Sobre la polémica en torno al Gran Premio de Comic Barcelona

A estas alturas de la semana, no creo que quede nadie interesado mínimamente en los cómics que no sepa que se ha vivido un auténtico terremoto en el sector, a raíz de la concesión del Gran Premio de Comic Barcelona a Antonio Martín. He expresado mi postura en redes en días pasados, pero quiero hacerlo aquí con más calma. La carga de trabajo y el viaje que he hecho a Bucarest para inaugurar una exposición —sí; la vida ha seguido mientras tanto— no me ha permitido hacerlo hasta ahora, pero también creo que me va a beneficiar el reposo y la sucesión de acontecimientos que hemos vivido. Obviamente, he dedicado mucho tiempo a reflexionar y a hablar con muchas personas de lo que ha pasado, y de las implicaciones que tiene. Voy a intentar plasmarlo a continuación con el mayor de los respetos, como creo que siempre me expreso, pero sin evitar ciertas cuestiones. Porque mirar para otro lado es uno de los motivos que nos han llevado hasta aquí, en mi opinión.

  1. Comic Barcelona, antes denominado Saló del Cómic de Barcelona, es el evento de cómic más antiguo y más importante en España. Ese es el motivo de que genere tantas polémicas y tensiones. A mi modo de ver, el festival siempre ha jugado en su proyección pública con dos cartas, casi contradictorias: ha intentado ser «el salón de todos», preconando su apertura a propuestas, a cambios e inclusiones, con diverso grado de sinceridad según el momento. Pero, cuando ha interesado, Ficomic —la entidad organizadora— ha jugado la carta de ser un ente privado que toma decisiones como tal. Esta ambivalencia, que no es más que la que se genera entre lo sentimental y lo económico, es, a mi entender, un factor clave para entender muchas cosas. Y puede que esté muy relacionado con la bicefalia del evento: por un lado, la cúpula de Ficomic; por otro, la organización de Comic Barcelona, como ha recordado estos días Jose A. Serrano en su cuenta de Twitter @guiadelcomic.
  2. Conozco muchas personas en el sector para las que el Saló tiene un fuerte componente emocional. Porque llevan acudiendo desde muy jóvenes, porque han crecido como autores en él, o asocian buenos momentos de su vida. También conozco gente que ha tenido muy malas experiencias, o que ha dejado de acudir con el paso de los años. Yo, lo he dicho más de una vez, no tengo un vínculo especial con el Saló. Asumo que es un evento privado, pero no ignoro que son los primeros que han querido ser el evento de todos. Simplemente, era un modelo de festival de cómic que a mí, particularmente, no me interesaba demasiado. Como no me interesaba, por ejemplo, Expocómic. No pasa nada por decirlo, y nos tenemos que acostumbrar a decir más este tipo de cosas sin miedo a molestar.
  3. Hace unos años, consideré que el Saló del Cómic había alcanzado un punto de no retorno en su crecimiento y evolución. Que se había convertido en un salón multimedia en el que videojuegos, coches o robots acaparaban los focos, mientras que los cómics se convertían casi en una excusa, o en una nota al pie. Fue la época en la que algunas voces comenzaron a pedir «otro salón». GRAF surgió, en cierta medida, precisamente de ese sentir de buena parte de la gente del sector. No tiene sentido luchar por cambiar un evento privado: hagamos otros alternativos.
  4. La llegada a la dirección del evento de Meritxell Puig y la renovación del equipo organizador, sin embargo, fue recibida con esperanza. Creo que hubo y hay un interés genuino por parte de este equipo por renovar las cosas, por hacer esfuerzos por incluir en el salón a muchos agentes del sector que, a lo largo de los años, se habían sentido expulsados de él, por diversas razones. Lo que hemos visto en las últimas ediciones era muy positivo, y creo que Comic Barcelona estaba dando pasos en una dirección adecuada para volver a ser un reflejo de la realidad del cómic español hoy, en toda su variedad. Yo, al menos, estaba contento con esta evolución y lo valoraba muy positivamente.
  5. Con respecto a los Premios, creo que sucede algo similar a lo que ocurre con el evento: para bien y para mal, son premios fundamentales y con una larga tradición. Siempre son criticados, siempre hay gente a la que no le gustan algunos ganadores, o que no está conforme con las categorías. Es normal y no tiene nada de malo, pero, desde la llegada de Puig, la inclusión de un jurado creo que también había mejorado las cosas.
  6. La excepción a estas polémicas y debates solía ser la categoría de Gran Premio del Salón, otorgado desde 1988 a autores y autoras de cómic. Viendo la lista, puedo pensar que algunos ganadores lo recibieron demasiado pronto —con menos de 50 años, en algunos casos—, mientras que muchos nombres del pasado del cómic español continúan sin tenerlo, lo cual dice muchísimo de cómo gestionamos la historia del medio o, mejor dicho, qué historia del medio se ha construido. Pero, en realidad, no puede negarse el reconocimiento a ninguno de los ganadores. Es un premio de consenso, una celebración de la profesión de historietista, que, como sabemos, es muy dura. Como ha indicado Pablo Ríos, la propia estructura de nuestra industria lleva a ello. Recibir este galardón es un reconocimiento para un trabajo que no lo tenía, una manera de dar algo de cariño a gente que, en muchos casos, está injustamente olvidada tras muchos años de trabajo, en ocasiones, prácticamente anónimo.
  7. Llevo participando de forma activa del sector desde 2011, aproximadamente. En diez años, jamás he escuchado a nadie argumentar que el Gran Premio podía otorgarse a otro tipo de profesionales que no fueran autores de cómic. Nunca he escuchado a nadie decir que sus bases eran ambiguas o que lo permitían. Cuando he preguntado a mi entorno «¿a quién has votado este año para el Gran Premio?», siempre, siempre, me han respondido con nombres de autores y autoras de cómic. Esto, por supuesto, no significa que no pueda haber gente que haya hecho otra interpretación. Solo que yo jamás la he escuchado o leído en ningún medio.
  8. Por ello, considero que se ha cometido una equivocación al otorgar ese premio concreto a Antonio Martín, quien no es autor de cómic. Lo digo desde el respeto que le tengo al jurado, a muchos de cuyos miembros conozco y aprecio. Pero también lo digo porque creo que tengo derecho a ello, como todo el mundo. Se ha roto un consenso que duraba desde 1988, con la intención de reconocer a otro profesional, y basándose en una interpretación inédita de las bases, con la que no puedo estar de acuerdo. Los principios de economía del lenguaje, el consenso social —clave en la interpretación de significados— y las elipsis comunes creo que son suficientes para entender que, cuando las bases hablan de «autor o autora», se ha elidido «de cómic». Por supuesto, cada cual puede hacer la interpretación que quiera. Esta es la mía.
  9. Después de una semana, resulta evidente que ha habido muchas cosas que no se han explicado convenientemente. De entrada, según han contado en público algunos autores, la dirección de Cómic Barcelona parecía dispuesta a buscar una solución y responsabilizaba al jurado de todo. Pasados unos días, y tras las declaraciones de tres miembros del jurado, parece que alguien, en representación de Ficomic, confirmó que podía votarse a teóricos y divulgadores en el Gran Premio. Os puedo asegurar que durante esta semana se ha dicho absolutamente de todo, en público y en privado, y muchas informaciones son abiertamente contradictorias. Pero lo que es seguro es que no tiene sentido que Ficomic tarde cinco días en emitir su comunicado confirmando que el premio se ajustaba a sus bases, si fue alguien de Ficomic quien así lo indicó durante las deliberaciones del jurado. Desde mi punto de vista, ha habido errores, fallos en la comunicación y en la coordinación que son impropios de un festival que pretenda ser la referencia en el Estado.
  10. Por todo lo expuesto en el punto 9, considero que es de vital importancia que Ficomic ofrezca explicaciones y aclare qué ha sucedido, si realmente quiere ser «el salón de todos». Si quiere actuar como un evento privado, entonces deberá olvidarse de jugar la carta emocional, de apelar al amor a los cómics o al arrimar el hombro tan socorrido y que demasiadas veces sirve de coartada, y no hablo solo de este evento, para pedir que la gente trabaje gratis. Y deberá asumir que mucha gente no quiera volver a colaborar con un evento que, a la hora de la verdad, emite un comunicado aséptico, corporativo, y da carpetazo a un asunto que ha provocado mucho daño. Asimismo, creo que es el principal agente que ahora, cuando el daño ya está hecho, debe acercar posturas para encontrar una solución. Incluso, fijaos, aunque esté convencido de que ha actuado correctamente.
  11. Respecto a la reacción del colectivo de autores: me parece la esperable. A quien le parezca exagerada, ha de entender algo, desde mi punto de vista: este agravio no es el primero, y se suma a una lista histórica que, poco a poco, ha ido llenando un vaso que ha rebosado con un hecho que muchos autores han sentido como definitivo. Recordemos lo que decía anteriormente: hace años, se llegó a un punto bastante peliagudo de desconexión de buena parte del sector con respecto al Saló. Y, en cualquier caso, considero que una acción conjunta de trescientos autores y autoras merece una respuesta. Insisto, se esté o no de acuerdo con lo expuesto, e, incluso, por propio interés del evento.
  12. Se ha debatido también acerca del tono de ese comunicado. A mí me parece duro, pero no puede ponerse en el mismo plano el agravio y una reacción airada del agraviado. Si yo atropello a alguien en la calle, siempre será mucho más grave que si el atropellado se dirige a mí alterado o de malas maneras. Los autores, en su comunicado, no insultan a nadie. Son exigentes y muy claros, y quizás ese es el problema: que nos habíamos acostumbrado a una cierta tibieza que ahora se ha roto. Veo a demasiada gente señalando ese tono sin hacer un ejercicio de empatía, esa palabra de moda que, demasiadas veces, se exige para lo propio pero no se ofrece para lo ajeno, con la situación de unos autores que, además, llevan un cierto tiempo inmersos en un clima de reivindicaciones laborales y toma de posición de clase, por así decirlo. Cuando muchos de ellos consideran que este ha sido el enésimo ejemplo de cómo se ningunea su trabajo y deciden emitir un comunicado en el que exigen una rectificación, o de lo contrario no volverán a colaborar con el evento, es porque había un malestar general que, creo no debe subestimarse.
  13. En realidad, poca gente lo ha hecho, al menos en lo que yo he podido ver. Es otra cuestión que debería levantar las alarmas en Ficomic: muchos lectores y críticos también hemos apoyado, en un grado u otro, su reivindicación —con varios comunicados de diversos colectivos que demandan una solución y piden diálogo—, y hemos manifestado nuestra sorpresa ante el ganador del Gran Premio, sin entender cómo es posible que no se rectificara antes de hacerlo público o que, pasados tantos días, no se tomara conciencia de la situación y se actuara en pro del bien de todos. Repito: incluso aunque Ficomic o el jurado —o ambos— hayan llegado a la conclusión de que el premio se ajusta a sus bases, no es práctico ni razonable sostener esa postura frente a una inmensa mayoría que opina lo contrario, y sin pensar que, quizás, ha habido un error. No si quieres seguir siendo «el salón de todos», etcétera.
  14. Se ha afeado a los autores que sacaran a colación la demanda que Antonio Martín interpuso contra David Ramírez hace veinte años a raíz de una historieta satírica de este último. Y esto, después de mucho reflexionar, me parece profundamente español: seguimos teniendo unos reparos importantes a la hora de recordar episodios desafortunados de la biografía de figuras canonizadas. Se considera de mal gusto recordar las cosas no tan bonitas de la trayectoria de una de ellas. Pero yo soy historiador, no hagiógrafo, y considero que esto no es solo una obligación moral, sino que además es totalmente lícito que cualquiera aluda a unos hechos públicos y conocidos y los valore como considere oportuno. Solo faltaría. Si algunas personas se han expresado estos días valorando que aquello no puede ser suficiente para negarle su reconocimiento a toda una vida, se debe respetar que otros no opinen así. Yo, lo dije y lo repito, considero que aquello fue lamentable. Que no se justificaba en absoluto la demanda, aunque legalmente tuviera derecho a ella. No insisto más porque tengo pensado hablar de ello próximamente.
  15. Al margen de eso, repito que cada cual tiene derecho a valorar ese hecho, y otros de la trayectoria de Martín, como considere mejor. No obstante, y ya que se ha hablado tanto del tono de comunicado de los autores, estaría bien fijarse en el que habitualmente usa el premiado en redes sociales, y que muchos hemos sufrido en mayor o menor medida. O el que están empleando algunos de los defensores de su premio en estos últimos días —no todos, por supuesto—. De lo contrario, se podrá pensar que el tono solo importa en los casos en los que el contenido no nos gusta.
  16. Al margen de la valoración que haga cada uno de estas cuestiones, el problema sigue estando ahí. Tenemos a trescientos autores dispuestos a no volver a colaborar con el evento de cómic más importante de España. Tenemos una situación en la que la falta de explicaciones y el tremendo embrollo que ha generado Ficomic ha perjudicado a todo el mundo: la organización de Comic Barcelona, el propio jurado, al que de entrada se lo dejó solo ante el peligro, los autores, el sector en su conjunto e, incluso, el propio premiado, Antonio Martín. Lo que debería haber sido una celebración se ha convertido en una crisis tremenda y muy dolorosa.
  17. Desde fuera —pero sabiendo como sé, a estas alturas, bastantes cosas—, considero que habría habido muchas maneras de arreglar esto antes de llegar hasta aquí. Creo que el deseo bienintencionado de reconocer la carrera de Antonio Martín no se ha canalizado bien. No era la forma. Se podría haber sugerido la recuperación de la categoría del premio a la divulgación o la creación de un nuevo galardón a toda la trayectoria profesional para investigadores o críticos. Dudo mucho que, de haberse hecho así, nadie hubiera reaccionado como se ha reaccionado de esta otra manera, hubiese estado o no de acuerdo con el fallo del jurado.
  18. Soy crítico e historiador de cómics. Dedico gran parte de mi vida a este medio. Por supuesto que creo que mi trabajo, como el de mis colegas, merece reconocimiento. Pero pienso que este debe articularse con acciones y galardones específicos, sin generar la sensación de estar usurpando el espacio de los autores de cómic, aunque esa no fuera la intención. Dentro o fuera de Ficomic, pueden generarse muchos espacios para ello. El sector ya no es el de hace cuarenta años: existe una Cátedra del cómic, asociaciones profesionales, fundaciones y otras instituciones académicas que podrían albergarlas.
  19. ¿Cuál es, a mi entender, la solución? No soy original, porque ya lo han dicho otros, pero creo que, ahora mismo, el mal menor es o bien reconvertir el premio a Antonio Martín en una categoría de nueva creación orientada al reconocimiento de la crítica y la teoría y fallar de nuevo el Gran Premio para un autor o autora de cómic, o bien fallar un nuevo ganador y que, por este año, sea un galardón compartido. Dado que el año pasado no se fallaron los premios debido a la pandemia, tendría sentido.
  20. La callada por respuesta no parece que vaya a funcionar esta vez. La estrategia de desaparecer y ofrecer solo silencio administrativo hasta que pase la tormenta no creo que sirva de nada. He hablado con varios autores estos días y visto las declaraciones públicas de muchos más, y me temo que esto va en serio. Este suceso ha sido, para muchos, el punto de no retorno que ha hecho que la cuerda se rompa. En tan solo una semana se han generado muchas fracturas. Otras, se han hecho visibles, aunque ya estuvieran ahí. Y me refiero no solo a la fractura entre Ficomic / Comic Barcelona y los autores, sino también entre diferentes agentes del sector. E, incluso, creo que se ha evidenciado una fractura generacional. En buena medida, el enfrentamiento que se ha vivido estos días tiene que ver con la forma en la que se entiende el cómic y las relaciones del sector.
  21. La situación, lo diré una vez más, me parece muy grave. No sé cómo se estará percibiendo desde fuera del sector, pero, desde dentro, os puedo asegurar que se está viviendo con mucho dolor y tristeza. Se están rompiendo lazos, se está enfrentando gente y muchas cosas, al menos ahora mismo, parecen que nunca volverán a ser iguales. Hay gente que lo está pasando realmente mal. Quizás en estos momentos lo veamos, lo vea, de forma demasiado dramática, pero, en todo caso, creo que es seguro que esto tendrá repercusiones a largo plazo, tanto en lo profesional como en lo personal. Para todos.
  22. Por ello, me veo obligado a terminar con la enésima llamada que ha recibido Ficomic a la acción. Es necesario que muestre voluntad de diálogo y de enmienda. Que se explique, que busque una solución que satisfaga a la mayoría activamente y trabaje para mejorar el sistema de elección de los premios y el funcionamiento del jurado, con la transparencia que ha de exigírsele a quien cobra subvenciones públicas y pretende ser un evento representativo del sector, la casa de todos. Y sí: focalizo la responsabilidad en Ficomic porque creo que es la principal causante del problema. Y debe asumir sus responsabilidades como organización.
  23. Creo que ha habido ya daños irreparables, a muchos niveles. Pero cada día que pase sin que se llegue a una solución habrá otros. Sé que hay gente convencida de que, el año que viene, en la próxima edición de Comic Barcelona, todo habrá vuelto a su cauce. Yo no lo creo así.
  24. Por último, deseo que esta crisis también sirva para cambiar, quizás definitivamente, ciertas dinámicas. Para que vayamos abandonando el infantilismo e inmadurez que nos aqueja como sector, para que aprendamos a disentir, a evitar las jerarquías y los autoritarismos propios de otras épocas. Vivimos una de revisión del pasado reciente y sus personalidades, mientras que en el mundo del cómic parece haber todavía miedo a decir en voz alta lo que es vox populi. Nadie debería ser intocable, y nadie debería censurar que se ejerza la crítica y se haga historiografía, aunque suponga que caigan mitos. Tener «mitos», de hecho, es la mejor prueba de inmadurez. Quizás, tras este terremoto, seamos capaces de no mirar hacia otro lado ante determinadas cosas, de dejar de cotillear en los pasillos y actuar de forma pública con coherencia y responsabilidad. Asumir que, quizás, insistir en ir todos juntos en el mismo barco es lo que nos ha llevado a este naufragio.

4 respuestas a “Sobre la polémica en torno al Gran Premio de Comic Barcelona

  1. Magnífico, punto por punto. Muchas gracias por expresar tan bien una razón y un sentimiento tan extendidos. Poco reconocimiento recibe nuestra gente autora para que encima pase esto.
    Un saludo.

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