Mi 2016

Con cierto retraso —debido a que aún me faltaban por leer varias cosas que me interesaban— me animo a hacer mi repaso de 2016. Sí, vale, llamar «cierto retraso» a publicarlo a mediados de febrero tiene tela, pero es lo que hay.

A nivel personal ha sido un año importante. Además, he leído más cómics que nunca. Y muchísimos fanzines. En julio, mis compañeros y yo decidimos dar por finalizado el proyecto Entrecomics y cerramos la página web. Entrecomics.com sigue disponible por el momento, pero ya es historia. He remodelado mi propio blog, éste que estáis leyendo ahora mismo, y estoy intentando publicar más textos en él. He comenzado a colaborar con la revista Cactus, con Canino y con Kamandi. He seguido publicando reseñas en Rockdelux y colaborando en Humoristán y en el programa radiofónico Rock & Cómics. Además, he empezado a escribir mensualmente, desde hace unos meses, en el blog de la librería Muga, lugar donde hemos seguido desarrollando el club de lectura de novela gráfica al que dimos inicio hace ya dos años y medio. Mi compañero Octavio Beares y yo hemos publicado los números 6 y 7 de CuCo, Cuadernos de cómic, un proyecto que va creciendo poco a poco y para el que llevamos a cabo una campaña de crowdfunding, a la que la gente respondió con mucha generosidad e interés. He sobrevivido a dos nuevas ediciones de GRAF, el festival de cómic de autor y edición independiente en el que colaboro, junto a un equipo fantástico.

He publicado un libro con Diminuta Editorial: El guión de cómic, donde entrevisto a cinco guionistas españoles acerca de su profesión. En noviembre también tuve el enorme placer de entrevistar a Chester Brown, en cuya visita a Madrid participé, coordinando un encuentro profesional con él y conduciendo la charla con el público en Generación X. También he colaborado en el primero monográfico publicado por ACDCómic: El cómic digital hoy. Una introducción en presente, un proyecto coordinado por Pepo Pérez.

He seguido trabajando en mi tesis doctoral, asistiendo a congresos como comunicante, impartiendo alguna charla, presentando novedades y moderando mesas redondas. Vamos: que no me he aburrido. Ha sido un año de mucho trabajo, pero os aseguro que lo he disfrutado mucho.

Decía al principio que he leído más que nunca, así que, a la hora de mirar atrás y hacer balance de lo que ha sido 2016 en cómics, me resulta complicado reducirlo a una lista cerrada. Y como no tengo ninguna necesidad de ello, renuncio de antemano y advierto que serán varias decenas de títulos los que destaque.

Creo que ha sido un año interesante y con mucha variedad en el cómic español, donde han convivido buenas obras de autores consagrados con otras de jóvenes que debutaban en la obra larga, o que, con poco bagaje a sus espaldas, publicaban ya cómics más que contundentes. Ha habido mucho nivel tanto en las novelas gráficas de narrativa más clásica como en la vanguardia más rupturista. Y esto se extiende a las obras internacionales: hemos tenido cómics de autores consagrados como Daniel Clowes, Chester Brown o Beto Hernandez y otras de gente más joven, incluso de autores que se publicaban por primera vez en España.

No me enrollo más y paso a publicar mi lista de lo que más me ha gustado de lo publicado en España el pasado año, sin orden ni concierto —NO es un top—, y, por supuesto, guiándome exclusivamente por mis gustos. Hay más cómics que he leído y disfrutado, pero había que hacer una mínima selección. Huelga decir que es una lista sobre las cosas que me interesan y he leído, no pretende ser inclusiva ni completista; hay alguna serie con la que no me he puesto al día, como Baco de Eddie CampbellLast man de BalakSanlavilleVivès, que seguramente habrían entrado en esta selección, y muy posiblemente, me estaré olvidando de algo. Esta vez, no quiero diferenciar por categorías ni nacionalidades; todo mezclado es más divertido. Allá va.

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Cuadernos japoneses, de Igort (Salamandra Graphic)

Un trabajo fantástico de Igort que reflexiona sobre la mirada occidental sobre Japón, maravillosamente dibujado, además.

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Nubes de talco, de Amanda Baeza (Fulgencio Pimentel)

El deslumbrante debut de Baeza ha sido, sin duda, una de las novedades del año. Autobiografía de vanguardia para el siglo XXI.

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Enter the Kann, de Victor Puchalski (Autsaider Cómics)

Pese a que tiene sus irregularidades, el contundente despliegue gráfico y el macarrismo testosterónico de Puchalski convierten Enter the Kann en otro de los debuts destacados del año.

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Basura, de Derf Backderf (Astiberri)

El mugriento relato de Backderf sobre sus vivencias reales como basurero, y las reflexiones sobre cómo gestionamos los residuos en el primer mundo, me han parecido superiores a su cómic anterior, Mi amigo Dahmer (Astiberri).

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Paseando con Samuel / Simplemente Samuel, de Tommi Musturi (Aristas Martínez)

Esta obra alucinante y llena de simbología no ha obtenido demasiada repercusión, pero me parece de lo mejor del año, sin duda alguna. Una pequeña joya de un autor potentísimo.

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Si Dios existe, de Joann Sfar (Confluencias)

Confluencias se ha lanzado a la aventura de publicar los carnets del francés Sfar empezando por el final, el último de los volúmenes, que incluye, entre otras cosas, la reflexión del autor tras la masacre de la redacción de Charlie Hebdo. El Sfar más íntimo y libre.

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Viajes, de Álvaro Ortiz (Astiberri)

Ha pasado un poco desapercibido porque, quizás, parece un título menor al lado de las anteriores novelas gráficas de Ortiz, pero Viajes me ha gustado mucho por su espontaneidad y por el dibujo rápido que maneja el autor, con una enorme frescura.

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La chica de los cigarrillos, de Masahiko Matsumoto (Gallo Nero)

Un extraordinario manga adulto que radiografía la deprimida sociedad urbana japonesa dde los años 70, con una sensibilidad especial para examinar las relaciones de pareja y el rol de las mujeres.

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VIP, de Felipe Almendros (Reservoir Books)

Tremendo trabajo de Almendros, quizá el más perfecto de su trayectoria. Una obra rupturista y osada, llena de humor, que mezcla la autobiografía con la locura onírica y una reflexión sobre el arte y el artista.

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Materia, de Antonio Hitos (Astiberri)

El segundo cómic largo de Hitos es, en mi opinión, uno de los mejores tebeos nacionales que se han publicado este año. Gráficamente deslumbrante, y lleno de reflexiones sobre la condición humana y la sociedad posmoderna.

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Paracuellos 7: Los hombres del mañana, de Carlos Giménez (Random House)

Este año también ha aparecido otra novedad de Giménez, Crisálida, que ha obtenido en general buenas críticas; pero yo me quedo con una séptima entrega de su serie más conocida que, desde luego, no aporta ninguna novedad ni es una obra significativa de 2016, pero que recupera al Giménez más humano y emotivo.

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La vida, de Tyto Alba (Astiberri)

Una reconstrucción personal, de ricas acuarelas, de las andanzas parisinas de Picasso y Casagemas, del cada vez más fino Tyto Alba.

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El undécimo pasajero, de Moto Hagio (Tomodomo)

Una historica del Grupo de las 24 que revolucionó el manga shojo en los setenta, en una obra de ciencia ficción con un primer capítulo interesantísimo, aunque el resto del tomo baje el nivel.

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La Visión. Visiones del futuro, de Tom King, Gabriel Hernández Walta y Jordie Bellaire (Panini Cómics)

En 2016 ha habido pocos superhéroes que me hayan gustado tanto como para aparecer aquí —aunque es cierto que hace tiempo que no estoy al día del grueso de series de Marvel o DC—, pero esta serie de la Visión, un personaje que siempre me ha gustado mucho, me parece muy interesante. Comedia de situación, thriller familiar y reflexiones oscuras sobre la I.A.

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Lo contrario, de Mauro Entrialgo (Diábolo)

Un excelente recopilatorio de obras cortas de Entrialgo, que contiene alguna de las más atípicas y sorprendentes que ha hecho en los últimos años.

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Safari Honeymoon, de Jesse Jacobs (Dehavilland)

Fantástico trabajo de Jacobs, uno de los más destacados representantes de la nueva generación de autores estadounidenses.

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Pequeño Vampir, de Joann Sfar (Fulgencio Pimentel)

Al fin ve la luz en nuestro país la serie completa de una de las mejores creaciones de Sfar. Una delicia maravillosa para el público infantil… y para cualquiera con dos dedos de frente.

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Lamia, de Rayco Pulido (Astiberri)

Otro de los mejores títulos nacionales del año: Pulido siempre ha sido un autor sobresaliente, y en Lamia entrega un trabajo redondo, un relato negro en la gris España franquista, de dibujo soberbio y estructura perfecta.

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Tito, de Arnau Sanz (Aia)

Tito es el recopilatorio del fresco y divertido fanzine autobiográfico de Sanz, de factura rápida y directa, sin la intermediación del estilo entre el autor y los lectores. Una joya que está entre lo mejor del dibujante.

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Lapsos, de Inés Estrada (Ediciones Valientes)

Un cómic fantástico con toques de realismo, o todo lo contrario, de una de las autoras emergentes más interesantes del panorama internacional. Supone, además, una muestra muy reveladora del nuevo cómic latinoamericano.

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Hail Satan! / Melancolía, de Simon Hanselmann (Fulgencio Pimentel)

El tercer y cuarto libro de las aventuras de Meg, Mogg y Owl prolongan el excelente momento de Hanselmann y profundizan en una saga que está llamada a ser clave en el cómic contemporáneo.

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Ping Pong, de Taiyô Matsumoto (ECC)

Sólo he podido leer,  mientras escribo estas líneas, el primer volumen de esta serie, pero la extensión del mismo me permite recomendarla: un manga muy potente y gráficamente brillante sobre tenis de mesa. Sólo los japoneses son capaces de algo así.

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Los dos amigos, de Andrés Magán (Fosfatina)

La colección de Fosfatina 2000, impresa en risografía, se ha convertido en un referente del cómic de vanguardia nacional. Sus títulos siempre son interesantes, pero, en ocasiones, aparecen joyas mayúsculas. Es el caso de esta historia que supone uno de los mejores trabajos de Magán.

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Fartlek, de José Ja Ja Ja (Fulgencio Pimentel)

Este libro enorme contiene una colección de ilustraciones de José Ja Ja Ja, uno de los más importantes autores de vanguardia del momento. No es mi cómic favorito del autor, pero es una muestra tan abrumadora de libertad creativa y talento que tenía que estar en esta lista.

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Peeping Frank, de Jim Woodring y Charles Barnard (Fulgencio Pimentel)

Hago trampa, porque se publicó al filo del final de 2015, pero me da igual: el universo entre lo alucinado y pesadillesco de Frank, quizá el último tebeo que me ha afectado de verdad, pasado por el filtro de unas tres dimensiones como jamás había visto antes. Perderse en la profundidad del Unifactor es una experiencia única.

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Los ángeles de María, de Roberto Bartual y Julián Almazán (Teenage Thunder)

Un inteligente y divertidísimo cómic autoeditado, sátira y homenaje al mismo tiempo, que habla de España y de lo que somos citando a Los cinco y al padre Pilón.

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Pies descalzos, de Keiji Nakazawa (Debolsillo)

Un clásico del manga, pieza fundamental antibelicista, que se publicó hace más de una década en España en una edición bastante pobre y hoy inencontrable. Esta reedición parece tener vocación de perdurar, y no es un título que pueda dejarse pasar.

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Beverly, de Nick Drnaso (Fulgencio Pimentel)

Esta novela gráfica ha sido una de las grandes sospresas del año. No había leído previamente nada del autor, pero Beverly me ha parecido brillante. Un retrato de la clase media americana despiadado, frío y enfermizo.

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Bob y amigos 4, de Roberta Vázquez (Autoedición)

El mejor número hasta la fecha de la creación de la prolífica Roberta Vázquez, una autora cada vez más afinada e interesante.

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El piano oriental, de Zeina Abirached (Salamandra Graphic)

Memoria familiar e interesante simbología vinculada a la música en la segunda novela gráfica de peso de Abirached, con su inconfundible sabor oriental.

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María lloró sobre los pies de Jesús, de Chester Brown (La Cúpula)

Uno de mis máximos favoritos del año: un ensayo gráfico lúcido y maravillosamente dibujado que pretende arrojar luz sobre los verdaderos significados de varios pasajes de la Biblia. Brillante y arriesgado a partes iguales.

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Gran danés, de Julia Huete (Fosfatina)

Otro de los mejores títulos de la colección Fosfatina 2000. Una joya de Huete, una de las autoras que mejor ha entendido la vanguardia y la abstracción aplicadas al cómic.

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Vencedor y vencido, de Sento Llobell (Autoedición)

La conclusión de la trilogía del doctor Uriel culmina una historia con la que Sento no inventa nada a nivel formal, pero su medido relato, de inquebrantable humanismo, merece ser destacado entre lo mejor del año.

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Mujer, de Los Bravú (Fulgencio Pimentel)

Poético y macarra debut en libro del dúo conocido como Los Bravú, artistas descarados y más sentimentales de lo que parece, que están llamados a algo grande.

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¡Universo!: ¡La Cristina del mañana!, de Albert Monteys (Panel Syndicate)

La quinta entrega del cómic digital de Monteys supone un magnífico relato de ciencia ficción especulativa, imaginativo y de compleja pero perfecta puesta en escena. Y como la mejor ciencia ficción, evocadora y melancólica.

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Iceland, de Yuichi Yokoyama (Mincho Press)

No es el mejor Yokoyama, pero es tan bueno que incluso en una obra menor, que repite modelos anteriores, brilla con luz propia en su propuesta de vanguardia alienígena.

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Un verano en las dunas, de Seth (Fulgencio Pimentel)

El primer Seth, fresco, imperfecto, en busca de un tono y un lenguaje propios, pero ya con mucho que contar. No lo he visto en ninguna lista, pero creo que los primeros pasos de Seth en la autobiografía bien merecen un espacio destacado.

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Todos los hijos de puta del mundo, de Alberto González Vázquez (Astiberri / ¡Caramba!)

Este libro coge todos los debates sobre los límites del humor y los revienta de un zambombazo negrísimo, sin tabúes de ningún tipo. Algunas de sus historias son ya clásicos; González Vázquez es lo mejor que le ha pasado al humor político en mucho tiempo.

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Gran bola de helado, de Conxita Herrero (Apa Apa)

Ha habido grandes debuts este año, pero el de Herrero ha sido El Debut. Curtida en decenas de fanzines, su primer libro es una auténtica maravilla a todos los niveles. Aires nuevos para el costumbrismo del nuevo siglo.

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La máscara de oro, de Begoña García-Alén (Noche líquida)

Fantástico fanzine de García-Alén, una de las jóvenes autoras que sigo con más interés en los últimos años, por su talento y osadía. En este cuaderno ofrece una historia hermética y poética, dibujada con sencillez pero con cuidadosa armonía.

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El tríptico de los encantados (Una fantasía bosquiana), de Max (Museo del Prado)

Max, para mí, el mejor autor español de las últimas tres décadas, toma el universo del Bosco y lo hace suyo. Nada más que añadir.

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El ala rota, de Antonio Altarriba y Kim (Norma Editorial)

Ocho años después de la publicación de El arte de volar (De Ponent), una de las novelas gráficas más importantes del mercado español, Altarriba regresa de la mano de Kim para contar la historia de su madre. No puede impactar en el medio como su predecesora, pero es una obra notable pese a ello.

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Hotel California, de Nine Antico (Sapristi)

Otro libro con poca repercusión que, creo, esconde más de lo que parece en un primer momento. Un relato de iniciación a la vida adulta de una groupie que es a la vez una historia íntima del rock.

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Días más largos que longanizas, de Gabriel Corbera (Fulgencio Pimentel)

Yo lo leí en 2014, cuando fue publicado en inglés por Space Face Books, pero ha sido en 2016 cuando Fulgencio Pimentel ha publicado en nuestro mercado esta obra espléndida de Corbera, uno de mis autores favoritos.

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El espectador, de Begoña García-Alén (Tik Tok)

En 2016 se han publicado varias entregas de esta serie de García-Alén en Tik Tok, un portal de referencia para todas las personas interesadas en el cómic español más rompedor. La serie es un prodigio de colores y formas, un paseo por la naturaleza y los espacios humanos desde un punto de vista totalmente inesperado.

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Gris, Dimensión y Curvas, de Roberto Massó (Autoedición)

Tres fanzines de cuidada factura, un experimento abstracto de inspiración vanguardista, con los que Massó demuestra lo inútil que resulta intentar definir el medio.

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Bella muerte. El oso, de Kelly Sue DeConnick, Emma Ríos y Jordie Bellaire (Astiberri)

Nueva entrega de la serie, que me ha gustado más que la anterior, con Ríos y Bellaire desatadas.

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El Perrinowmicon, de Michael Perrinow (Fandogamia Editorial)

Se trata de un recopilatorio de páginas aparecidas en internet previamente, pero este debut en libro de Perrinow bien merece ser destacado.

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El día de Julio, de Beto Hernandez (La Cúpula)

Palabras muy mayores. El mejor Beto en años, en un relato circular con un pulso increíblemente vibrante y perfecto, con ecos de realismo mágico y, sobre todo, todo el saber hacer y toda la fuerza acumulada de uno de los mejores autores de la historia del medio. Quizás el cómic extranjero más importante del año.

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¡García! 2, de Santiago García y Luis Bustos (Astiberri)

La conclusión de la historia de un agente secreto al servicio del franquismo que despierta en la España contemporánea. Aventura y sátira a partes iguales para retratar el momento que vivimos y dar forma a un personaje lleno de posibilidades, que espero que tenga continuidad.

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Relacionarse muy duro, de Klari Moreno (Autoedición)

Moreno ha publicado varios fanzines durante 2016, y creo que el mejor de ellos fue este tratado mudo sobre relaciones humanas.

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Presidente Trump. Dios perdone a América, de Pablo Ríos (Sapristi)

A punto de terminar el año apareció este libro de humor rápido y directo de Ríos, una inesperada reacción frente al evento político más importante del año, sátira política de la dura, de la que no abunda en nuestros días.

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No tiene gracia, de Joaquín Guirao (Libros de Autoengaño)

Este recopilatorio de Guirao contiene auténticas gemas del humor malsano. Guirao te lo hace pasar mal pero, al mismo tiempo, demuestra una enorme empatía por sus propios personajes. Por eso creo que me gusta tanto lo que hace.

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Que no, que no me muero, de María Hernández Martí y Javi de Castro (Modernito Books)

Fantástico trabajo de de Castro —su mejor libro hasta ahora— adaptando los relatos de Hernández Martí, que narran con mucha mala leche y sin ningún  tipo de edulcorante ni frasecita de autoayuda su experiencia superando un cáncer.

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La muerte y Román Tesoro, de Lorenzo Montatore (Dehavilland)

Una de las sorpresas más agradables del año: Tono, Mihura, Umbral y la canción española mezclados en un cóctel de vanguardia del que Montatore extrae un universo personalísimo, de una poética que recuerda a los grandes pioneros del cómic y, al mismo tiempo, es algo nuevo.

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TMB Ninja, de Néstor F. (Autoedición)

Un fanzine en el que recuperamos al mejor Néstor F., de dibujo libre y ágil para contar una historia divertida y muy loca sobre un chico que se cuela en el metro.

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Intrusos, de Adrian Tomine (Sapristi)

Tomine en plena forma y ya maduro. Una colección de historias sólidas y rotundas, con las que no supera a sus maestros, pero se queda muy cerca.

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Gran hotel abismo, de Marcos Prior y David Rubín (Astiberri)

Venía precedida de bastante expectación, y, aunque prefiero algunas de las obras de cada autor por separado, el contraste entre ambos es interesante y el resultado tiene un nivel notable, con los temas fetiche de Prior y la fuerza gráfica de un Rubín que consigue algunas secuencias tremendas.

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Dios ha muerto, de Irkus (M) Zeberio (Bang)

Otros años puedo tener más dudas, pero no en 2016: mi cómic del año ha sido esta adaptación libre y salvaje de Así hablaba Zaratustra, obra que Zeberio hace suya. Un impresionante despliegue de puro talento para el dibujo, osado y sin ataduras a las normas, que sin una sola palabra consigue una simbología diferente a la nietzschiana, pero tan poderosa con aquélla.

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Jamilti y otras historias, de Rutu Modan (Astiberri)

Es reedición, previamente había sido publicada por Sins Entido, pero para mí ha sido la primera oportunidad de leer estas historias primerizas de Modan. La recopilación contiene algunas de mis piezas favoritas de la autora.

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Paciencia, de Daniel Clowes (Fulgencio Pimentel)

Vale: no es el mejor Clowes. Pero creo que Paciencia es menos simple y directo de lo que parece, y que debajo de su aparente homenaje a la serie b se maneja una deliberada ambigüedad que me parece muy interesante, y que creo que eleva la obra.

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Luz verdadera, de Ana Galvañ (Fosfatina)

El tercer título de Fosfatina 2000 que aparece en esta lista es obra de una de mis dibujantes favoritas del momento. Galvañ es siempre fascinante, hermética y con un punto retorcido que me encanta. En este breve cómic, además, muestra un sentido del humor negro estupendo.

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Hopper, de F. H. Navarro (Webcómic)

Uno de los webcómics más interesantes y sorprendentes del momento; Hopper es un atractivo experimento que juega tanto con la forma como con el contenido.

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Sidetrack City, de Kaz (Autsaider Cómics)

Mientras que la tercera entrega de Submundo se me hace ya un poco repetitiva —aunque siga siendo disfrutable—, esta historia larga ambientada en el mismo universo lleva un paso más allá el universo oscuro y alucinado de Kaz y me ha sorprendido mucho.

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La reina Orquídea, de Borja González (El Verano del Cohete)

Otra de las sorpresas del año, un relato entre lo clásico y lo posmoderno que transita un sendero intermedio y que, creo, anuncia un futuro cercano a tener en cuenta para su autor.

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La luna al revés, de Blutch (Norma Editorial)

Para alguien que vive enamorado de La voluptuosidad como yo, cada nueva obra de Blutch es un acontecimiento. Ésta cumple sobradamente con las expectativas, y además del tremendo dibujo del autor, encontramos un relato lleno de símbolos, erotismo y humor: un cómic para el inconsciente.

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Maiame 24 horas, de VVAA (Zanganocomix)

Este fanzine colectivo, lleno de firmas de primer nivel, supone un regreso al siempre interesante universo narrativo de Maiame, uno de los proyectos más interesantes del circuito de la autoedición.

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Heavy 1986, de Miguel B. Núñez (Sapristi)

Sorprendente cambio de registro en un autor que nos había acostumbrado a lo fantástico y mítico-humorístico y que ahora gira al relato costumbrista y a la memoria recuperada de unos años ochenta de litronas, chupas de cuero y barrios periféricos. Emotivo sin cursilerías.

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Sirio, de Martín López Lam (Fulgencio Pimentel)

López Lam publica uno de sus mejores cómics, un trabajo de elaborada y poderosa simbología, donde no para de experimentar y de mostrar recursos para hablar, aunque veladamente, de la muerte, y en el que el relato clásico persiste pero alterado, como el ánimo de los dos protagonistas. Para mí, sería podio en las obras realizadas en España.

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Mundo Plasma, de Calpurnio (Reservoir Books)

El autor de Cuttlas soltándose (más) el pelo y creando una obra experimental y loquísima.

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Intemperie, de Javi Rey (Planeta)

Una muy agradable sorpresa —un trabajo de encargo adaptando una novela de éxito suele terminar en obras alimenticias—: una traslación de la obra original de Jesús Carrasco con un meritorio trabajo gráfico detrás.

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Las amapolas de Irak, de Briggitte Findakly y Lewis Trondheim (Astiberri)

Trondheim dibuja y Findakly guioniza y colorea sus memorias infantiles en el Irak de los setenta, con humor y mucha frescura.

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La grieta, de Carlos Spottorno Guillermo Abril (Astiberri)

Un trabajo de investigación periodística de primer orden, sobre la encrucijada de Europa y el drama de los refugiados, narrado con pulso y rigor.

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Hoodoo Voodoo, de VVAA (Fosfatina)

Y termino con un título que quiero separar del resto porque tiene la particularidad de que estoy directamente implicado en él, ya que contiene un texto que he escrito sobre cómic de vanguardia español. Pero creo que no podía dejar de citar esta antología que reúne a muchos de los dibujantes que han aparecido en la lista y muchos otros, jóvenes artistas que están realizando trabajos innovadores e interesantísimos, sin complejos ni normas preestablecidas.

Bola Extra: No son cómics, pero considero que hubo dos acontecimientos muy importantes en 2016 para el cómic español. El primero es la exposición Animal Collective, comisariada por César Sánchez y Alberto García Marcos, y que pudo visitarte en el Centro Centro de Madrid. Reunió una muestra impresionante de artistas, colectivos y festivales de toda Europa en torno al cómic de vanguardia y la autoedición, que supuso una oportunidad única de conocer el trabajo de decenas de autores y autoras de gran talento que permanecen fuera del radar. Y el segundo fue la visita de una delegación de autores españoles a la mítica SPX de Bethesda (Maryland). La visita, que sirvió para presentar la antología Spanish Fever (Fantagraphics) ante el público estadounidense, también llevó a Santiago García, Javier Olivares, David Rubín, Ana Galvañ y José Domingo a varios actos en librerías y universidades.

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3 thoughts on “Mi 2016

  1. Lista muy interesante muy enfocada en el comic de vanguardia. De lo que yo he leído destaco Intrusos que para mi si supera en alguno de los relatos a sus mentores e Intemperie que rompe una lanza a favor de las adaptaciones de novelas al comic con un resultado soberbio y que añade una entrevista muy esclarecedora. Ambos títulos con dibujo digamos canónico son de lo mejorcito que he leído en tiempos. Intemperie concretamente maneja los tiempos de la narración y la traslación de sueños o de sentimientos como el miedo, el terror y la confianza como pocas veces he visto en un comic. Y su dibujo es un elemento esencial para ello; me atrevería a decir que un dibujo muy vanguardista no hubiera conseguido ese efecto. Sirio me tienta mucho y acabaré haciéndome con el . Gracias por tu trabajo y saludos

    1. Muchas gracias, Miguel, por tus aportaciones. La verdad es que Intemperie fue una grata sorpresa para mí; no suelen gustarme este tipo de adaptaciones. Sirio, como digo, es de los mejores cómics publicados en 2016, para mí… ojalá te guste.

      Un saludo

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