José Ja Ja Ja o el arquitecto cósmico

José Ja Ja Ja es el pseudónimo tras el que se encuentra a José Quintanar, un arquitecto de formación que lleva varios años dedicándose al arte. Nacido en 1984 en Campo de Criptana (Ciudad Real), es un autor de cómics que responde a ese perfil cada vez más frecuente de persona que nunca ha sido una gran lectora del medio, que proviene más bien del arte y la propia arquitectura. Tal vez por carecer de ese bagaje previo —que por edad seguramente se habrían encontrado en los superhéroes y el manga— llega al cómic de adulto, y se interesa, por tanto, en cómics para adultos, cercanos a sus gustos estéticos: cómics donde la narración de una historia no es el objeto principal, donde las reglas del lenguaje pueden subvertirse porque no hay ninguna que se considere como irrenunciable ni consustancial. No hay ninguna esencia que respetar, y ni siquiera se transgrede la tradición de una forma consciente o intencionada. La única regla es no salirse de lo gráfico. José Ja Ja Ja está revolucionando el lenguaje del cómic sin proponérselo, en la punta de la vanguardia, junto a Irkus (M) Zeberio, Martín López Lam, Gabriel Corbera, Begoña García-Alén o Conxita Herrero, sin hacer ruido, desde fuera, a su aire.

Tanto es así que hasta que no me encontré con el autor en su stand de Libros mutantes —un encuentro celebrado en Madrid recientemente— no descubrí que al margen de Culto Charles (Fulgencio Pimentel, 2014) había estado publicando un buen puñado de fanzines, de edición muy cuidada, que ha estado moviendo por encuentros internacionales. Leyendo todos ellos he terminado de descubrir a un autor con un discurso artístico infrecuente en el cómic, con intereses y referencias muy distintas a las habituales. Rompe con toda la tradición de la representación naturalista del Renacimiento en adelante, que no es más que un conjunto de convenciones y técnicas ópticas para representar la realidad de un modo más cercano a como la percibe el ojo, y regresa al arte antiguo, una representación tan convencional como aquélla, y tan compleja; sencillamente, responde a intereses diferentes. Por eso el siglo XIX vio nacer varias corrientes artísticas de vanguardia que buscaron representar la realidad de modos nuevos, en muchos casos mirando al arte prehistórico y al arte de pueblos africanos o asiáticos, donde los valores estéticos son otros.

La obra de José Ja Ja Ja no exhibe un estilo uniforme, sino que experimenta constantemente dentro de unos ejes formales insertos en esa negación del naturalismo y el realismo que mencionaba: la renuncia a las tres dimensiones —que implica una reconstrucción de los conceptos de perspectiva y profundidad—, la síntesis de las formas para representar objetos platónicos u objetos inexistentes —que incluso pueden derivar en formas abstractas— mediante el empleo de la línea finísima, de delineante, tanto recta como curva, que supone la herramienta suprema: no hay grises, no hay texturas —más allá del uso de la cuadrícula de papel pautado—, ni volúmenes. No hay, en suma, ninguno de los artificios convencionales de dicha tradición realista. En su lugar encontramos un lenguaje nuevo, un código de representación con sus propias normas, donde la página es una unidad integral, como un retablo, o bien las viñetas, si existen, no disponen de una narrativa convencional. En ocasiones, José Ja Ja Ja recurre a numerar los objetos dentro de una viñeta, a veces de forma ordenada, como si fuera una colección, a veces con un orden que en realidad no es tal o, al menos, no es un orden coherente. La acumulación de objetos o formas geométricas, dispuestas en aparente caos o todo lo contrario, meticulosamente ordenadas, es otra de sus constantes estilísticas. Su sentido de la composición y del equilibrio en las formas es, sin lugar a dudas, una de las mayores virtudes de su obra. Cada página genera una sensación en un primer vistazo que tiene que ver con la disposición de sus elementos, con la acumulación de líneas o figuras en unas zonas o el despoblamiento de otras. La capacidad de sorpresa, vinculada a la falta de coordenadas o de explicaciones, siempre se mantiene intacta, al igual que su alcance emocional: la ausencia de palabras y el vínculo con el arte antiguo son herramientas con las que José Ja Ja Ja genera una mitología atávica, aunque no exenta de humor, especialmente en algunas obras donde se acerca a los rasgos del primitivismo cósmico que definió Santiago García.

Como decía antes, cada obra de José Ja Ja Ja es diferente y merece un análisis individual; aunque haya una línea discursiva coherente presente en todas ellas, cada una es un artefacto independiente, con una idea concreta animándolo. A veces es una historia —por extraña o elíptica que sea— y a veces es una idea artística, un punto de partida para desarrollar una serie de páginas, no muy diferente al modo en el que un artista de galería concibe una exposición; de hecho, alguno de estos fanzines reproducen las planchas que el autor ha expuesto en alguna galería de arte. Voy a comentar a continuación todas las publicaciones del autor que he podido leer recientemente. Salvo que se indique lo contrario, todos los cómics han sido publicados bajo el sello personal de Ruja Books, y pueden adquirirse aquí. Todas las imágenes las he obtenido de esa misma web, excepto la cubierta de Fartlek, disponible en la web de Fulgencio Pimentel.

pum!

Pum! (2016) es la recopilación del material que José Ja Ja Ja produjo para la exposición «Ningún día sin una línea» (2014). Se trata de páginas independientes y mudas, en las que se presenta algún objeto u objetos inertes, que son destruidos. Un muñeco introducido en una licuadora, latas de sopa lanzadas por un tobogán, comida que cae al suelo… Ése es el nexo temático de todas las páginas; el formal es el desorden de la secuencia de la acción. En esencia, la dinámica siempre es la misma: el objeto se presenta, un acto de violencia opera sobre él y es roto, destruido o inutilizado de alguna forma. Pero la página, concebida como un todo orgánico, puede mostrar en primer lugar el objeto destruido, o el momento justo de la acción en la que es violentado, o su estado intacto antes de la tragedia fatal. De este modo, se nos obliga a leer la página recomponiendo esa secuencia para entender qué está sucediendo. En una de las más brillantes, por ejemplo, vemos en una secuencia simétrica el avance de dos robots a cuerda, que terminan chocando entre ellos en el centro de la parte inferior de la página. Lo que más me interesa, al margen de la descomposición del tiempo en el espacio que ejecuta José Ja Ja Ja, es que para representar el movimiento no recurre a líneas cinéticas ni otros artificios frecuentes en el cómic, sino que lo simula dibujando el objeto diferentes tamaños. Muchas veces, eso basta para imaginar un impacto que ni siquiera se dibuja.

magic box

Tras el asombro y las fascinación que me ha producido Pum!, paso a leer Magic Box (2014), una obra totalmente diferente, en la que se renuncia por completo a la narración y en su lugar lo que se ofrece es un libro de recortables. En la línea de Intermediary Mund (Autsaider Cómics, 2015) de Benjamin Marra, de algunas páginas de Pulir (Fulgencio Pimentel, 2013) de Nacho García, a quien volveré a referirme a lo largo de este artículo, o de Medieval Rangers (Dehavilland, 2014) de Roberto Massó, Ja Ja Ja presenta una colección de seres extraños, a veces formas geométricas, otras personajes con ojitos y caras sonrientes… Siempre con un trazo más suelto que en obras más elaboradas. No parecen guardar más relación entre sí que la contigüidad, y el hecho de que son simétricos —las dos caras a cada lado de la línea de puntos por donde doblaremos a los personajes para que se tengan en pie son iguales, aunque con imperfecciones propias de la factura manual—, excepto tres de ellos.

La siguiente parada nos lleva a Drawings for Boredom (2016), otro ejercicio lúdico, que se sumerge en lo naíf sin complejos, y que supone una de las pocas incursiones de José Ja Ja Ja en el color. Lo usa no para rellenar figuras, sino para trazar líneas, del mismo modo que usaría el rotulador. La portada es una auténtica maravilla de formas geométricas, objetos sencillos y flechas, un estallido de color y caos que también encontramos en algunas páginas y que contrasta con el orden de otras, que consisten en sucesiones de cruces o líneas de colores en secuencia deliberada. El minimalismo de muchas composiciones y la insistencia en ciertos motivos —espirales y círculos, principalmente—, recuerdan a la obra de Miró. Encontramos también dibujos en los que Ja Ja Ja aplica atrevidas perspectivas, algo no demasiado frecuente en sus dibujos pero que, como es lógico siendo arquitecto, domina perfectamente. Sus figuras humanas son esquemáticas, poco más que monigotes, pero su deformación le permite mostrar el movimiento y las posturas forzadas. En concreto, lo que hace con las piernas, alargadas para simular el escorzo, funciona perfectamente.

landscapes

Landscapes (2015) es la incursión en la abstracción más decidida por parte de José Ja Ja Ja. Se trata de una colección de páginas en las que experimenta con la combinación de piezas curvas y rectas, dispuestas sobre un plano, a veces superpuestas para simular profundidad. En ocasiones construye marcos que encierran algunos elementos, como si fueran viñetas, aunque no hay narración alguna. Hay algunas páginas fantásticas, llenas de fragmentos que flotan, como un cielo lleno de nubes. Muchas veces aparece un círculo representando el sol, precisamente, lo que nos lleva a pensar en paisajes deconstruidos, reinterpretados bajo la óptica descompositora de Ja Ja Ja. En algunas páginas, la línea se vuelve más orgánica para acercarse al relieve y la vegetación; en otras, el autor se mueve hacia la abstracción pura y básicamente encontramos un conglomerado de formas, una rejilla de líneas rectas combinadas entre sí, o una ordenación de elementos indefinidos, clasificados con un lenguaje de símbolos ininteligible. Se trata de un trabajo sugerente, en el que resulta muy fácil introducirse, pues sólo exige de nosotros la observación.

godbox

El siguiente título es God Box (2013), que me ha parecido algo increíble, una de esas obras hipnóticas y fascinantes que no puedes dejar de mirar. Es, quizás, el trabajo de Ja Ja Ja con una narrativa más convencional, aunque, desde luego, lo convencional en este autor sigue siendo excepcional. Pero sí está contando una historia, aunque responda, según explica el autor, «al intento de contar una historia a partir de trozos de memoria». En ella se narra el viaje de una especie de avatar del dios Ramut a una dimensión desconocida, donde será transformado. Por supuesto, el viaje de este avatar será, ante todo, gráfico. El argumento, la mitología inventada, la puesta en escena, nos hacen pensar en que, de todos los cómics de José Ja Ja Ja, éste es el que más claramente se sitúa en el marco de lo primitivo cósmico, con sus viajes espaciales y sus dimensiones incognoscibles, pero también por la manera de representarlas. Por momentos, me ha recordado a CF, uno de los grandes autores de esta corriente. El cómic comienza con un viaje alucinante, en el que, sobre una plantilla de dos por tres viñetas, se desarrolla un movimiento continuo que nos va acercando cada vez más a un punto fijo, profundizando en nuevos mundos ocultos. Es un recurso que recuerda al que empleó Begoña García-Alén en La cueva (Fosfatina, 2015), pero mientras que allí el plano sugería un observador humano —con el que el lector se identificaba—, en God Box la perpectiva cenital elimina esa posibilidad, y nos sitúa en un plano inhumano, y por lo tanto o bien divino o bien extraterrestre —ambas cosas no están muy lejos en este tipo de historias, en realidad—. En ese viaje hacia las profundidades de la realidad, que nos acaba descubrimiento un mundo entero, hay dos elementos que no suelen aparecer en la obra de José Ja Ja Ja, y que aquí usa puntualmente con resultados brillantes. Uno es el color; al final de la tercera página, un levísimo toque de color casi invisible anuncia el estallido de las dos páginas siguientes, en el que aparecen colores vivos, puros, combinados con formas geométricas emanando de una misteriosa caja, de la que finalmente saldrá uno de los personajes protagonistas. El otro elemento es el diálogo: concreto y parco, mezcla de lo sublime y lo coloquial —un rasgo frecuente en los primitivos cósmicos—, con el que se le ordenará al avatar de Ramut que abra —o que cree— la caja. La secuencia del baile o conjuro que crea la caja no sólo es brillante en su coreografía, sino que además es divertida: Ja Ja Ja nunca elimina renuncia al humor en sus creaciones. God Box es gráficamente abrumador, y su narración está llena de fuerza y misterio. El encarte central, un pequeño desplegable de papel de color dedicado a Ramut, dialoga de un modo oblicuo con la historia, porque, más que aportar información, lo que nos entrega es una mirada al mundo del dios: objetos, elementos de paisajes, edificios… todo dispuestos en líneas horizontales, sin aparecen conexión narrativa entre los diferentes elementos.

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Hay cuatro cuadernillos, cada uno impreso en un papel de color diferente, que se adquieren en un pack titulado Small stories y que corresponden a trabajos publicados previamente en otras plataformas. At the disco toilet (2014) tiene un espíritu lúdico claro: se trata de la narración de lo que sucede en los baños de una discoteca una noche de juerga cualquiera. Los personajes, animales antropomórficos, con cuerpos geométricos siempre cambiantes, entran en fila al baño —siempre en fila: sólo hay dos dimensiones—, y cometen todo tipo de desfases con el alcohol, la cocaína y el sexo. Ja Ja Ja recurre a sus clasificaciones para ordenar con su (i) lógica habitual botellas de licor, rayas de coca o consoladores.

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Miríadas (2014) es una historia publicada en el portal Tik Tok Cómics, en la que Ja Ja Ja fragmenta la acción con pequeñísimas viñetas que centran la atención en un elemento concreto del escenario, un barrio residencial típico —presentado completo, sin fragmentar, en la cubierta— que será atacado por un platillo volante. Las cuatro páginas extraordinarias de Miríadas contienen ciento cuarenta viñetas que muestran lo que sucede en tan sólo ocho segundos de tiempo, descomprimidos mediante esa fragmentación: una bolsa de plástico enganchada en una valla o un cartel que se desprende de la misma obtienen la misma atención que el platillo que dispara sobre la población o los cuerpos muertos de sus víctimas. La presencia humana es esquiva, de modo que la emotividad propia de un relato de destrucción desaparece: contar un ataque alienígena en planos tan cercanos, que se centran en lo banal, permite abrir nuevos caminos discursivos para un género sobreexplotado.

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La ciudad en viñetas (2014) sirve de catálogo de los paneles que expuso José Ja Ja Ja en el ciclo del mismo nombre, comisariado por el ilustrador Puño y alojado en el Centro Centro de Madrid. En dicho ciclo hemos visto ya grandes aportaciones de dibujantes como Mireia Pérez, José Domingo o Yuichi Yokoyama; la historia de Ja Ja Ja se aleja bastante de su estilo narrativo críptico habitual para ofrecer cuatro planchas dedicadas a Madrid, donde su línea finísima se organiza en cuadrículas —el plano, los ladrillos de los edificios madrileños— o bien muestran una bulliciosa estampa de la ciudad y su variedad de gentes, o bien rasga el plano madrileño para superponer los pedazos: es mi imagen favorita de toda la muestra. Sorprende en un autor casi siempre silente como éste que escriba un texto relativamente largo y convencional, comprensible, para acompañar cada imagen. En ellos relaciona el espíritu de la ciudad con su arquitectura, y aporta una visión desde fuera, que es algo siempre muy presente en la literatura sobre Madrid, donde un alto porcentaje de la población no ha nacido en ella.

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Belleza canónica (2014) es el último de estos cuadernillos, y contiene una de las piezas maestras de José Ja Ja Ja: la historia con la que participó en Terry (Fulgencio Pimentel, 2014). Formalmente está muy cerca de Culto Charles. Como en ésta, las páginas de Belleza canónica carecen de viñetas, y se conciben como un todo, fuertemente inspirado por el arte antiguo. Las dimensiones se doblan y superponen, buscando nuevas miradas y representaciones no naturalistas; no obstante, siempre hay un orden de lectura, aunque no sea obvio: el personaje central deja a veces imágenes de su pasado en el camino que recorre, de modo que podemos seguir una suerte de secuencia. La mitología que despliega el autor es inventada, y se articula en torno a unas criaturas humanoides con cabeza piramidal —es interesante recordar que el protagonista de God Box temía a unos hombres con triángulos en la cabeza—, que hacen todo tipo de cosas. El vínculo con el arte de las civiizaciones de la edad de los metales se evidencia en la última página, donde vemos figuras con ecos babilónicos y sumerios. La cuadrícula manual de baldosas y ladrillos se combina en diferentes tamaños, lo que genera efectos visuales y determina la densidad de cada espacio. A veces, como en Culto Charles, José Ja Ja Ja utiliza papel milimetrado, en concreto para significar la pirámide que lleva por cabeza el protagonista, que, como otros personajes de Ja Ja Ja, se encuentra huyendo, siempre a la carrera. El motivo de la huida literal está presente, de hecho, en la obra de otros autores de vanguardia: sin ir más lejos, podemos encontrarla en Hot Metal o Days Longer Than Long Pork Sausages de Gabriel Corbera; a veces detrás de esta huida se intuye otra figurada, metafórica, que tiene mucho que ver, creo, con el desarraigo y la marginación.

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Por último, queda acercarnos a las páginas de Fartlek (2016), un voluminoso libro editado por Fulgencio Pimentel. Se trata de un contundente recopilatorio de dibujos realizados por José Ja Ja Ja, muy sueltos, seguramente improvisados. El espíritu juguetón y despreocupado de la mayoría de las páginas conecta claramente con el libro de Nacho García, Pulir; de hecho muchas caras que dibuja Ja Ja Ja recuerdan un poco a ese estilo con el que García imitaba intencionadamente mal la realidad.

Resulta especialmente interesante perderse en las páginas de Fartlek sin perder de vista el resto de la obra del autor; él, que es un meticuloso tirador de líneas, un dios arquitecto que construye sólidos mundos gráficos perfectamente estudiados, es también capaz de entregarse al dibujo improvisado, casi podríamos decir que automático. Las ilustraciones de Fartlek son sueños de la razón. Y no he podido evitar contrastar el caso de José Ja Ja Ja con el de otro dibujante técnicamente superdotado y especialmente interesado en la composición y en la representación: Chris Ware. Cuando Ware no está dibujando cómics para publicarlos, se relaja dibujando apuntes del natural de un naturalismo perfectamente académico. Ja Ja Ja, sin embargo, cuando suelta la mano lo hace para lanzarse, gozoso, al mal dibujo, a lo tosco y lo tonto, aunque, por supuesto, encierre mucho más que todo eso.

Su habitual línea fina y limpia se transforma en Fartlek en un trazo grueso e irregular, imperfecto, ejecutado a impulsos discontinuos: pueden apreciarse los puntos donde el rotulador del autor se ha detenido. Los círculos son tan irregulares como las formas rectilíneas, y se evita la simetría y la armonía de las composiciones. Se tiende al dibujo mínimo, solo en medio de la página en blanco, o se reproduce el caos de algunas páginas de Drawings for boredom y otras obras. A veces vemos simples acumulaciones de líneas rectas, dibujos zen que nos transmiten la paz que Ja Ja Ja debió de sentir al dejar la mente en blanco y, simplemente, mover la mano. Tal vez buscando lo mismo, dibujó muchas veces objetos basados en la recta, como vallas.

No hay, obviamente, una narración convencional, pero sí hay algo que podríamos denominar líneas narrativas: series de imágenes relacionadas temáticamente entre sí. La construcción de una carpa circense, viajes en coche, o personajes anónimos practicando deportes. Al pensar sobre los motivos más presentes en el libro enseguida pensé en la fascinación por la máquina humana en acción deportiva y por la máquina mécanica presente en el futurismo de Marinetti. Sin embargo, uno de las grandes preocupaciones de aquella vanguardia, reproducir el movimiento, brilla por su ausencia. Los dibujos de José Ja Ja Ja son hieráticos, congelados en el espacio y el tiempo, y sólo la secuencia puede darnos sensación de movimiento… excepto en los casos en los que, con la misma sencillez y superficial tosquedad de todo el libro, ensaya un escorzo en alguna figura humana que nos deja alucinados: José Ja Ja Ja es un dibujante técnicamente extraordinario, y sólo un excesivo apego al dibujo realista y academicista que impera en el cómic clásico puede hacer pensar lo contrario.

A este repaso a la obra variada y polifacética de José Ja Ja Ja  hay que sumar 1997. Hot Summer 2000 (Fosfatina, 2016) y el libro que lo dio a conocer, Culto Charles, que motivó una absurda polémica sobre si era o no cómic —tema de debate agotador y agotado—, pero que, sin embargo, logró una nominación a mejor autor revelación al Saló del Cómic de Barcelona, una institución no muy dada a la vanguardia. Se trata de una obra rica, cuyos referentes he intentado desgranar en este artículo, pero que finalmente se escapa de toda clasificación convencional. José Ja Ja Ja no está programado por años de afición y repetición de esquemas. No sabe cómo debe ser un cómic ni le importa. No quiere contar una historia bien hecha, ni trazar personajes carismáticos. En su búsqueda, siempre en parte lúdica, ha contribuido a abrir un camino para resolver un problema complicado: la densidad del cómic. Si para contar historias adultas y tratar temas serios con la suficiente complejidad la novela gráfica se miró en la densidad literaria, los autores de vanguardia como Ja Ja Ja han descubierto que lo gráfico tiene sus propias herramientas. Que es posible transmitir ideas y sensaciones a través de la imagen, y que, de hecho, algunas cuestiones abstractas pueden capturarse mejor con ella. Se consagran así a la densidad iconográfica: en la obra de José Ja Ja Ja hay mucho que leer. Pero no son palabras.


2 thoughts on “José Ja Ja Ja o el arquitecto cósmico

  1. Muchas gracias Gerardo!. Me ha hecho una ilusión muy muy muy grande leer este artículo sobre mi trabajo.

    Y me gustaría corregir una pequeña errata que existe. La primera edición de GOD BOX es de 2013, que saco al mismo tiempo que Culto Charles. En 2016, se ha impreso la décima edición que es la que tienes :))))

    Un fuerte abrazo!!!

    1. Gracias por tu comentario, José! Y por la corrección, ahora mismo lo cambio. La verdad es que había leído que se hizo a la vez que Culto Charles, pero al final se me fue. He disfrutado mucho leyendo (y reflexionando).

      Un abrazo!

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