ello necesita organizar sus ideas y meterse hasta las rodillas en una serie de conceptos muy difíciles de aprehender. En Mister hay ilustraciones —algunas excelentes— acompañadas de pequeños textos no siempre fácilmente comprensibles. El título de uno de ellos, sin embargo, nos da la clave: «Si no me costara explicarlo no tendría la necesidad de ponerlo en orden». Y en eso está, y nosotros que lo veamos.

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Vacuum Horror es un cómic con algunos años ya a su espalda, que yo he podido leer hace poco gracias al amigo Alberto García. Me ha parecido una cosa alucinante, en todos los sentidos. Aaron Shunnga no necesita justificación argumental alguna para que nos creamos de verdad un escenario en el que el gobierno de los EE. UU. decreta una jornada sin delitos, en la que nada de lo que se haga tendrá consecuencias legales. Así es como un respetable padre de familia, supuesto guardián de la misma, planea formar una banda para violar en grupo a su hija. Poco después las cosas se ponen aún más locas, cuando se descubre que la aspiradora de la casa en realidad es un extraterrestre y que, de hecho, todas lo son. A partir de ahí la aspiradora salva la hija, de la cual está enamorada, y todas las aspiradoras se reunen para aspirar del mundo a la raza humana. El dibujo de Shuunga tiene la tosquedad del underground original, pero la mezcla con una imaginación para lo sórdido que no se queda lejos de la de Shintaro Kago: hay viñetas antológicas, terribles y muy pasadas de rosca. Es uno de los mejores cómics que he leído últimamente, la verdad.

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Termino por hoy comentando el séptimo libro recopilatorio de Ángel Sefija, Ángel Sefija por los siete mares. La edición de Astiberri cuenta con una ilustración de cubierta fantástica, de las más bonitas que le recuerdo a Mauro, con Sefija controlando un robot que camina por el fondo del mar. En este último libro —que nos devuelve a 2009 en su arranque— he experimentado cierta sensación de agotamiento con la fórmula de la serie. No por parte de Entrialgo, que está tan fino como siempre y sabe seguir sacando temas interesantes, que aborda con la lucidez acostumbrada, sino por la mía; quizás ha sido por haber devorado del tirón un material que en origen está pensado como entregas semanales. Y como tal hay que juzgarlo: Ángel Sefija es el mejor ejemplo de que más difícil que llegar es mantenerse, y pocos aguantarían el nivel mínimo de Entrialgo en su situación. Convertido desde hace tiempo en referente y en analista imprescindible de la sociedad, en estas páginas, como en las de libros anteriores, transmite cierta sensación de crónica de una crisis anunciada, en sus chistes sobre chanchulleo institucional, gente aprovechada en general y pereza, consumismo desaforado y despreocupación en el ciudadano de a pie. Como no soy lector habitual de El Jueves, la última vez que recibí una buena dosis de Ángel Sefija fue en 2009, y desde entonces las cosas han cambiado mucho.

Más allá de todo esto, que tiene más que ver con mi mirada actual, Mauro Entrialgo sigue refinando sus herramientas gráficas —¿de verdad alguien puede pensar que es un dibujante de tebeos limitado?— y es capaz de realizar un ejercicio de síntesis y comunicación tan acojonante como la página 75, en la que explica cómo funciona la publicidad en televisión.

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CuCo, Cuadernos de cómic n.º 2 ya disponible.

Por si queda alguien que lea este blog y no lo sepa, aviso de que el segundo número de la revista que dirijo junto a Octavio Beares, CuCo, Cuadernos de cómic, lleva un par de días on line, y la podéis leer de manera totalmente gratuita en su página web. Personalmente he quedado muy satisfecho con este número, por muchos motivos. Primero porque los contenidos me parecen tan buenos como los del número anterior. También porque, después de aquél, para mí era una incógnita cómo iba a responder la gente. Y en este sentido la respuesta ha sido fantástica, ya que hemos recibido suficientes artículos para llenar una revista entera. Se sigue cumpliendo uno de nuestros principales objetivos, y junto a nombres que, personalmente, considero referentes absolutos de la teoría del cómic como son Antonio Altarriba y Pepo Pérez, hemos publicado a gente del ámbito universitario, que trabajan en sus tesis o ya las han terminado, pero siempre en torno al cómic, que es de lo que se trata. Y me encanta, de verdad, encontrar enfoques tan variados: narratología, historia del arte, periodismo, semiótica… Para nosotros esto era importantísimo. Y la sección de crítica, aunque por supuesto siempre deja alguna espina clavada en forma de ausencia más o menos clamorosa, me parece muy variada. Y por supuesto estoy encantadísimo con la maquetación de José Martínez Zárate, un amigo y santo varón que se ha matado durante horas para dejarla así de bonita. José ha hecho realidad la imagen mental que Octavio y yo teníamos en la cabeza cuando proyectamos la revista, a la que intentamos acercarnos en el primer número, con nuestras posibilidades. Ahora abro el pdf y veo JUSTO lo que debe ser CuCo, y eso es muy bonito, así que gracias, José.

Ahora, claro, estoy agotado. Sacar adelante esto es una locura. Maravillosa, pero locura al fin y al cabo. Cuando uno termina, se maravilla de lo que hemos sido capaces de hacer, se siente cansado pero también feliz y satisfecho. Y con ganas de seguir adelante, mejorar todo lo que podamos, evitar errores que sabemos que hemos cometido, y dejar que el proyecto evolucione con naturalidad, hasta donde tenga que llegar. Me he preguntado estos días, en los que además de CuCo me he juntado con tres o cuatro millones de cosas más relacionadas más o menos con el cómic, por qué hago todo esto. La respuesta es tan simple que me la guardo para mí.

Aquí podéis descargar el número dos de la revista. Espero que lo disfrutéis y que encontréis contenido que os sea interesante y útil, que es de lo que se trata. El día que me encuentre un artículo que cite a otro de CuCo me voy a llevar una alegría muy grande. Gracias por todo, Octavio, José, Bernardo. Y gracias, por supuesto, a todos los colaboradores, por su generosidad, trabajo y paciencia. Volveremos pronto.

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Esenciales de la ACDCómic julio-diciembre de 2013.

Hoy se ha hecho pública la lista de Esenciales para el segundo semestre de 2013 que confecciona la ACDCómic a partir de las votaciones de sus miembros. La lista creo que ha quedado variada y representativa, y junto a “impepinables” como los que todos estamos pensando, me alegra mucho encontrar cosas como el recopilatorio de Cesc o el Cuaderno de frases encontradas de Juan Berrio. Por lo demás, creo que si el primer semestre fue el semestre de los cómics foráneos (El rayo mortal, Tóxico, Grandes preguntas, La infancia de Alan…) en éste la mayoría de pepinazos son españoles. No creo que se pueda sacar absolutamente ninguna conclusión de esto, simplemente me ha llamado la atención.

Aquí os dejo la lista de Esenciales.

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La tumba de Bruce Lee.

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Que algo se está moviendo en el cine marginal español creo que está fuera de toda duda, ya sea por la crisis galopante, por las posibilidades técnicas —cada vez hacen falta menos medios para rodar una película por tu cuenta— o simplemente porque la gran industria no puede o no quiere acoger determinadas propuestas demasiado arriesgadas. O quizás son los creadores, o al menos algunos, los que quieren jugar con reglas nuevas y no ceñirse al camino de siempre. Aunque, por supuesto, cine de bajo presupuesto y alternativo ha habido desde hace mucho tiempo, sólo que no lo llamábamos low cost, calificativo del que habría que reflexionar, por la manera en la que en lugar de centrarse en lo artístico y cultural —como sí hacen alternativo o underground— define el cine que abarca por su bajo coste económico.

Pero mejor dejo eso para otro día y me centro en La tumba de Bruce Lee, obra del colectivo Canódromo Abandonado, que hace gala de varias de las características comunes de todo este movimiento, si es que no es demasiado pronto para calificarlo así: fuerte presencia en internet, donde difunden sus piezas, financiación del largometraje por crowdfunding, y una sólida relación con otros proyectos similares: sus tres miembros son habituales, por ejemplo, de las creaciones audiovisuales de Manuel Bartual.

Está claro que algunas cuestiones presentes en La tumba de Bruce Lee tienen que ver con el presupuesto, pero lo interesante es que la transgresión de la norma va mucho más allá del número de cámaras, la fotografía o los efectos especiales: si vamos a actuar en los márgenes, hagámoslo, primero, en los márgenes narrativos. Y ahí, en lo abrupto y lo ininteligible, es donde se sienten a gusto los tres componentes de Canódromo. La tumba de Bruce Lee tiene una estructura lineal más o menos clásica, si se reduce al argumento: una pareja española llega a Seattle a pasar unos días. Ella va para participar en un curso sobre liderazgo, y él para cumplir su sueño de estar cerca de la tumba de su ídolo y modelo en la vida, Bruce Lee. Una vez allí, ninguna de las dos cosas, aparentemente sencillas, lo serán tanto, aunque ambos se encontrarán, cada uno por su cuenta, con el mismo gurú que les ayudará en sus búsquedas.

Lo extraño y excepcional en esta película está en el tono, en cómo nos altera la conciencia con la sensación de que el viaje a Seattle —un Seattle desdibujado, sin grandes panorámicas, sin tratarlo como un lugar cool— es también un viaje interior. Pero con una retranca tan sutil que en ocasiones parece ni estar ahí, en la constante sensación de irrealidad, o de realidad alterada tan propioa del posthumor. Sin miedo a usar el adjetivo a la ligera, hay escenas surrealistas, que dejan un poso de desconcierto que, al final, es lo que perdura de la película cuanto termina. No es que no haya escenas escabrosas, pero lo que deja mal cuerpo de verdad es la incertidumbre.

En La tumba de Bruce Lee queda claro que en realidad la búsqueda de cada protagonista es la misma. Ambos buscan símbolos que se les escapan, y proyectan ellos sus frustaciones y miedos. Piensan que les basta con conseguir eso para que su vida eche a andar como por arte de magia. Persiguen sombras y quimeras, una desde una posición engañosamente proactiva —porque en el fondo es dependiente del reconocimiento externo— y él desde una postura pasiva. Por eso funciona tan bien la aparición de un gurú que con una cháchara entre lo incomprensible y la autoayuda de todo a cien guía hacia ninguna parte a los dos protagonistas, hasta que pasa… lo que tiene que pasar. Y hay en todo esto una mezcla muy interesante y para nada inocente entre el mundo de la empresa y sus códigos lingüísticos y esa autoayuda yupie que en el fondo participa del mismo espíritu individualista, predador e insolidario. Me ha recordado, porque la cabra siempre tira al monte, a los cómics de Marcos Prior y Danide.

Todo el armazón de La tumba de Bruce Lee se vendría abajo sin el buen hacer de los tres actores de Canódromo Abandonado. La inexpresividad hierática que le imprime Julián Génisson a su personaje es perfecta para construirlo con el hermetismo que necesita: no sabemos nunca qué le está pasando por la cabeza, y de hecho casi sabemos más de él por lo que dice su pareja, una contenida Lorena Iglesias que clava los matices de su personaje. Completa el trío Aaron Rux, que en su interpretación del guía espiritual no sólo está fantástico, sino que le da el contrapunto histrión-sin-pasarse perfecto a la actuación de sus dos compañeros, y además firma una banda sonora acojonante, como en él es habitual, con ecos de la mejor música electrónica y un sentido narrativo claro.

Es verdad que la mejor baza de la película, el desconcierto que genera, puede jugar en su contra al principio. Es cuestión de que su fuerza venza nuestras defensas naturales, nuestra resistencia a lo extraño. Yo tardé unos quince minutos en dejarme llevar y desistir en intentar explicarme qué coño estaba viendo, para simplemente disfrutar de la locura. Igual que uno tiene que forzar el cuerpo hasta hacerse un poco de daño para mejorarlo, viene bien darle caña a la mente con obras como La tumba de Bruce Lee, para que aprenda, la muy capulla, que en la vida casi nunca te dan las cosas hechas.

El extraordinario cartel de la película es obra de David Sánchez.

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Traducciones y Caballos muertos permanecen a un lado de la carretera en Entrecomics.

Hoy he reseñado las dos últimas referencias de Ediciones Valientes en Entrecomics, obra de Inés Estrada y Pedro Franz respectivamente. Aquí dejo el enlace.

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Presentación de Colmado Sánchez de Clara Soriano en Madrid.

El próximo sábado 5 de abril a las 19:00 en el Generación X de la calle Puebla tendré el gusto de acompañar a Clara Soriano en la presentación de Colmado Sánchez, el cómic que editó ¡Caramba! y que le ha valido a Clara la nominación como mejor autora revelación en los premios del Saló de Barcelona.

Aquí os dejo el cartel.

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